Lo que dura para siempre

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: catholic.net (con permiso del autor)

 

 

Ves aquella estrella que brilla en lo ms alto del cielo? Pues ya no existe. Quiz desapareci hace millones de aos. Lo que ahora nos llega es la luz de un astro que fue muy hermoso, que pertenece al pasado, que ya no est en ningn sitio.  

“Ya no existe? Pero si la vemos...” Tienes razn, pero hay cosas que vemos y que no existen, y hay cosas que no vemos pero que s existen. Como las estrellas que ahora se forman en lugares muy lejanos de la tierra y que no han sido todava observadas por los astrnomos, porque no ha llegado su luz hasta nosotros.

 Los hombres somos as: nos gusta creer en aquello que vemos. A la vez, muchas veces no somos capaces de reconocer lo que no vemos.  

Hay, adems, realidades que son invisibles, pero ms duraderas, ms hermosas, ms profundas, que las estrellas. O que el dinero, el poder, la belleza fsica, la fama, el placer.  

El dinero se acaba, o se invierte mal. Incluso a veces nos arruina, pues nos permite dar rienda a caprichos que pueden destruirnos. El poder aguanta mientras uno est sano o tiene fuerza o tiene dinero o goza del apoyo de otros “poderosos” (tan dbiles como uno, tan frgiles como una planta de trigo). La belleza se pierde: el o la modelo de hoy ser maana un recuerdo del pasado, quiz conservado en miles de fotografas, pero no por ello menos lleno de achaques y de penas.  

La fama es igual: pasajera como el viento. Dura un tiempo, tal vez aos. Luego, todo termina. Los aplausos cesan, las primeras pginas de los peridicos se fijan en otras caras, los comentarios miran a otro lado. El “famoso” queda arrinconado en las listas del olvido.  

Y el placer, hay algo ms frgil que el placer? Hoy nos llenamos de emociones con un vaso de cerveza, con una aventura ertica barata, con el frenes de la discoteca del fin de semana. Luego, un dolor de cabeza, un extrao sentimiento de vaco, la pena de no haber aprovechado el tiempo en otras cosas que “duran” ms, en amores que s valen la pena.  

Hay algo que siempre dure, que no acabe? Hay algo que sea ms profundo que los placeres, ms firme que la fama, ms prspero que la riqueza, ms brillante que las estrellas remotas?  

En nuestros corazones descubrimos que late un espritu, un alma inmortal. Capaz de conocer y de amar sin lmites, capaz de darse y de imitar la vida del Dios que sabemos es bueno porque su esencia consiste en amar.  

Hemos sido hechos ms grandes que las estrellas, ms ricos que el oro, ms hermosos que la belleza de los campos, ms profundos que las inmensidades del ocano. Hemos sido hechos poco inferiores a los ngeles (cf. Sal 8,6). Grandes porque en nosotros qued impresa la imagen y semejanza de Dios. Grandes porque el Amor nos sac de la nada y nos llam a vivir cada da enamorados.  

Las estrellas mueren poco a poco, quiz incluso tras millones de aos de hermosura. Mi espritu y el tuyo son indestructibles, llamados a vivir eternamente. Vale la pena cuidar ese tesoro recibido, vale la pena cualquier esfuerzo para llegar a la vida verdadera: la vida de quien se deja amar por Dios y ama con locura a sus hermanos.