Conocimientos inútiles

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

En ocasiones nos vemos obligados a escribir o hablar  sobre cosas que todo el mundo sabe , pero que, sin embargo,  actúan y viven como si las ignorasen.  En mis charlas contra la droga a los alumnos de Bachiller les advierto que sobre este tema ellos mismo saben más que suficiente, y que no es conocimiento lo que les falta, sino coraje para hacer frente a un problema que les arrastra.   Estás cosas están diariamente en la prensa, la radio, la TV y en la calle. Conocer es necesario para hacer frente a cualquier dificultad, pero no es suficiente. El conocimiento hay que incorporarlo a la vida, a nuestro quehacer diario, o no nos servirá de nada. Sabemos los efectos que tiene la droga, pero solamente tomaremos conciencia de ella cuando un familiar caiga en sus redes, y el infierno entre en nuestro hogar. Conocemos lo que pasa cuando se conduce imprudentemente, pero solo influirá en nuestras vidas cuando un familiar muera en accidente, arruinando de paso  a la familia. Todo el mundo sabe los terribles efectos del alcohol y del tabaco, pero nadie hace caso hasta que le dictaminan cirrosis o cáncer. Sabemos las consecuencias del botellón, pero hasta que nuestros hogares no se inunden de jóvenes borrachos no empezaremos a tomar medidas drásticas. Desde hace tres mil años nos han dicho : “ No matarás” , pero sólo cuando nos matan a un ser querido, adquirimos conciencia de lo que eso significa, y nos disponemos a combatir a los que matan.  Por tanto, no es suficiente que conozcamos los efectos de las drogas, del botellón, del alcohol, de los asesinos. O incorporamos estos conocimientos a nuestras vidas o no nos servirán para nada; o combatimos esas situaciones o nos hacemos cómplices de sus resultados;  o actuamos de acuerdo con nuestros conocimientos o renegamos de nuestra condición de seres racionales.

Si no actuamos de acuerdo con nuestros conocimientos ¿Qué es lo que nos mueve? Entre otros estímulos podríamos señalar   al dinero, la vanidad, la soberbia, el odio o el amor, los celos, el miedo, el hambre, …Y, muy frecuentemente, a esos  genes que nos impulsan a ser  “Monos de imitación” ¿Qué tiene todo esto que ver con saber, con razonar”?  Si en la TV sale uno de nuestros ídolos favoritos : futbolista, artista de cine, cantante,…diciéndonos que eso del botellón,  lo del tabaco o lo del porro es una solemne estupidez le haremos mucho más caso, nos hará más efecto, que mil sermones o que el libro gordo de Petete. Igualmente, si nos dice que “lo que mola”, lo chic, lo elegante es estar delgada como una raspa de sardina, pues allá que vamos a convertirnos en un “pescaito frito”, mientras hacemos cola para salir en una esquela mortuoria . Entre tanto, nuestros jóvenes, y los no tan jóvenes,  tras razonar sesudamente, hacemos  lo que nos pide el cuerpo, no lo que nos indica la cabeza; y además presumimos de ello, justificándonos  ¡ en nombre de la libertad !  Y en nombre de esta libertad   “vamos adonde  va Vicente”. Y , ¿  adonde va Vicente?   Adonde  va la gente. Al final, nos queda la duda de si saber y pensar razonablemente es cosa de listos o de tontos.