“Quiero ver lo invisible”

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

Fuente: Fuente: es.catholic.net (con permiso del autor)

 

 

No es fácil evocar experiencias, consejos, testimonios de una persona querida. Más cuando esa persona es un fundador, cuando has tenido la suerte de conocerlo, de caminar a su lado, de trabajar con él.

 

El P. Marcial Maciel partió a nuevos rumbos este 30 de enero. Tenía una cita, esperaba un encuentro. Quien le dio la vida, quien lo recibió con el bautismo, quien le hizo sacerdote, lo llama ahora a su presencia.

 

Dos escritos, entre tantos que nos ha dejado el P. Maciel, vienen a mi mente en estos momentos de recuerdo. El primero fue redactado en los años 80, y permite entrever los sentimientos más profundos de su alma sacerdotal.

 

“Me apesadumbra el espectáculo de los horrores que martirizan al mundo: la prepotencia y el egoísmo frío de los que gobiernan el mundo con arrogancia diabólica; el egoísmo y la indiferencia de los que poseen grandes bienes materiales para con los pobres, las viudas, los huérfanos, los ancianos que sufren atrozmente en su espíritu el desprecio y la humillación y en sus cuerpos la soledad, la enfermedad, el hambre y la desesperanza.

 

Afortunadamente a ellos les queda Dios, y Dios es el bálsamo que suaviza sus llagas, y es el consuelo y la felicidad de sus corazones. Ante este espectáculo he pensado mucho cómo remediarlo y ante mi impotencia mi fe siempre se ha dirigido a Dios Omnipotente para que remedie en la paz, en el amor y en la justicia este martirio en que vive el mundo. Yo estoy seguro que Dios no dejará al mundo en su amargura sin brindarle el consuelo de su amor y de su cercana compañía.

 

En la pobreza, en la enfermedad ¡cómo nos consuela ser amados! Por eso tenemos que gritar especialmente a los sufren: ¡Cristo te amó, te ama y se entregó a la muerte por ti!”

 

El deseo de llevar a otros hacia Cristo acompañó al P. Maciel durante toda su vida. Se esforzó para que muchos corazones pudieran descubrir en Dios la fuente del amor, el camino hacia la vida, el consuelo más hermoso que uno pueda recibir en esta tierra de dolores.

 

Ahora ya ha partido al encuentro de Dios. Estará descubriendo lo “invisible”, lo eterno, lo que nace desde el Amor y culmina en el Amor. Encontrará aquello que anhelaba desde su juventud, y que plasmó en una breve nota escrita el 10 de mayo de 1999:

 

“Señor, yo quiero ver lo invisible,

quiero volar por las estrellas blancas,

quiero ver esos otros mundos

que en esta vida tu poder ensalzan.

¿Son como aquí de efímeros y tristes?

¿Hay allá como aquí noches y lágrimas?

¿A qué venimos a la vida, entonces?,

¿a sufrir?, ¿a llorar?

¿Cuánto se gana por sufrir y llorar

mientras se vive en este hotel

de habitación tan cara?

Yo no pedí la vida; tú me la diste,

y eso me basta.

Tu amor me trajo de la nada al ser

para encontrarte a ti,

y eso me basta.

Me explica todo: noches, tristezas,

sufrimientos y lágrimas.

Yo quiero ver lo invisible y revolar

por las estrellas blancas para encontrarte

a ti, mi amor, y eso me basta”.