III Domingo de Adviento, Ciclo C
Autor: Camilo Valverde Mudarra
Hoy, 17 de diciembre, todo el orbe católico celebra el tercer Domingo de Adviento y recibe las francas palabras del Bautista llenas de amor a la verdad.
El pueblo, teniéndolo por profeta enviado por Dios y confiando en él por sus exhortaciones y su conducta, le pregunta qué debe hacer. Él les contestaba: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; no exijáis más de lo que se os ha señalado; no hagáis extorsión a nadie. Viene quién es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias (Lc 3, 10-18)
El Precursor, recordando la Ley de Dios y anunciando la llegada inminente del Mesías, pide también hoy a los cristianos dos cuestiones primordiales: la caridad y la justicia; el dar, el repartir los bienes con el que no tiene, el procurar el reparto justo de las riquezas. Y, al mismo tiempo, exhorta el cumplimiento del deber en el puesto social que cada uno ocupe, sin abusos ni extralimitaciones, en un trato bondadoso, humilde, sabiéndose servidor de los demás y no el ambicioso tirano que pisotea, exige, codicia y corrompe, sino que ejecuta con esmero su cargo y oficio, que cuida con alegría y paciencia sus relaciones familiares y, como hortelano consciente y entendido, laborea y riega la convivencia. La huerta del matrimonio, de la familia y del entorno social y profesional no se puede descuidar por debilidad o incluso por maldad, por pereza, por precipitación, por egoísmo, por sensualidad, por orgullo... Si no se está en su atención diaria se agosta y se convierte en erial.
La caridad y la justicia exigen, en el hombre, el sentimiento y la decisión de compartir, el hacer realidad el hecho de que la tierra con sus bienes y fuentes de producción no es propiedad de unos cuantos astutos, sino que pertenece a todos los seres que Dios puso en ella para poblarla. Sólo, en España, Caritas señala 8,5 millones de pobres; es la más alta tasa de la Unión Europea; y uno de los factores explicativos de este dato es el "reducidísimo nivel" de prestaciones sociales destinadas a las familias españolas. En el mundo, hay cien millones de jóvenes que viven en las calles a causa de la pobreza, del abandono o la ruptura familiar.
El Adviento significa el encuentro con Dios. Juan anuncia que viene Jesús; que Él viene cada año en Navidad. El hombre aterido en su pobreza y en la injusticia clama con ansia desde el fondo de su corazón “¡Ven, Señor, Jesús!”. Su venida está ligada a la Navidad, tiempo en que el Hijo de Dios hecho carne viene a los suyos y estos hombres suyos lo reciben, lo acogen e intentan ejercer con fervor sus mandatos de amor y justicia. “Si bien, dice el Papa, es Dios quien toma la iniciativa de venir a habitar entre los hombres, también es cierto que no quiere llevarlo a cabo sin nuestra colaboración activa. Por lo tanto, prepararse para la Navidad significa comprometerse a construir la «morada de Dios con los hombres». Nadie está excluido; cada uno puede y debe contribuir, para que esta casa de la comunión sea más espaciosa y bella”. El Adviento nos invita a construir su habitáculo en el alma y nos exhorta a comprometernos con la oración, la conversión y las buenas obras, a acoger a Jesús en nuestra vida.
Con la franqueza del Bautista, seamos veraces para reconocernos débiles y pecadores. Pidamos al Señor luz para contemplarnos como somos y valentía para vernos culpables e imperfectos y así, entablar el cambio y mejorar con la ayuda de Dios que nos deja de su mano en el empeño de hijos, que quieren cumplir la voluntad de su Padre. Pidámoslo por intercesión de su Madre que lo es también de cada uno, que aguardemos la llegada de Jesús queriéndolo y llenándonos de amor.