Puede la Iglesia dar “un paso hacia atrs”?

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: catholic.net (con permiso del autor)

 

 

Los catlicos creemos que Cristo es el Hijo de Dios, que muri en una cruz para salvar a los hombres, que resucit de entre los muertos, que fund la Iglesia, que envi el Espritu Santo. Creemos, por lo tanto, que la Iglesia es el camino que nos lleva al cielo, que no hay otro Salvador fuera de Cristo.  

Estas convicciones hieren a muchos. Especialmente a quienes no ven correcto pensar que uno posee la verdad y que los dems estn equivocados.  

Por eso se han dado y se dan, especialmente desde hace unos 300 aos, tantos ataques contra la Iglesia. Por eso hoy da la arremetida de ciertos grupos de poder y del pensamiento es constante.  

Libros, artculos, pelculas, reportajes televisivos, noticias y campaas ms o menos organizadas: estamos ante un esfuerzo enorme, acompaado por un gran apoyo econmico, orientado a desacreditar a la Iglesia, a mostrar los “errores” y “delitos” de los catlicos (especialmente del Papa, de los obispos, de los sacerdotes), a sealarlos como enemigos de la democracia, de la libertad, de los derechos humanos, de la “modernidad”.  

Hay quienes insinan, con un toque de fingida buena voluntad, que esta situacin de ataques y de odios podra terminar fcilmente. Bastara, nos dicen, con que la Iglesia diese “un paso hacia atrs”. Es decir, sera suficiente que los catlicos renunciasen a la idea de que poseen la verdad, de que lo que dicen es cierto.  

Qu tendra que hacer la Iglesia, segn ellos? Tendra que decir que “slo para nosotros, los catlicos” Cristo sera Dios, pero que esta afirmacin no es ninguna verdad absoluta. O decir que es un “pedazo de verdad” que puede convivir con muchos otros pedazos de verdad.  

En otras palabras, los catlicos podramos seguir con la idea, a nivel “privado”, de que la Iglesia es una sociedad muy hermosa; pero a la vez tendramos que admitir que existen otros caminos vlidos para llegar a la plena salvacin, y que quienes los dems no estn en el error.  

Adems, tendramos que suponer que nuestro Credo, las enseanzas de la Biblia, de la Tradicin, de los Papas y Concilios, seran algo sometido, como todo, al juicio de la historia. Seran algo cambiable: hasta ahora se ha pensado as, pero la Iglesia, como cualquier grupo humano, puede cambiar su punto de vista, y tendra siempre las puertas abiertas a cualquier crtica que pueda venir desde dentro o desde fuera.  

Con invitaciones como estas se cae en una contradiccin no siempre bien evidenciada. Se nos dice y se nos repite, una y mil veces, que dejemos de ser dogmticos, que nos atrevamos a pensar, que pongamos todo en discusin, que no creamos que tenemos la verdad absoluta. Por qu hemos de pensar as? Porque los “antidogmticos”, los relativistas de la modernidad, piensan dogmticamente que slo el relativismo es bueno. Piensan, con una conviccin que a veces los pone en peligro de caer en el fanatismo, que slo ellos, con su relativismo, son “buenos”, y que todo “dogmatismo” sera “malo” y peligroso.

No nos damos cuenta de que este modo de pensar es sumamente dogmtico e intolerante? No somos capaces de descubrir la falacia de quienes ven a la Iglesia como “peligrosa”, cuando en realidad no dudan en aplaudir a quienes insultan a los catlicos, a quienes atacan iglesias y smbolos de culto, a quienes promueven mentiras y calumnias contra el Papa y los obispos, a quienes repiten en sus novelas y pelculas mentiras que provocan la vergenza de cualquier historiador medianamente serio?  

Todas estas presiones contra la Iglesia muestran la enorme contradiccin de quienes quieren “imponer”, en nombre de la libertad, sus propias ideas; de quienes buscan cancelar cualquier atisbo de la fe catlica que no coincide con su ideologa. En realidad, usan la palabra “libertad” para aplastar cualquier oposicin, para difundir mentalidades sumamente injustas e inhumanas, como cuando justifican la “bondad” de un crimen tan grave como el del aborto. Incluso quieren eliminar la libertad de expresin en nombre de la misma libertad, una libertad que slo se concedera a quienes piensan como ellos, mientras sera negada a todos los que no se sometan a sus proyectos.  

A pesar de todas estas presiones, la Iglesia no dar ningn paso hacia atrs. Porque nosotros no nos hemos inventado a Cristo, porque la Cruz y la Resurreccin no son un mito, porque el Espritu Santo acta realmente en los corazones, porque existe un Dios que es Padre y que nos ha manifestado su Amor en Jesucristo. No podemos dar un paso hacia atrs porque no podemos cerrar los ojos a la verdad, ni podemos dejar de ofrecerla como el regalo ms hermoso que tenemos que dar a quienes, libremente, quieran acogerla.  

Todos los seres humanos nacimos para amar. Todos deseamos encontrar el camino del verdadero amor. Somos buscadores de certezas, no soadores de ilusiones o de tradiciones humanas pasajeras como las modas. Por eso no podemos dejar de decir que en la Iglesia est presente el Amor de Dios. Desde esta certeza, ofreceremos la mano tendida a todos, tambin al enemigo. De este modo muchos, libremente, podrn encontrar el Camino que lleva a la felicidad, la Verdad que satisface nuestros deseos de saber, la Vida que nos aparta del egosmo y nos impulsa a amar en el tiempo y en la eternidad.  

Por amor al hombre, por respeto al que hierra, por sentido autnticamente democrtico, seguiremos en nuestras certezas, no daremos ningn “paso hacia atrs”. Respetando a todos, tambin a quien no nos respete. Porque tambin el “dogmtico relativista” est llamado a abrir los ojos para salir de sus engaos. Descubrir entonces que Dios lo ama; que su vida, como la de cada hombre, tiene un valor casi infinito: el de haber sido hecho a imagen y semejanza de Dios, el de haber sido redimido por Cristo en el Calvario.