Dimensión religiosa del hombre

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

A las personas alejadas de la Iglesia no es fácil hablarles de Dios. Sus pensamientos y tendencias están ligados a su trabajo, a sus diversiones, a la tele, a sus lecturas, en una palabra, a su  vida diaria, de donde Dios ha sido desalojado. ¿ Por qué no hablar de religión partiendo de tales problemas y trabajos? Todas las actividades del hombre tienen una dimensión divina; lo ideal sería buscar la conexión entre ambas. Si no bajamos del campo espiritual , malo; si no nos elevamos un poco del campo material y mundano, peor. Lo realmente difícil no es encontrar esa conexión, sino la disposición a buscarla. Conozco sacerdotes y escritores que consiguen espléndidos resultados hablando o escribiendo en este sentido.

Estoy releyendo el ensayo, que recomiendo,  “Sobre el cristianismo” de Julián Marías, - Editorial PlanetaTestitomonio – 1ª edi.pág 80 y ss. En el se aborda el mismo problema de una forma original e interesante que merece la pena resumir. Las frases entre paréntesis son mías:

“ Cuando se plantea la cuestión de si la Iglesia debe ocuparse de las cosas del mundo- desde la economía hasta el pensamiento filosófico, pasando por la política, la estética o  las relaciones personales-, suele deslizarse un insidioso error: olvidar que tiene que ocuparse de todo eso, porque la Religión afecta al hombre entero, pero “religiosamente” … toda referencia que afecte a los problemas temporales que los aísle de los espirituales, que hable del hombre eliminando a Dios, pierde todo derecho a invocar la religión, y en modo alguno puede cubrirse con la apelación al cristianismo. ( Lo mismo que toda referencia a los problemas espirituales que los aísle de los temporales. En ambos casos esas referencias quedan cojas) …

“Las preferencias políticas han de justificarse políticamente; las filosóficas, filosóficamente;  las estéticas, por motivos estéticos. Si la religión cristiana tiene algo que decir será sólo algo religioso (que desborde no que elimine la puramente humano). El cristianismo será inconciliable con aquello que destruya el núcleo del cristianismo: la libertad y personalidad del hombre, su derecho a ser tratado como persona y no como cosa, su capacidad de pecado y arrepentimiento,; su fraternidad, basada en la paternidad divina; su proyección esperanzada hacia otra vía perdurable , apoyada en la resurrección de Cristo….” 

Perfecto. Pero el católico de a pié, el alejado,  tras oír un sermón o leer los Evangelios debe quedar en condiciones de poder aplicar lo oído o escrito entre sus familiares, en su trabajo, entre sus amigos y vecinos, en sus diversiones; de forma, que le ayude a ser él, y a través de él los que le rodean un poco mejores. Si nó, habremos perdido el tiempo.