Cenar con Cristo

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: Fuente: catholic.net (con permiso del autor)

 

 

En invierno o en verano, en los momentos felices o en los momentos ms amargos, despus de una buena accin o cuando nos sentimos heridos por el pecado... A todas horas, en tantas situaciones de la vida, Cristo est a la puerta. 

“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entrar en su casa y cenar con l y l conmigo” (Ap 3,20). 

Su llegada, su espera, son mi alegra. Puedo abrirle, puedo dejarle un lugar en mi alma, puedo pedirle que acepte unos momentos en mi casa, en mi historia, entre mis platos de colores y mis vasos un poco llenos de cal vieja? 

Podemos cenar con Cristo. Porque l es el primero en desearlo. Porque vino al mundo para buscar ovejas perdidas y pecadores entristecidos. Porque desea corazones generosos que tengan quiz pocas riquezas materiales pero mucho amor y deseos de entrega. Porque sabe que nosotros le necesitamos como el nico Salvador, como el Mesas, como el Seor, como el Amigo, como el Hijo del hombre. 

Podemos cenar con Cristo. Cmo preparar la casa? Qu hacer con esas revistas que tanto le entristeceran? Cmo explicarle la terrible historia familiar? Y si descubre que todava tengo odios en el corazn? Le har sentarse en un sof que compr gracias a una estafa?

Me da pena pensar que Cristo pueda ser mi husped cuando hay tanto desorden aqu dentro. Me duele no tener una casa preparada. Me entristece ver mi corazn tan lleno de egosmos. Me avergenza recordar lo poco que he hecho por los pobres, los enfermos, los tristes, los enemigos... 

Cristo sigue a la puerta y llama. Conoce perfectamente mi historia y mi vida. Sabe de qu barro estoy hecho. Ha seguido cada uno de mis pasos. Me ha visto caminar muy cerca del precipicio, me ha visto caer en barros miserables, me ha visto con buenos deseos y pocas realizaciones... 

Ah sigue, deseoso de que le abra, por fin, mi puerta. Puedo dejarle pasar, puedo compartirle mi vida, puedo permitirle curar tantas heridas. Puedo, sobre todo, aprender a amar al sentirme tan amado, tan mimado, por su cario eterno. 

Hoy, y todos los das en que lo desee, puedo cenar con Cristo y l conmigo. Basta slo con or su Voz y sentir que me llama, sin gritos, dulcemente, por mi nombre...