Mientras haya esperanza habr vida

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: catholic.net (con permiso del autor)

 

 

En una vieta sugestiva aparece una cigea que lleva a un nio. Vuela delante de un anciano que mira hacia arriba. El anciano, al ver al nio, exclama: “Mientras haya vida habr esperanza!” El nio, desde arriba, responde: “Mientras haya esperanza habr vida!”.  

Entre vida y esperanza se establecen unas relaciones muy profundas. Muchas parejas de esposos jvenes se plantean preguntas como estas: cundo tendremos un nio? cuntos hijos tendremos? Tendremos de verdad hijos? Segn el cuadro que se dibuje en el horizonte, la respuesta puede ser muy distinta. Adems, hay cosas que no dependen de los esposos, como es el doloroso drama de la esterilidad.  

Tal vez alguno piense que una pareja que tenga una casa propia, con un trabajo seguro, con una estabilidad emocional y familiar y con unos salarios aceptables, estara ms preparada a acoger pronto a uno o varios hijos que pudiesen nacer como fruto de su amor. Una pareja, en cambio, que apenas est pagando su piso, que no tiene un futuro laboral claro o que recibe salarios bajos, y que encima vive con tensiones familiares, tender a retrasar la venida del primer (o segundo o tercer) hijo. Soar seguramente en convertirse en una familia pequea.  

Sin embargo, la vida nos da muchas sorpresas. Hay familias bien dotadas econmicamente que, contra lo que uno esperara, no tienen casi hijos. Otras familias menos favorecidas, incluso pobres, acogen uno tras otro a un pequeo ejrcito de chiquillos que alegran los pocos rincones disponibles del pequeo hogar que les cubre de las lluvias o de los rayos del sol. Descubrir el porqu de una y otra situacin resulta algo muy difcil.  

Lo que s est claro es que, si en un matrimonio reina el amor y el respeto mutuo, y se vive en un clima de optimismo, de confianza, de generosidad, de armona, de fe profunda, es ms fcil abrirse a la posibilidad de un primer, segundo... quinto o sptimo hijo, aunque antes de la venida de cada uno se pueda hacer una lista ms o menos larga de dificultades que acompaarn al nuevo inquilino de la casa.  

Desde luego, hay situaciones que exigen a los padres el pensar seriamente en retrasar el nacimiento de un nuevo hijo. Pero en otros casos, con un poco de esfuerzo y de optimismo lo que pareca un problema se resuelve con esa dosis de esperanza que permite el inicio de un nuevo embarazo.  

Hay quienes, en nuestro mundo, creen que cada hijo que nace es un nuevo problema que resolver, sobre todo en los lugares donde hay ms pobreza y donde faltan alimentos y medicinas. Pero si valoramos a cada hombre por lo que es, y rompemos esquemas de egosmo y de pereza, nos daremos cuenta de que cada nio que nace, incluso en condiciones de pobreza, nos obliga a todos a agudizar nuestro ingenio, a trabajar por darle lo que necesita, a distribuir mejor las riquezas de un mundo que vive en medio de injusticias clamorosas, y a dejarle crecer como un nuevo ciudadano que podr, si acoge la semilla de una buena educacin, mejorar a esta humanidad y hacerla algo ms justa y menos egosta.  

Por eso, si mantenemos en alto la bandera de la esperanza, veremos que muchos esposos que se crean casi obligados a renunciar a nuevos hijos entre las paredes del hogar, encuentran maneras y modos para que, si Dios lo quiere, puedan asomarse nuevas cabecitas en este planeta que necesita crecer en la esperanza.  

Mientras en Europa hay pases donde las escuelas se vacan y los gobiernos prevn serios problemas econmicos en unos 15 20 aos por la falta de nios y jvenes, Amrica vive la presin de algunos grupos de inters que quieren controlar, desde arriba o con propaganda ms o menos subliminal, y no pocas veces con engaos y violencias, el nmero de hijos de tantas parejas que querran acoger, con generosidad, una nueva vida.  

Ojal un da esos grupos, que muchas veces dicen querer combatir la pobreza, renuncien a eliminar el hambre con la tctica de impedir nuevos nacimientos. No es as como se logra la justicia en nuestra tierra sufriente. El hambre se elimina con hombres y mujeres que puedan recibir educacin y ayudas econmicas con las cuales podrn desarrollar actividades econmicas capaces de darles alimento, vivienda y sanidad. La pobreza no se quita con millones de dlares destinados a esterilizar a miles de personas, a veces contra su voluntad, sino con millones de dlares para distribuir medicinas, para ensear tcnicas agrcolas, para abrir nuevos pozos de agua. No puede ser justo el mundo globalizado si permite, por ejemplo, que en Hait o en Vietnam haya ms facilidad de acceso a los contraceptivos que al agua potable...  

Mientras haya esperanza habr vida. Quiz todava los profetas del pesimismo seguirn luchando contra la familia, contra los hijos. En cambio, el progresismo basado en el respeto al hombre y a la mujer y en la acogida de cada vida como un tesoro de valor incalculable trabajar por distribuir mejor las riquezas, para que los ricos no sean siempre ms ricos ni los pobres vean cada da aumentar su pobreza. La esperanza nos lleva a construir un mundo mejor. Nuestros hijos sern los primeros beneficiarios, y, por qu no?, tambin nosotros nos daremos cuenta de que hemos crecido un poco en el amor y la justicia.