Dialogar, Sí ¿ Pero cómo? II

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

Es archisabido el comportamiento – unos más y otros menos-  de “todos” los políticos recién llegados al poder: prometen, antes de tomar una resolución, dialogar con todos los interesados. Por supuesto,  las decisiones se tomarán por consenso. Gobernarán únicamente por y para todo el pueblo, y…,y…,y. Hasta que dominan el terreno. Entonces, hartos de “perder el tiempo” dialogando, hartos de no poder gobernar como ellos saben y les gustaría, se montan en la burra, la pone al trote y cuando miran hacia atrás descubren con satisfacción que han perdido de vista “al pueblo”. ¡Ahora sí!  ¡ Ahora sí ! que se puede gobernar con un “nuevo talante”.

Sobre los intereses económicos de las personas o naciones los diálogos suelen ser muy duros, los consensos satisfacen a pocos y pueden heridas peligrosas para el futuro

Cuando el diálogo fracasa lo sustituyen las guerras entre naciones, los conflictos entre las clases sociales, las ruinas en las empresas. En los problemas graves el interlocutor debe estar muy preparado, tener experiencia, paciencia, tenacidad , y ya sabemos: Para tener razón hacen falta tres condiciones: 1ª tenerla, 2ª saberla exponer y 3ª que nos la quieran dar.

 

Para el Papa Pablo VI, en términos generales, “el diálogo debe tener las siguientes cualidades para que sea fructífero:

1º Inteligilibilidad, es decir, ha de ser comprensible para las partes.

2º Afabilidad, o sea, no debe ser orgulloso, hiriente ni ofensivo

3ª Confianza , tanto en el valor de la propia palabra, como en la disposición para acogerla por parte del interlocutor

4ª Prudencia pedagógica, que nos lleve a conocer la sensibilidad del otro para adaptarse razonablemente y modificar las formas de la propia presentación.

          Todo ha de producirse en un estado de ánimo, que lleve a evitar la condenación apriorística y la polémica ofensiva y habitual, y en un clima en que lo único verdaderamente importante sea la búsqueda del bien común. En política no debería tratarse de ganar o perder sino de trabajar por el bien del pueblo, y esto se debe hacer desde la responsabilidad del gobierno y desde la oposición, que indudablemente, no es ni la sola imposición porque se tiene el poder, ni la sola obstrucción porque se tengan resortes institucionales para ello.

Estos deseos como todos los programas de gobierno tropiezan con una condición previa: ¿ Dónde están los hombres preparados, con experiencia y sabiduría para actuar así? Por muy bueno que sea el  plano de una casa, no habrá casa si no hay constructor. El Interlocutor es pues una de  las clave esenciales del éxito. O se encuentra la persona adecuada o mejor es permanecer calladito.

Por supuesto sobre los dogmas de cualquier religión y los de algunas ideologías políticas no hay diálogo ni consenso posible. La fe está por encima de toda razón, pero la razón -cualidad muy limitada-  no excluye la fe revelada. Los diálogos entre sectas suelen transformarse en una jaula de grillos.

 

Otra muestra de consenso nos lo da en ABC Ignacio Sánchez con su artículo  DON QUIJOTE Y EL CONSENSO

AL menos, nos dice,  en algo hay consenso: el Quijote es una obra maestra. Siempre, eso sí, que ningún impertinente pregunte por qué. Tanto consenso – se supone que tras un serio diálogo- es sospechoso…Sólo encuentro consenso… Éste viene a confundirse con algo parecido a la adhesión incondicional. Uno primero decide y después busca el consenso, en lugar de buscar antes el consenso y después adoptar la decisión. No falta incluso quien amenaza, extorsiona, y lamenta luego la escasa disponibilidad consensual del amenazado y extorsionado, un ser incapaz de altura de miras.

La cosa parece clara: quien se oponga al poder, rompe el consenso. ¿Qué fue del derecho democrático a disentir?

Por higiene mental quien quiera estar medianamente informado ha de utilizar dos fuentes de información : una gubernamental y otra de la oposición. Caso contrario sus opiniones quedarán cautivas de su única fuente, y él reducido al triste papel de un borreguito más. Al final, como siempre, demos relativa importancia a la información y mucha a los hechos. “ Por los frutos los conoceréis”

¡ Qué! ¿ Seguimos dialogando?