Comportamiento en la mesa

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

Relatividad de las normas de conducta sociales

Cada vez que se escribe sobre normas de moral o conducta, nos guste o no y de forma consciente o inconsciente, lo hacemos guiados por las costumbres de nuestro entorno, en las que nos hemos criado. En cada nación, cada región y cada época las relaciones entre los hom­bres pueden variar de forma notable. Lo que en una parte se ve como de buena educación en otra es considerada como una vulgar grosería. Así llevar el sombrero en sitio cerrado es de mala educación en España, mientras que no lo es en USA; comer cerdo es indiferente en­tre los cristianos y pecado entre los mahometanos; comer sin cuchara, cuchillo y tenedor es de personas zafias en Europa, mientras que en otras partes comer con las manos es lo correcto

Transgresión de las normas

A pesar de la arbitrariedad de las normas de convivencia, una vez admi­tidas por el conjunto social, resulta bastante peligroso transgredirlas. Los transgresores son tachados de burdos, patanes, groseros, y de una forma u otra rechazados por el tejido social.Algunos tienen que apren­der, a su costa, el alto precio que a veces hay que pagar por una sola falta. En los puestos importantes del comercio, de la industria, de la política, etc. son tenidos tan en cuenta que condicionan los cargos importantes de forma contundente.

Buena educación

La buena educación no es más que la forma correcta de emplear en cada caso la norma máxima del Evangelio: el amor al prójimo. Quien ama verdaderamente a su prójimo no precisa reglas de buen comportamiento. Quien pretenda sustituir ese amor por reglas con­vencionales más o menos admitidas será pronto considerado un fariseo más. “Donde fueres, haz lo que vieres” “ En Roma como los romanos” etc. son algunos de los refranes donde la sabiduría popular refleja los perfi­les de la buena educación. Por ejemplo: Es de buen tono pelar con cuchillo y tenedor una manzana, naranja u otras frutas; pero si intentamos ha­cerlo entre un grupo de buenas personas que no saben hacerlo, lo único que lograríamos seria humillarlas o que nos consideren un “repipi”. Si en­tre los árabes es costumbre comer sentados en una alfombra, no pidamos nosotros silla y mesa; seríamos considerados descorteses

EN LA MESA

Puntualidad

La falta de puntualidad a la hora de comer, tanto si hemos sido invitados como si lo hacemos en familia, es ,simplemente, una vulgar grosería. No tenemos derecho a disponer del tiempo de los demás en ningún caso, tanto si son  nuestros familiares o amigos como el de cualquier otra persona. Si se nos dice que la comida es a las dos horas, estemos allí a las dos en punto o un poco antes

Poner la mesa. Ayudar

En los tiempos actuales en que es muy rara la casa que dispone de perso­nal de servicio doméstico, todos: hombres y mujeres, mayores y peque­ños, deben colaborar en las tareas caseras, mucho más si la mujer tra­baja fuera del hogar. Sillas, cubiertos, platos, manteles, etc. han de es­tar bien colocados, en su sitio y en la forma que las costumbres del país exijan. Las formas concretas de comportarse en la mesa, se encuentran en cualquier manual y observando nuestro ambiente

Conversaciones, radio, prensa, T.V., ruidos.

Durante la comida es muy desconsiderado ponerse a leer la prensa, hecho que se considera como un severo desprecio a la presencia de los demás. La radio y la T.V. relegan a un segundo lugar a los comensales, con los que apenas entablaremos relaciones e incluso nos molestan si osan interrumpir las emisiones. Por el contrario, sólo una conversación agradable puede hacer más fructíferas nuestras relaciones con los que compartimos la mesa. Convendría tener en cuenta unos cuantos puntos al respecto:

a.     Conversar cuando no estemos mascando- masticaremos siempre con los labios cerrados, de forma que no se vea la comida en la boca.Tampoco es educado hablar o beber con la boca llena, o soplar para enfriar la comida

b. Procurar no hacer ruidos de ningún tipo, como sorber la sopa, masticar sonoramente, golpear la cristalería con los cubiertos, etc. Igualmente se evitarán carcajadas o risotadas estruendosas y estornudos escandalosos. Al estornudar hacerlo siempre sobre el pañuelo y daleando la cara hacia fuera de la mesa, caso contrario nuestros esputos podrían alcanzar platos ajenos, algo realmente asqueroso. Soplarse la nariz de forma estrepitosa es altamente rechazable.

c. Evitar todo tipo de conversaciones que puedan dar lugar a confronta­ciones, tales como las relativas a religión, política partidista, en­frentamientos familiares, asuntos de dinero, emitir juicios adversos sobre la comida servida, o hacer algún gesto o comentario que pueda indicar deficiencias en el servicio etc.Excepción podría ser que la comida fuese por ejemplo de personas de un mismo partido político.

d. Debemos comer siempre de todo, tanto si nos gusta como si no , pero debemos rehusar aquello que nos haga daño.Tampoco dejaremos sobras en el plato, para ello es preferible que nos sirvamos dos o más veces en vez de una sola . Rehusar la comida es una descortesía que humillaría al ama de casa.

e. Resulta un poco repugnante observar esas personas que miran la comida con ansia, procuran servirse las primeras, revuelven la fuente eligiendo las presas que más les gustan sin pensar en las demás. A continuación, sin apartar su vista del plato van apartando, rechazando,  un poquito de carne más o menos hecha, un poco de cebolla que no les gusta, idem con la zanahoria, la parte grasa de la carne, etc., dejando al final su plato lleno de restos como un campo de batalla. El espectáculo es deprimente, y más de una vez ha sido causa suficiente para no dar o eliminar a una persona de un puesto de responsabilidad. En otras ocasiones se elude volver a invitar a este tipo de personas que quedan socialmente aisladas.

f. Por supuesto, es rechazable escarbarse las encías o los dientes con palillos y, menos aún, dejarlos en la boca, chuparlos o masticarlos.

g. Evítese el fumar tanto por motivos de salud como porque el humo y la nicotina impide que el fumador y los demás comensales puedan apreciar totalmente los sabores y aromas de la comida y bebida. Para un buen gourmet el fumar es un pecado gastronómico.

h. Acomodemos nuestras maneras a las de los demás sin salirnos de tono, así por ejemplo, si nadie pela la fruta con cuchillo y tenedor tampoco la pelemos nosotros.

i. En general, es preferible no intervenir en conversaciones o chistes de corte pornográfico, donde se murmure de amigos o conocidos, se ofendan creencias religiosas o políticas, o puedan crear tensiones entre los comensales. Siempre dejan un poso de amargura y forman parte de un negocio donde no hay más que pérdidas. Procúrese impedirlas de buena manera o derivarlas hacia otras metas.

j. Esforcémonos en hacer la comida lo más agradable posible, de forma que todo el mundo salga contento. No olvidemos que lo más importante de la comida son las personas, y tampoco olvidemos que nuestros familiares tienen derecho, como poco, a las mismas consideraciones y atenciones que nos puedan merecer cualquier amigo o compañero. No dejemos de reconocer los méritos del ama de casa, y cuando seamos invitadosde no olvidemos dar las gracias calurosamente a los anfi­triones.

Quitar la mesa. Ayudar

En nuestra propia casa siempre debemos colaborar todos, más o menos,en los trabajos del hogar. Cuando seamos invitados, si nos lo permiten, también debemos colaborar a poner,a quitar la mesa, y a lavar la vajilla.

Consideraciones finales

Para todas las personas las comidas tienen que ser algo más que un  alimento corporal. Hombres y mujeres con finura de alma han convertido la comida en un rito - A los cerdos les sobra con el dornajo- ,un rito indispensable para establecer lazos de unión, de amistad, de negocios, sin el cual no existiría el desarrollo social. Sólo los hombres adornan la mesa, utilizan platos y cubertería, toman café y vino; los demás animales se limitan a engullir gruñendo.

Las normas de buena educación admitidas son necesarias, en lo posible debemos cumplirlas; pero son insuficientes. Lo realmente importante es que nuestros comensales adviertan en nosotros la alegría de que compartamos la mesa, y que noten el cariño sincero que sentimos de tenerlos junto a nosotros.

Nada cuesta menos que seguir las normas locales de buena educación, y nada nos puede costar más caro que actuar pensando que podemos impunemente prescindir de ellas. En ocasiones, parece como si la corrección más exquisita se hubiese refugiado en los ámbitos que más afectan al bolsillo: comercio, industria, política,..y que se hubiese alejado del terreno que más afecta a nuestra calidad de vida: familia, compañeros, amigos,...

Cualquiera de estas normas, cuando se exageran, pueden convertirse en el polo opuesto del fin deseado : aburrir o desagradar al personal en vez de conseguir que todo el mundo se encuentre agusto. Por ejemplo, estamos de acuerdo en no hablar mientras se mastica con la boca cerrada ; pero si para esto nos pasamos toda o gran parte de la comida con la mano o la servilleta puesta delante de los labios, nos convertiremos en una persona ridícula. Si por no abrir la boca intervenimos en las conversaciones sin decir más que : “ Ju, Ju,….ju-ju-ju…juuuuu..” y así todo el rato, causaríamos una sensación despectiva entre los que nos rodean.

Es de notar que estas exageraciones o tics se dan incluoso entre hombres y mujeres de  relieve, cultas, inteligentes, cariñosas y buenísimas personas. Sus amistades,  por no molestar, no le llaman la atención. Ellos mismos no creen que estén comportándose incorrectamente, y hasta que no se den cuenta, no se corregirán.  Por muy bueno que sea un traje, como tenga una pequeña mancha se depreciará, y la gente no se fijará más que en la mancha ignorando el resto de las virtudes del trajecito. Lo mismo pasa con las personas, una manía, un tics, una leve falta repetida puede convertirla en el hazmerreir de todos. No olvidemos que la naturalidad en el trato y en toda nuestra conducta es básica en  la verdadera elegancia, la elegancia espiritual, no sólo en la vestir.

En consecuencia, merece la pena esforzarse en evitar todo aquello que pueda desagradar a los demás, comportándonos con ellos como nosotros desearíamos que se comportasen con nosotros. Sobre todo, más que en no desagradar,  hay que esforzarse en hacer la vida agradable a los que nos rodean, y esto no se consigue más que queriéndolos de verdad, queriéndolos con sus virtudes y sus defectos. O sea, como Dios manda.