Males de la anticoncepción (II)

Autora: Esther Sousa

 

 

12. La anticoncepción destruye la naturaleza e integridad del acto conyugal: <la unión y la procreación>, sus dos significados inseparablemente vinculados por ley natural. (21)  

13. La anticoncepción falsifica el don total de los cónyugues, atenta contra la justicia, y se opone a la estructura ontológica del amor humano.

El verdadero amor es plenamente humano, es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo; y es total, fiel, exclusivo y fecundo. (22)  

14. La anticoncepción destruye el vínculo y el fruto de la unión. (23)  

15. La anticoncepción promueve la infidelidad, la promiscuidad, la prostitución y la pornografía.

Destruye la visión personalística hacia el otro: lo ve como medio para lograr un fin propio, y no como fin en sí mismo. La anticoncepción causa aburrimiento de la pareja; es fuente de inmoralidad, pornografía y adicciones. Hace perder el respeto en la convivencia, por la desvalorización de la personeidad del otro, y la búsqueda de utilidad. Produce vulgaridad y violencia. Se opone a leyes de la naturaleza integral en la persona: en cuerpo, mente y espíritu. Impide el diálogo en temas importantes como la planeación familiar; e impide el lenguaje pleno del amor humano, en la verdad. Causa divorcio. Promueve la infidelidad y la  prostitución del amor. (24)    

16. La anticoncepción crea condiciones <artificiales> de vida en la pareja.

El amor verdadero es creativo y encuentra múltiples vías de expresión, de ternura y don de sí; no sólo las genitales. La anticoncepción crea un estado artificial de infecundidad que no va con la naturaleza, e impide el desarrollo del matrimonio y la familia. La abstinencia sexual de unos días, en común acuerdo, puede beneficiar a la pareja en condiciones naturales de la vida: debido al período de la mujer, a una enfemedad, a incapacidad, a un viaje de trabajo, etc. o para espaciar el número de hijos que se pueden educar. Los métodos naturales de regulación de la fertilidad, promueven la comunicación, y ayudan a aprovechar los ritmos de la naturaleza para planear la familia; promueven la amistad y el respeto de la pareja y otras formas de amarse; las relaciones sexuales adquieren su significado más profundo.  (25)  

17. La promoción de la anticoncepción y el aborto <destruye> el principio constituvo de la nación: la persona humana y la familia. 

La legalización del aborto y la anticoncepción es una injusticia mayor al pueblo: destruye el ser humano, constituyente de la nación, en el derecho inalienable a la vida. Desintegra la nación desde los principios que la constituyen. Acaba con la célula primera y vital de la sociedad; y con el <ethos> adecuado al ser humano: la familia, como fundada en el matrimonio indisoluble y abierto a la procreación. La disminución de los nacimientos causa una tasa negativa de reemplazo poblacional; reduce el número de ciudadanos activos económicamente; sufre el PNB y la economía general del país. Provoca el desplazamiento de menores hacia la fuerza de trabajo, en vez de hacia la educación. Aumenta la ingerencia del Estado en los asuntos privados del matrimonio y la familia, en vistas al totalitarismo del Estado. La AC y el aborto deterioran el valor de la vida humana; crean tambieén el ambiente para la eutanasia. La anticoncepción y los abortos legales consumen billones de dólares para la falsa ‘salud reproductiva’ y la educación sexualista e inmoral de niños y jóvenes, en lugar de promover los programas de educación en el valor de la abstinencia sexual para los adolescentes, jóvenes y célibes; en el valor de la fidelidad y de los métodos de planeación familiar para los casados; y en el valor de cada vida humana; todo lo cual promovería auténticamente al ser humano, su educación, desarrollo, salud, dignidad y naturaleza. La legalización de la anticoncepción y el aborto multiplica la muerte y su cultura, las enfermedades, la promiscuidad sexual; los abusos a menores y mujeres, la explotación, los divorcios, la prostitución, la pornografía, las adicciones, la violencia y la pobreza. (26)  

18. La mentalidad contraceptiva de los padres, influye negativamente en la educación de los hijos.

Los hijos son expuestos al ambiente de rechazo. Cuando falta la experiencia originaria del amor paternal, o cuando es una experiencia de rechazo, afecta al ser, su autoconocimiento y su estima propia. Puede generar a su vez: rechazo y violencia, en la persona del hijo; y manifestarse como delicuencia, narcisismo del yo, utilitarismo en las relaciones interpersonales, y llegar a desintegrar la familia.  (27)  

19. Los anticonceptivos <destruyen> a los jóvenes, futuro de la humanidad.

Promueven la promiscuidad, causan disminución en el rendimiento académico, abandono de los estudios y deserción de la educación escolar, y pobreza.  Los programas de “educación” sexual inmoral, y del eufemístico “sexo seguro”, promueven la sexualidad activa en jóvenes y adolescentes, y provocan el uso irresponsable del don de la sexualidad, los abortos, enfermedades venéreas, sida, y traumas físicos y emocionales. La mentalidad hedonista y contraceptiva es contraria a la educación en valores humanos y cristianos: en la abstinencia y la responsabilidad, en el respeto por toda vida humana y en principios de democracia fundada en derechos inalienables. La educación en valores los ayuda a encarnar hoy: la abstinencia y la caridad, y mañana: la fidelidad conyugal y la paternidad responsable. La educación en los valores los preparan para respetar y promover la vida de cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural. La educación en los valores los ayuda a vivir la fe en Dios, y la obediencia a su mandato del amor. La educación en los valores los prepara para ser promotores de la paz, del respeto y de la solidaridad. (28)   

20. La anticoncepción <aliena> al hombre y a la mujer de lo mejor de la <naturaleza> en el matrimonio.

Les impide participar del misterio de vivir enamorados, y de los beneficios de formar una familia. Se opone a la entrega total, recíproca, perdiendo el significado nupcial de la unión y de la procreación. El método natural en la planeación de la familia, por el contrario, es conforme al orden de la naturaleza, del  hombre y la mujer, y promueve el amor humano, fiel, indisoluble, fecundo y lleno de significado, cuya efusión se extiende a los hijos, y a la sociedad.  (29)

21. La mentalidad contraceptiva crea actitud general de rechazo al ser.

Acostumbra a utilizar al otro, <el alter>, como medio para un fin propio. Obstaculiza la comunicación. Presupone el rechazo de la plenitud en las relaciones conyugales, y el rechazo a los hijos. Liberaliza la unión conyugal exponiéndo al hombre y a la mujer a la infidelidad, en detrimento del vínculo matrimonial. (30)  

22. La mentalidad anticonceptiva <afecta la autoestima> y la <identidad sexual>. 

En la mujer produce rechazo al hombre como pareja, y causa repudio a la maternidad y al ser humano concebido. Afecta la naturaleza femenina, y la identidad sexual de la mujer. La AC habitúa al hombre al rechazo de la responsabilidad respecto al hijo y a la mujer; afectando la autoestima, y la identidad sexual del hombre. La falta de respeto y el abuso son debidos a considerar al otro como objeto y no como persona. En fin, la AC conduce al hombre y a la mujer al homosexualismo andrógino, lo cual es hedonismo narcisista: infecundo y antinatural; y afecta el llamado de la persona para el matrimonio: la institución natural del amor conyugal y la familia. (31)    

23. La anticoncepción afecta la integridad personal.  

Rompe con el orden natural de las facultades humanas: otorga mayor relevancia al rol de las facultades inferiores: el instinto o pulsión sexual, que es ciego y solo busca su apagamiento. En vez de actuar bajo el comando de las facultades superiores del ser humano, como el conocimiento y la voluntad, que lo hacen actuar libre y responsablemente, como ser racional que tiende al auténtico bien. (32) La AC rompe la relación del ser humano con Dios, Su Creador, Redentor y Dador de Vida. Afecta las relaciones del hombre y la mujer, por la condicionalidad para el don de sí mismo, y por la condicionalidad para la aceptación del don del otro. (33)  

24. La mentalidad anticonceptiva acaba con la ternura y la misericordia.

Exige condiciones para amar, en vez de crear un <ethos> incondicional de acogida, amor gratuito, donación recíproca y diálogo entre el hombre y la mujer. Rehúsa el abrazo misericordioso, paternal, al ser humano, incluyendo los más pequeños e indefensos. (34)  

25. La anticoncepción <deforma> la vocación al amor del hombre y la mujer, en la imágen y semejanza con Dios. (35)   

26. La mentalidad anticonceptiva es pecado: rompe con la amistad con Dios, y la <visión> de Dios, reflejada en el estupor y la reverencia por su obra. (36)

 

NOTAS:  

(21) “El acto conyugal, por su íntima estructura, mientras une profundamente a los esposos, los hace aptos para la generación de nuevas vidas, según las leyes inscritas en el ser mismo del hombre y la mujer. Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva íntegro el sentido del amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad”, Pablo VI, Humanae Vitae, # 12, 25-VII-1968.

“Hay un nexo indisoluble, querido por Dios, entre los dos significados: unitivo y procreativo, y el hombre no lo puede infringir por propia iniciativa. La diferencia sexual, el amor y la fecundidad son los tres factores intrínseca e inseparablemente unidos en una indisoluble intersección que conocemos como el misterio nupcial”. Angelo Scola, Hombre-Mujer, El Misterio Nupcial, p. 453-454, Ed. Encuentro, Madrid, 2001.

“El verdadero orden de la convivencia conyugal significa la armonía subjetiva entre la paternidad (responsable) y la comunión personal, armonía creada por la castidad conyugal. En ésa, maduran los frutos interiores de la continencia. Através de esa maduración interior, el mismo acto conyugal adquiere la importancia y la dignidad que le es propia en su significado potencialmente creativo; contemporáneamente adquieren un significado adecuado todas las manifestaciones afectivas (HV, 21) que sirven para expresar la comunión personal de los cónyugues, proporcionalmente a la riqueza subjetiva de la feminidad y masculinidad”. Juan Pablo II, “Cateq. sobre el amor humano”, op.cit. c. CXXVIII, # 5, p. 482-483.  

(22) Las características del amor conyugal: “a) Es un amor plenamente humano, es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es…una simple efusión del instinto y del sentimiento… sino que también y principalmente, un acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegrías y los dolores de la vida cotidiana, de forma que los esposos se conviertan en un solo corazón y en una sola alma y juntos alcancen su perfección humana. b) Es un amor total, una forma singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente todo, sin reservas indebidas o cálculos egoístas..c) Es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte. d) Es un amor fecundo que no se agota en la comunión entre los esposos, sino que está destinado a prolongarse suscitando nuevas vidas. Pablo VI, Humanae Vitae, # 9.

La virtud de la continencia, el señorío de sí mismo, se revela como condición fundamental para que el lenguaje del cuerpo permanezca en la verdad, y para que los cónyugues se sometan recíprocamente al temor de Cristo…La castidad conyugal se manifiesta primero en la capacidad de resistir a la concupiscencia de la carne, y después, gradualmente se revela como una singular capacidad de percibir, amar y actuar los significados del lenguaje del cuerpo, que permanecen desconocidos a la misma concupiscencia y que enriquecen progresivamente el diálogo esponsal de los cónyugues, purificándolo, haciéndolo profundo, y simplificándolo.” Consultar: Juan Pablo II, Catequésis, Op. Cit. CXVIII, 481-483.

La disociación de los significados procreativo y unitivo del acto conyugal se opone al significado objetivo de la sexualidad de la persona humana, es decir, a la estructura ontológica misma del amor humano.” Dr. Francisco C. Fernández, “Etica, procreación, argumentación: Humanae Vitae-Donum Vitae”, Argumentos personalístas-hermenéuticos, Instituto Juan Pablo II, Roma, 1997.

La anticoncepción falsifica el lenguaje del cuerpo ya que representa la supresión artificial de la naturaleza misma del acto: fecundo y unitivo, a la vez. Por otra parte, recurrir a la regulación natural de la fertilidad para aprovechar los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras, es un recurso lícito cuando hay que espaciar los nacimientos de los hijos, por graves motivos. De ésta manera se respeta el orden establecido por Dios.”; Pablo VI, op. cit. # 16.

“La malicia moral intríseca del uso de anticonceptivos es grave y específica: debido a la lesión a la virtud de la castidad matrimonial; y a la lesión a la virtud de la justicia, incluído el rechazo a la vida nueva considerando que también tienen un efecto abortivo. “Moral Conyugal y Sacramento de la Penitencia”, Reflexiones sobre el Vandemecum para los Confesores, Pontificio Consejo para la Familia, Libros Palabra, p.128.

La mujer que toma la píldora podría padecer, sin saberlo, un aborto al año.”Ibid,  p. 247.  

(23) “Dios ha creado al ser humano a su imágen y semejanza: llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor…Dios es amor y vive en sí mismo un misterio personal de amor. Creándola a su imágen y conservánola contínuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y, consiguientemente, la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. El amor es, por tanto, la vocación fundamental e innata de todo ser humano…Las sexualidad mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno a otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta el núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal…La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona, incluso en su dimensión corporal; si la persona se reservase algo o la posibilidad de decidir de otra manera en el orden al futuro ya no se donaría totalmente. Esta totalidad, exigida por el amor conyugal, corresponde también con las exigencias de una fecundidad responsable, la cual, orientada a engendrar una persona humana, supera por su naturaleza el orden puramente biológico y toca una serie de valores personales, para cuyo crecimiento armonioso es necesaria la contribución perdurable y concorde de los padres. Juan Pablo II, Familiaris Consortio, #11.

La imágen y semejanza con Dios (del hombre y la mujer) nos remite a una analogía –antropológica- basada en el hecho de la comunión de las personas (de la Trinidad), en la que “es de tal modo perfecto el amor del Padre por el Hijo, que el Espíritu Santo es al mismo tiempo, el vínculo (nexus) y el fruto”, Angelo Scola, op.cit. 176-177.  (El autor hace notar que el amor de las Personas Divinas es “supra-sexual”, es decir, en el plano divino, superior al de la categoría humana sexual.)  

(24) (La práctica anticonceptiva) es el camino más fácil y amplio a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. El hombre -acaba por perder el respeto a la mujer, y sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, la llega a considerar como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera, respetada y amada…. En manos de las autoridades públicas (los medios anticonceptivos) son un arma peligrosa. Los seres humanos queriendo evitar las dificultades individuales, familiares o sociales que se encuentran en el cumplimiento de la ley divina, llegarían a dejar a merced de la intervención de las autoridades públicas el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal”. Pablo VI, Humanae Vitae, #17, 25-VII-1968.

<Libertinaje sexual>, <control natal> y <eugenesia>, son los objetivos principales de la promoción de la anticoncepción y con ella, el aborto. Margaret Sanger, promotora y fundadora del movimiento abortista mundial Planned Parenthood, es autora de “La mujer rebelde” (The Woman Rebel), “Limitación a la familia”  (Family Limitation- pamfleto de 16 páginas), “La mujer y la nueva raza” (Woman and the new race), y “La felicidad conyugal” (Happiness in Marriage) entre otras obras en las que promovió el aborto y la anticoncepción como si fueran un “derecho civil” para la <liberación> y la <salud> de la mujer, eliminando a los hijos, los más débiles e indefensos de los seres humanos. Contactó feministas radicales y neo-malthusianos en Inglaterra; y como enfermera se interesó en contactar en Holanda, los abortuarios y conoció su funcionamiento. La idea hitleriana de las personas de  “pura sangre” y de raza “perfecta” la llevó a promover aborto y anticoncepción entre los pobres, las personas de color, los inmigrantes, etc. Sanger combatió las leyes estatales y federales de Comstock (Comstock Laws) que prohibían publicar y distribuir información acerca del sexo, la sexualidad, la contracepción y la reproducción humana. Fundó sus primeros abortuarios clandestinos en Nueva York, en 1916, a los que llamó “clínicas de control natal”, en los que se promovían también los anticonceptivos. Su organización promueve la promiscuidad y el hedonismo entre niños y adolescentes, através de la subsidiaria organización “TeenWire”, imitada por su amiga inglesa Marie Stoppes, y patrocinada por la fundación que hoy lleva su nombre. En publicaciones como “The Birth Control Review” y “The Pivot of Civilization” Sanger revela la filosofía eugenista, feminística-radical, hedonista e inmoral, que caracteriza a “Paternidad Planificada” (IPPF y PPFA por sus siglas en inglés), y a todas sus organizaciones afiliadas en todos el mundo, incluyendo los países del mundo hispano;  www.vidahumana.org/vidafam/ippf.

Otra mujer, Madre Teresa de Calcutta, nos demuestra que es en la solicitud auténtica por el ser humano, que la mujer revela su plena feminidad, como vemos en la misma imágen de la Iglesia: “Jesús nos dijo”Lo que hagan por el más pequeño de mis hermanos, por el más abandonado, lo están haciendo por mí. Soy yo el que recibe esta atención... El hambre no es sólo de pan, sino de compañía, de la Palabra de Dios, de amor. La desnudez no sólo es la falta de vestido, sino la carencia de la dignidad humana, de la filiación divina, de la pureza del corazón. La falta de hogar no es sólo la carencia de casa, sino el sentirse rechazado, no amado, no deseado. Esta hambre, desnudez, falta de amor, tal vez esté en nuestra propia casa, en nuestra propia familia. Por eso debemos orar, para acabar con las “pobrezas” que hay en nuestra propia familia.” “Teresa de Calcutta, Mensajes de Vida”, cap. Hambre de dignidad humana, p.161-162, Ed. Lumen, Buenos Aires, 2002. Conferencias capituladas por P.Arribas Sánchez.   

(25) “La elección de los ritmos naturales comporta la aceptación del tiempo de la persona, es decir, de la mujer, y con esto la aceptación también del diálogo, del respeto recíproco, de la responsabilidad común, del dominio de sí mismo. Aceptar el tiempo y el diálogo significa reconocer el carácter espiritual y, a la vez corporal, de la comunión conyugal, como también vivir el amor personal en su exigencia de fidelidad. En este contexto, la pareja experimenta que la comunión conyugal es enriquecida por los valores de la ternura y afectividad que constituyen el alma profunda de la sexualidad humana, incluso en su dimensión física. De este modo, la sexualidad es respetada y promovida en su dimensión verdadera y plenamente humana, no <usada>, en cambio, como un <objeto> que, rompiendo la unidad personal de alma y cuerpo, contradice la misma creación de Dios en la trama más profunda entre naturaleza y persona” Juan Pablo II, Familiaris Consorcio, # 32.

La regulación natural de la fertilidad (PNF o planeación natural de la familia) es 100% sana. Diversos estudios demuestran que la PNF es efectiva entre el 97.2% - 99.5%. para distanciar naturalmente la concepción de nuevos hijos, cuando sea necesario, y por graves motivos. Del folleto:  “Billings: el logro científico de la planificación natural de la familia”, datos obtenidos de CEPROFARENA Perú, en colaboración con Human Life International, y Woomb (World Organziation Ovulation Method Billings) .

La PNF promueve la felicidad y la fidelidad conyugal disminuyendo el número de divorcios a un 2% aproximadamente, entre las parejas que la practican. Ver datos de: Family of the Americas, www.familyplanning.net.

Los métodos naturales de la planeación familiar no son un método de “anticoncepción católica”, sino la forma lícita, según la ley natural de Dios, para espaciar el nacimiento de los hijos, e implica la actitud de aceptación de la vida nueva. Pontificio Consejo para la Familia, op.cit.  

(26)  Las autoridades públicas tienen, ciertamente, la responsabilidad de intervenir para orientar la demografía de la población; pero estas iniciativas deben siempre presuponer y respetar la responsabilidad primaria e inalienable de los esposos y de las familias, y no pueden recurrir a métodos no respetuosos de la persona y de sus derechos fundamentales, comenzando por el derecho a la vida de todo ser humano inocente. Por tanto, es moralmente inaceptable que, para regular la natalidad, se favorezca o se imponga el uso de medios como la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Los caminos para resolver el problema demográfico son otros: los Gobiernos y las distintas instituciones internacionales deben mirar, ante todo, a la creación de las condiciones económicas- sociales, médico- sanitarias y culturales que permitan a los esposos tomar sus opciones procreativas con plena libertad y verdadera responsabilidad; deben, además, esforzarse en aumentar los medios y distribuir con mayor justicia la riqueza para que todos puedan participar equitativamente de los bienes de la creación.

Dentro del <pueblo de la vida y para la vida> es decisiva la responsabilidad de la familia: es una responsabilidad que brota de su propia naturaleza –la de ser comunidad de vida y amor, fundada sobre el matrimonio- y de su misión de <custodiar, revelar y comunicar el amor>” Juan Pablo II, Evangelium Vitae # 90-92, 25-III-1995.

Es tarea de los gobernantes y legisladores el afirmar el valor inalienable de la vida humana y promover el matrimonio y la familia, como creados por Dios, en las Constituciones y en leyes; éstas educan al pueblo, a su vez, en el valor de la vida y la familia. Así protegen al pueblo, por los principios de derecho basados en la ley natural, incluyendo los derechos inalienables; y se oponen a campañas de los prosélitos del aborto, la anticoncepción, la promiscuidad, y el homosexualismo. Estas campañas funcionan a nivel global con participación de Naciones Unidas y sus organismos afiliados (UNICEF o Fondo de las naciones Unidas para la Infancia; UNFPA o Fondo de las Naciones Unidas para las Actividades de Control de Población, etc); y a través de organizaciones gubernamentales como el USAID. Pero también a través de organizaciones no-gubernamentales, nacionales e internacionales como: International Planned Parenthood Federation (IPPF), IPAS, Consejo de Población (Population Council), Marie Stoppes, Centro de Derechos Reproductivos, Centro de Ley y Política Reproductiva, Family Care International, Católicas por el Derecho a Decidir, y otras. Consultar: www.vidahumana.org/vidafam/muerte/antinatalistas_index.html; www.vidahumana.org/vidafam/onu/organismos_index; 

www.vidahumana.org/vidafam/ippf/introduccion, “El engaño mortal: El ataque de la IPPF a sus hijos, a su familia y a la soberanía de su nación. Un breve resúmen”;

www.vidahumana.org/vidafam/ippf/ippf-latinoamerica_index.

www.vidahumana.org/vidafam/controldem/implosion.html, artículo: “¿Porqué hay implosión demografica?”.  

(27) “El hombre de hoy corre el riesgo de enfatizar tanto la libertad de elección, que podría acabar por considerarla toda la libertad”. De ahí su aburrimiento, inestabilidad e irresponsabilidad. “Susutituye el deseo infinito de Dios, por un indefinido número de deseos finitos, con énfasis solamente en la libertad, para hacer instintivamente lo que le agrada en cada momento”. Esta crisis se vincula a la crisis de paternidad-maternidad. “Un indicio significativo al respecto consiste en considerar el nacimiento de un hijo, no como un acontecimiento que debe ser acogido con absoluta gratuidad, sino más bien como el resultado de una elección calculada. “Y las elecciones calculadas que tienen por objeto a las personas, las acaban por reducir a cosas.”, Angelo Scola, El Misterio Nupcial,  p.202.

“La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revelan cuando éste es considerado en su fuente suprema, Dios, que es Amor, el Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra.”  Pablo VI, Humanae Vitae # 8;  

“El ser humano no puede vivir sin amor . Permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido, si no le es revelado el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y no lo hace propio, si no participa en él vivamente.” Juan Pablo II, Familiaris Consortio, # 18, 22-XI-1981;  

(28) La sexualidad humana es un misterio sagrado que debe ser presentado según la enseñanza doctrinal y moral de la Iglesia, teniendo siempre en cuenta los efectos del pecado original. Deben ser presentadas a los niños y a los jóvenes solo informaciones proporcionadas a cada fase del desarrollo individual, y formar la conciencia de cada individuo de manera clara, precisa y en sintonía con el principio de oportunidad según el momento de las diversas fases del desarrollo. Los padres y educadores deben ser sensibles a) a las diversas fases del desarrollo, particularmente a los años de inocencia y la pubertad; b) al modo en que cada niño o joven hace experiencia de las diversas etapas de la vida; c) a los problemas particulares asociados con estas etapas. En cuanto a la elección del momento oportuno, en la útima adolescencia, los jóvenes deben ser introducidos primero en el conocimiento de los indicios de fertilidad, y luego, en el de la regulación natural de la fertilidad, pero sólo en el contexto de la educación al amor, de la fidelidad matrimonial, del plan de Dios para la procreación y el respeto de la vida humana. Para más detalles se puede consultar:  “Sexualidad humana: verdad y significado”, Pontificio Consejo para la Familia, Cap. VII, Orientaciones Prácticas, p. 112-164. También Cap. VI, #64ss,: “Los pasos del conocimiento”, “La fases principales del desarrollo del niño”, “Adolescencia en el proyecto de vida”; 8-XII-1995.  

(29) Family of the Americas, org. cit, www.familyplanning.net; y

Dra. Giuseppina Pompa, ObGyn, op.cit. 

La virtud de la continencia, el señorío de sí mismo, se revela como condición fundamental para que el lenguaje del cuerpo permanezca en la verdad, y para que los cónyugues se sometan recíprocamente al temor de Cristo…La castidad conyugal se manifiesta primero en la capacidad de resistir a la concupiscencia de la carne, y después, gradualmente se revela como una singular capacidad de percibir, amar y actuar los significados del lenguaje del cuerpo, que permanecen desconocidos a la misma concupiscencia y que enriquecen progresivamente el diálogo esponsal de los cónyugues, purificándolo, haciéndolo profundo, y simplificándolo.” Consultar: Juan Pablo II, Catequésis, Op. Cit. CXVIII, 481-483.  

(30) La disposición de rechazo ante la posibilidad de <ser padre> y <ser madre> se proyectan también como una actitud ante el <alter>. Crea una disposición de rechazo hacia el hombre en general,debido al individualismo, hedonismo y utilitarismo, sin responsabilidad respecto al otro. En la mujer, el efecto de la mentalidad contraceptiva, abortiva, de rechazo (psíquico-físico) a la posibilidad del hijo, la disminuye en su <atención hacia la persona concreta> y que la maternidad desarrolla aún más.  Juan Pablo II, Mulieris Dignitatem, # 18.

“El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es el mayor” Lc 9, 48.  

(31) “Si la sexualidad y la procreación (fecundidad) no están objetivamente implicadas la una en la otra, sino que se consideran dos realidades autónomas y completamente independientes, el amor esponsal deja de ser el <analogatum princeps> del amor. La razón es que en esta perspectiva se elimina la importancia central de la diferencia (sexual) que es el resorte mismo del amor. La diferencia indica esa alteridad, que no se puede deducir, que abre el camino al deseo (satisfacción) precisamente cuando se desvela, en la carencia immediata del gozo, que entre los dos amantes siempre se da un<tercer factor>, del cual el hijo, como fruto, es signo. Negar que el tercer factor forma parte de la diferencia sexual en su insuperable y dramática alteridad significa, por una parte, reducir el amor esponsal a una pura búsqueda del fantasma del andrógino y, por otra, reducir la procreación a reproducción mecánica, en analogía con cualquier producto de mercado”. Angelo Scola, op. cit. p. 176-177.  

(32) El conocimiento del bien, la voluntad, la voz de la conciencia, la aspiración, la reflexión, el consenso, el juicio, la decisión, el comando y la ejecución, son los pasos que estructuran la acción moral del ser humano. El instinto sexual es ciego y obedece solamente a impulsos de la naturaleza biológica, no a la razón. Dr. Bertold Wald, “¿Qué cosa es una acción moral? Comentario a “La estructura de la acción moral” de Josef Pieper”, Esquema. Universidad de Münster, Alemania, 1996.

“El evento de la comunión inter-personal puede suceder solo si, solo cuando, la dimensión visible del encuentro (la dimensión física) está plenamente subordinada a la dimensión invisible (la dimensión espiritual)”; Carlo Cafarra, Etica General de la Sexualidad, Edizioni Ares/Milano, 1992, Cap. La Redención del Cuerpo Humano, p.26.

La vida moral está unida inseparablemente a la fatiga. El <bonum arduum> presenta un desafío a la naturaleza humana; hay la tentación a ceder al instinto ciego para buscar adaptar la conducta a la propia debilidad, sin respetar la realidad objetiva. Las exigencias de la vida moral pueden lanzar a la conciencia, una invitación para buscar la vía adecuada para obtener la fuerza necesaria para cumplir la tarea moral. La adquisición de las virtudes se favorece al descubrir por la conciencia la propia debilidad, y luego la dimensión del valor de la persona. Al iluminar con la verdad la propia fragilidad, se hecha a andar la dinámica de la voluntad y el apetito racional, por la fuerza que tiene el conocimiento y el esplendor de la verdad. La voluntad a su vez se nutre de los frutos de la reflexión, sobre la lectura de la verdad objetiva respecto al bien, aceptado por la razón; la verdad no se funda en el racionalismo propio como creador del bien de manera subjetiva. La libertad consiste en responder al <bonum arduum>  al que tiende la razón orientada al bien moral objetivo, y no sobre un fondo vegetativo-emotivo, como el instinto sexual; ya que la libertad no se verifica en condiciones ilusorias sobre la verdad, sino que está relacionada directamente a la verdad. Las indicaciones pedagógicas de la Iglesia católica con referencia a la contracepción, subrayan la necesidad de la <oración> y del <acceso a los sacramentos>, como fuentes de la gracia divina, y la colaboración de la libertad humana, para poder afrontar los preceptos morales que se refieren al matrimonio y en particular el precepto de la paternidad-maternidad responsables. Juan Pablo II, “El Esplendor de la Verdad”, #102-105, 6 de Agosto de 1993; y el Pontificio Consejo para la Familia, “Moral Conyugal y Sacramento de la Penitencia. Reflexiones sobre el Vandemecum para los Confesores”, art. Prudencia y Fatiga del Amor Conyugal, Tadeusz Styczen S.D.S., Libros Palabra, Madrid, 1999, p. 135-152.  

(33) “Se deben reconocer unos límites infranqueables a la posibilidad de dominio del hombre sobre su propio cuerpo y sus funciones; límites que a ningún hombre, privado o revestido de autoridad, es lícito quebrantar. Y tales límites no pueden ser determinados sino por el respeto debido a la integridad del organismo humano y de sus funciones, según los principios antes recordados y la recta inteligencia del “principio de totalidad” ilustrado por nuestro predecessor Pío XII”. Pablo VI, op. cit # 12.

Consultar: “La fecundidad como responsabilidad y métodos para realizarla”, Dra. Wanda Poltawaska, Encuentro sobre la Procreación Responsable, op. cit. 3a ed. 1992, p. 57-64.   

(34) La madre al amar y aceptar al hijo, encarna el rostro transfigurado del Padre, de quien procede toda paternidad (Ef 3,15). ¿Qué mayor misericordia al prójimo, pequeño e indefenso, que el abrazo y la sonrisa en el rostro amoroso de la madre? ¿y qué mayor gozo, que la mirada maravillada con la que el hijo, arrebatado, capta la sonrisa en el rostro de la madre, y aprende que el ser, todo el ser, que brilla luminoso para él en aquel rostro, es amor que se comunica, y que comunicándose, dice, revela?. Consultar: Hans Urs Von Balthasar, <El camino de acceso a la realidad de Dios>, Mysterium Salutis, II, II, Madrid, 1969 p. 41-74.  

(35) El hecho de que el ser humano, creado como hombre y mujer, sea imágen de Dios, no significa solamente que cada uno de ellos individualmente es semejante a Dios como ser racional y libre; significa, además, que el hombre y la mujer, creados como <unidad de los dos> en su común humanidad, están llamados a vivir una comunión de amor (el matrimonio) y, de este modo, reflejar en el mundo la comunión de amor que se da en Dios, por la que las tres personas se aman en el íntimo misterio de la única vida divina. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo –un solo Dios en la unidad de la divinidad- existen como personas por las inescrutables relaciones divinas. Solamente así se hace comprensible la verdad de que Dios en sí mismo es amor (1 Jn 4,16). La imágen y semejanza de Dios en el hombre, creado como hombre y mujer (por la analogía que se presupone entre el Creador y la Criatura), expresa también, por consiguiente, la “unidad de dos” en la común humanidad. Esta “unidad de dos”, que es signo de la comunión interpersonal, indica que en la creación del ser humano, hombre y mujer, se da también una cierta semejanza con la comunión divina (“communio”).”Juan Pablo II, Mulieris Dignitatem, #7, 15-VIII-1988.

El amor de Cristo por la Iglesia, es el arquetipo del amor. En el sacramento del matrimonio significa la forma perfecta del amor humano: humano, fiel, indisoluble y fecundo. La entrega total y fiel de Cristo a nosotros, sirve como principio análogo.  

(36) El cuerpo, como sacramento, es signo visible de una realidad invisible, es decir, de una realidad espiritual, trascendente y divina. La Iglesia católica reconoce los sacramentos de la redención cristiana, como signos visibles en los que Dios se dona en la gracia, produce la obra de la salvación, en el signo <eficaz>. Cristo en Efesios 5,22-33 revela el hombre al hombre: hace notar la altísima vocación del ser humano, en cuanto participa en la experiencia de persona encarnada: Dios creándolo a imágen suya, lo crea hombre y mujer. Y todo ser humano es llamado en Jesucristo.

“Someteos los unos a los otros, en el temor de Cristo” no significa temor o miedo, lo cual es una actitud defensiva ante la amenaza de un mal, sino que se trata sobre todo de <respeto>  por la santidad, por lo <sagrado>, lo <sacrum>. Se trata de la <pietas> que en el lenguaje bíblico significa <temor de Dios> Sal 103,11; Pr 1,7;23,17; Sir 1,11-16. Tal <pietas> surge de la profunda consciencia del misterio de Cristo, que debe conducirnos a <someternos los unos a los otros>, es decir, es un misterio de elección, desde la eternidad, para ser hijos adoptivos de Dios, que para los cristianos es a imágen de la relación de Cristo y la Iglesia. Juan Pablo II, Cateq. sobre el amor humano, LXXXIX, p. 349.

San Pablo llama al cuerpo <templo>, morada y santuario del Espíritu Santo. La pureza de los limpios de corazón, como en la bienaventuranza del Evangelio, permite gozar de < la visión> de Dios, en su obra, incluyendo en  el ser humano, como imágen Suya. La pureza es una capacidad o virtud, fruto de la vida <según el Espíritu>, y un don o carisma que se relaciona a la sensibilización del sujeto humano a aquella dignidad propia de toda persona, cuerpo y alma, en virtud del misterio de la creación, y de la redención. Juan Pablo II, Cateq. sobre el amor humano, LVII, p. 230.  

El valor de la persona, alma y cuerpo, se relaciona con su sacramentalidad. El acto contraceptivo destruye el plan de Dios para el amor humano. El sentido de reverencia tiene que ver con el asombro humano ante el orden inmanente de la naturaleza creada por Dios (ley natural), y con la fe en Dios, desde el principio de la historia.

Ello conduce a la comprensión de la naturaleza de la persona y de los criterios objetivos que conservan íntegro el sentido de la donación mutua y de la procreación humana en el contexto del amor verdadero. Esto sería imposible si no se cultiva con sinceridad la virtud de la castidad conyugal. La castidad es respeto y sentido de reverencia por el otro. La abstinencia en los jóvenes y célibes, garantiza después el respeto conyugal en el matrimonio. La reverencia es reconocimiento o intuición del valor que tiene el ser, como creado por Dios, que vemos en el otro, el <alter>; Dios es Todo Otro, el Ser. La persona es un templo creado, para habitación del Espíritu Santo. El matrimonio como unión del hombre y la mujer, es una institución natural creada por Dios y bendecida por El desde la Creación; su necesidad de restauración, debida al pecado, se realiza por la gracia de Cristo, en el sacramento del matrimonio. Su crecimiento espiritual se realiza con ayuda de los sacramentos de reconciliación y eucaristía, al renovar la gracia; y se alimenta con la vida de oración. Los métodos naturales de la planeación familiar son humanamente asumibles por la colaboración humana con la ley natural; es la gracia la que perfecciona la cooperación de los esposos con Dios. Los esposos reconcilian la vida sexual y superan los aspectos negativos de la concupiscencia y del <eros>, con el <ethos> de la templanza, de la comunión de vida, y con la paternidad responsable. Los métodos naturales favorecen la aceptación y acogida del don recíproco, y de los hijos, los cuales llegan como don de Dios; y aseguran el espaciamiento de los nacimientos cuando ésto sea necesario por graves motivos. Consultar: “La vida según el espíritu, fundada en la verdadera libertad”, Cateq. acerca del amor humano, cap. LIII, Juan Pablo II, op. cit.; // Encíclica Gaudium et Spes, # 51, Concilio Vaticano II, 7-XII-1965; //  y “La concupiscencia no impide releer en la verdad, el <lenguaje del cuerpo>”, Cateq., CVIII, op.cit.  

(Esther M. Sousa cursó maestría en Persona, Matrimonio y Familia en el Instituto Juan Pablo II, Universidad Lateranense, Roma. Colabora con Vida Humana Internacional, y fue directora auxiliar.)