Casamiento

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

El escrito que sigue no son más que algunas notas de un laico sobre el matrimonio, considerado  bajo el punto de vista católico. Nos dirigimos a personas alejadas o no creyentes, y desconocedores  en gran medida de la doctrina católica.

¿Qué significa casarse?

Casarse por lo religioso, por lo civil o “sin papeles” , querámoslo o no, conlleva una serie de responsabilidades ante nosotros mismos y ante la sociedad, que no podrán eludirse. Tarde o temprano hay que responder ante ella para bien o para mal. El casamiento puede ser una gloria o un infierno, que dependerá exclusivamente del amor  de los contrayentes y de como encaren estos sus responsabilidades. El matrimonio es un contrato entre dos, con sus testigos y papeles que dan fe . Como todo contrato, y este es muy serio,  requiere unas condiciones sin las cuales el fracaso es seguro. Las condiciones dependerán de las creencias religiosas de los contrayentes, de su formación , de su cultura, y menos de lo que se cree de su posición económica, que tampoco puede soslayarse.

Casarse sin papeles.

 Los que se casan sin papeles, los que “s’arrebujan” son los que dicen no creer en el matrimonio, cuando realmente lo que no creen es en su amor. Son aquellos que se declaran su amor para uno o dos años, o hasta que descubren que el otro ronca o no se lava los dientes. Pronto hallan que el sexo no es el amor. Ahora no es un ratito al día cuando están juntos, es todo el día y toda la noche. Surgen roces inevitables, sin importancia cuando hay amor; intolerables cuando cada uno va a buscar “su” felicidad, sin caer en la cuenta que en el amor la felicidad viene por lo que se da, más que  por lo que se recibe. El matrimonio es un compromiso sólo para personas recias, nobles , no apto para personas quejicas, melindrosas y vanas. Los que solo piensan en sí mismo, en su yo, no sirven ni para el matrimonio ni para casi nada. Uno no se casa con un ideal, sino con una persona, irrepetible, con sus defectos y virtudes.  Casarse con cálculos y reservas, para probar, a ver que pasa, haciendo trampas, y sabiendo que se puede romper cuando uno quiera, es  una tremenda frivolidad de personas a las que no importa que, tras la ruptura, alguien quede abandonado. El dolor está y estará siempre presente en nuestras vidas, también en la vida en común,  donde el amor  se pone a prueba  , y pronto manifiesta los quilates del caracter de las personas. No tiene nada que ver con las revistas del corazón, las cuales se limitan a presentar el lado amable de la vida, ocultando la parte dura. Su trampa está en lo que ocultan; pero sirven para ganar sus buenos dineritos a costa de los inocentes.

La llamada “unión libre” se realiza cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual. La expresión en sí misma es engañosa: ¿qué puede significar una unión en la que las personas no se comprometen entre sí? Con ello reconocen una falta de confianza en el otro, en sí mismo, o en el porvenir pues se muestran incapaces de unirse mediante compromisos a largo plazo. Como consecuencia ofenden la dignidad del matrimonio, destruyen la idea de familia y debilitan el sentido de la fidelidad.

La “unión a prueba” la quieren los que desearían casarse pero no están muy seguros. ¿Quién les garantiza que la fidelidad y sinceridad de sus relaciones quedarán después aseguradas, y sobre todo protegidas, contra la veleidades y vaivenes de sus pasiones?. El amor humano no tolera, le repugna  la “prueba”. Exige una entrega total y definitiva de las personas entre sí o quedarán marcadas para mucho tiempo.

Cualquier compromiso, cualquier contrato, exige un documento  con sus cláusulas, condiciones, duración  y debidamente firmado. Ante la sociedad se verá uno o una obligado a responder del cumplimiento de ese contrato, sobre todo cuando en su cumplimiento se pueden ver afectadas terceras personas como son los hijos. Hoy se habla del hombre (hombres y mujeres) light, son los que no quieren comprometerse en nada, del que nada le importa lo que le pase a  otro, son los que se escudan bajo el lema de : “ese no es mi problema” .No quieren hijos que comprometen y mucho. Se conforman con su discoteca, su vinito y aperitivo, sus charlas con los amiguetes, y poco más. Es la persona que no está dispuesta a dar nada ni a sacrificarse por nadie, pero que exige imperiosamente que sus gustos sean cumplidos. Pobre personaje, desgraciado él mismo, y haciendo desgraciado a todo  el que le rodea. No se entera de nada más que de lo que a él - o a ella- le afecta. Todo el día mirándose el ombligo. Yo, yo, yo.  Para recibir hay primero que dar: el espejo reflejará la cara que tu pongas, sonríe y te sonreirán, regala y te regalarán, acuérdate de los demás y los demás se acordarán de ti, quiere y te querrán, ama y serás amado.

Casarse por lo civil

Es una exigencia mínima de la sociedad. La familia es el núcleo primario y de mayor importancia de cualquier pueblo, precisa  deberes y derechos. La sociedad exige saber quienes forman familias para justificar las ayudas que se les debe (colegios, impuestos, viviendas, comidas, seguridad social, etc.) . Esto conlleva la firma de un contrato, con testigos. Nadie puede romperlo sin responder de sus compromisos. Esta unión es ya es un gran paso adelante. Por otra parte, aquellos que no profesan una religión (En Dios cree todo el mundo, no nos engañemos) no deben casarse ni engañar a nadie poniéndola por testigo de un hecho en el que no creen. Hacen daño a la Iglesia y también a ellos mismos. La familia es un reducto social previo al Estado, es también una escuela de humanidad. El egoísmo es su primer enemigo. A mí que me den y que me quieran, sin acordarse que el otro quiere lo mismo. Si se exige un contrato para la compraventa de cualquier finca o animal, no se puede exigir menos para el compromiso de la unión de dos personas, donde cada una pasa a poseer a la otra, en un sentido muy concreto.

Casarse por la Iglesia Católica.

Para empezar, hay que dejar claro que ser católico es creer en Jesucristo, en su Iglesia, en su doctrina y cumplir sin contemplaciones sus mandamientos. Los católicos de boquilla hacen mucho daño a la Iglesia, son los fariseos de siempre. Lo demás, es ser otra cosa, pero no católico. A estos, a los no creyentes,  no les obliga el catolicismo, pero sí todo lo que le acompaña  de sentido común y de verdad natural. Si por lo menos, algunos, antes de hablar o actuar,  leyeran  los evangelios,  se llevarían una gran sorpresa y se expresarían y actuarían de otra forma. En la actualidad, la Iglesia exige unos conocimientos previos al casamiento para que después nadie pueda llamarse a engaño.

 La Iglesia  da un gran valor al matrimonio, tan grande, que lo ha convertido en uno de sus sacramentos, signos de la presencia de Dios. ¿Qué ha dicho Jesús , qué dice la Iglesia sobre el matrimonio?. Esto es lo que realmente importa:

1   Mt 19,1-6 Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle y le preguntaron: ¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier cosa? El respondió: ¿No habéis leído que al principio  el Creador los hizo varón y hembra? Dijo: Por eso dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto lo que Dios unió no lo separe el hombre.

2   Mt 5, 31ss ;19,3ss También se ha dicho: El que repudie a su mujer dele libelo de repudio. Pero yo os digo que quien repudia a su mujer la expone al adulterio, y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

3   Jn 2,11  Para Jesús el matrimonio es de tal importancia que eligió uno de ellos ,el de la boda de Caná, para realizar su primer milagro.

4   1 Cor 7,1 ss...más por evitar la fornicación, tenga cada uno su mujer y cada una tenga su marido....

5   Lc 16,18 Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio.

6   Rm 7,2 ss Por tanto, la mujer casada está ligada al marido mientras éste vive; pero muerto el marido , queda desligada de la ley del marido. Por consiguiente,viviendo el marido, será tenida por adúltera si se uniere a otro marido....

También hay que saber lo que dice la Iglesia o como interpreta esta las palabras del Evangelio pues Jesús les prometió que :  Lo que atéis en la tierra será atado en el cielo y lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. O sea, que lo que diga el Papa, en cuestiones de fe y de costumbres, " va a misa".

Para la Iglesia el matrimonio es de tal importancia, que  ha sido constituido en sacramento. Los sacramentos fueron instituidos por Jesús y confiados a la Iglesia, son signos o símbolos materiales y eficaces que confieren gracia especial para cumplir los deberes correspondientes. Esa gracia, ese espíritu, que se infunde en los que se casan, es el que hace posible una convivencia a veces difícil. ¿No reciben los padres un espíritu nuevo de fortaleza  cuando llega el primer hijo?. También al casarse se recibe un espíritu especial para hacer frente a las obligaciones adquiridas.

En definitiva, queda muy claro que el matrimonio  canónico, para los católicos  es uno, indivisible , hasta la muerte y el único válido. Por supuesto, el hombre sólo no puede llevar esta carga, necesita la gracia de Dios, su ayuda, de forma que todo matrimonio que no está anclado en Cristo tiene menos futuro que un chicle a la puerta del colegio. Pocas cosas hay en este mundo que den más felicidad que un matrimonio cristiano, donde incluso  el dolor o la desgracia se transforman en pruebas del amor. El matrimonio es una tentativa de la juventud del hombre para sobrevivirse con el amor, es una promesa de felicidad con la aceptación voluntaria de compromisos hasta la muerte. Algunos lo toman como una condena; pero ¿Quién ha visto una condena tan vorazmente deseada?

El Arzobispo de Mérida-Badajoz nos dice en una de sus cartas que : " Los que menos quieren casarse, más tiempo desean vivir con la familia paterna; los que se sienten azotados por el paro, frustados por la vida, incluso fracasados en su matrimonio, ¿a quién acuden por lo general?- A su familia. Los enfermos psiquícos, mentales, depresivos, esquizofrénicos, tocados por el Alzeheimer, ¿ en dóden encuentran asilo o se refujian? En casa de los  padres, apoyados por los hermanos. La familia estable, unida, hogareña, es la gran nostalgia, la gran utopía de tantas vidas rotas." Algo muy serio es esa institución, llamada matrimonio, con más de cuatro mil años de existencia.

Muchos se escudan en que ni los mismos curas o algunos católicos cumplen lo que manda la Iglesia. A ellos los juzgará  Dios por sus actas y a nosotros por los nuestros. Si es cierto que hay muchos que no cumplen, también lo es que hay otros muchos que sí cumplen ¿Por qué nos fijamos sólo en lo que nos conviene? En nuestro juicio final no valdrán pamplinas.

La Iglesia infunde un gran valor humano y sobrenatural al ma­trimonio. La familia es una escuela de hu­manidades donde se enseña el amor, el res­peto, la ayuda a los más débiles, el orden, la paciencia, la comprensión, la vida en común. El hogar es el único si­tio donde el hombre es querido por sí mismo, por lo que es, no por lo que tiene o lo que da. Dar ejemplo es la mejor forma de educar. Tenemos que defender enérgicamente a la familia cristiana, al matrimonio cristiano. Nadie debe ser tratada ni mejor, ni con más delicadeza, ni tener más preferencia, que  nuestra mujer o marido.

El deseo de unidad que vive cada pareja es algo más que una norma jurídica, algo más que un contrato. Amar es aceptarse y aceptar al otro, y tener el aire humilde de quien busca, cada mañana, como llenarse de  amor hasta la noche, convencidos de que la fidelidad no es un valor pasajero, que sólo se ejerce en tanto se ama, como si no fuese al revés: que tanto se ama según se es fiel. Poco a poco se va dando uno cuenta de que el amor no es dar cosas, sino darse uno mismo. El ejemplo más claro  lo tenemos en las madres : toda su felicidad la hallan, de rechazo, al volcarse en sus hijos. Todo lo dan y se dan a ellos del todo, y de este dar y darse va floreciendo día a día el más puro de los amores.

Comprometerse. Compromisos.

 No querer comprometerse en nada es una de las características del hombre y de la mujer  light de hoy . En política son muy raros los que se comprometen con una idea y la defienden; en el trabajo nadie quiere comprometerse exigiendo sus derechos, que también son sus obligaciones. Hay miedo a perderlo. En las ONGs son muchos los que se apuntan, y al tercer día ven que hay que trabajar y se largan. El matrimonio se ha convertido en una página de las revistas del corazón, en una película pornográfica o en un medio de cotilleos. Nadie quiere arriesgarse a nada, nadie se obliga a ningún trabajo arduo, dificultoso o espinoso, y ,por supuesto, nadie está dispuesto a quemar las naves para conseguir sus propósitos. El compromiso es propio de hombres fuertes, sólidos, serios, con raíces, de hombres con fundamento , como dice Arguiñano de sus comidas. En las tareas importantes, y el matrimonio lo es,  no caben las personas indecisas, volubles, sin cuajo, donde no se puede escurrir el bulto, y donde hay riesgos de fracaso. En este mundo sólo hay un tipo de personas que nunca hacen nada mal, ni se equivocan: son los que nunca hacen nada. Estas personas “light”, en realidad, están encadenados a sí mismos, aunque rodeados de mucha gente,  están más solos que la una, e intentan sofocar con ruido y alcohol su tremenda indigencia interior.

Vida cotidiana. Los pequeños detalles.

Los pequeños detalles son el 99% de los detalles de nuestra vida, determinan lo fundamental de nuestro trabajo y de nuestra felicidad. El matrimonio exige mucha finura de espíritu, un gran respeto a la pareja, lealtad firme y una disposición continua a colaborar en la vida de cada día. El premio es grande: serenidad, alegría, satisfacciones,...

Es muy corriente que la mujer se preocupe mucho de las cosas del marido: de sus camisas, zapatos, corbatas, y se olvide de que su marido existe. Es muy corriente que el marido trabaje como un negro por su mujer y sus hijos, y no tenga tiempo para sus hijos o su mujer. La familia es el negocio más importante, si fracasamos en ella, habremos fracasado en la vida.

En las cosas bien hechas, apenas reparamos.Pero, ¡ay! cuando, por ejemplo, la comida sale salada Nos sacan de quicio las chapuzas, ese reguero que va quedando tras nosotros de platos sin limpiar, de papel del water sin poner en su sitio, de pasta de dientes sin tapar, de lavabo lleno de pelos o sin limpiar, de ropa por los suelos, de objetos sin recoger. Todas ellas cosas sin importancia, pero que en su conjunto amargan la existencia. Quien no es capaz de hacer bien lo pequeño, no hará lo grande. Hacer bien las pequeñas tareas son garantía de que haremos bien las mayores.

Monotonía. Los cónyuges se hallan sometidos a la rutina diaria, a las necesidades prosaicas de la casa y del trabajo. Al cabo de algún tiempo parece que todo está dicho. Entendemos que haya que regar las macetas diariamente, que hay que prestar atenciones constantes al perrito, que  la casa haya que limpiarla y adecentarla todos los días, que con los amigos haya que reunirse de vez en cuando o se terminan perdiendo, que los árboles frutales precisen cuidados especiales para que den frutos, y ¿creemos que el amor y el matrimonio se mantienen del aire? Hay que aprender el arte de rejuvenecer el amor. El marido debe cortejar un poco a su mujer, hacerle regalitos de vez en cuando y por cualquier motivo, preguntarle por sus cosas: vestidos, peinados, comidas. La mujer tiene que cuidarse como cuando eran novios, y corresponder al marido con la misma moneda de atenciones y delicadezas. Y, esto, todos los días un poco. La felicidad se construye como los grandes palacios ladrillo a ladrillo. Merece la pena.

Malhumor, discusiones y discrepancias. Constituyen graves obstáculo para el amor conyugal y para cualquier tipo de convivencia. Aun los mejores esposos tienen sus momentos de cansancio y de mal humor, a los que hay que poner remedio, sin romper la paz. En ocasiones él está enojado y sombrío. Es el momento de que ella se ilumine de dulzura. Otras veces ella está cansada y nerviosa. A él le toca mantenerse en calma, esperando que pase la tormenta. Procurar que no coincidan el enojo de él y el nerviosismo de ella, en estas ocasiones se producen cortocircuito, estallan las lámparas, se escapan palabras, a veces demasiado verdaderas con aquella triste verdad que produce desencantos, rencores, heridas secretas. Lo bueno sería que cada uno tuviese días diferentes de mala uva. Desgraciadamente, sucede en ocasiones que uno detenta el monopolio del mal humor, en ese caso el otro deberá detentar el monopolio de la paciencia.

De las discusiones raramente sale la luz. Cuando uno dice una cosa y el otro le contradice, ¡ya está liada!  Interviene el amor propio y la discusión termina discurriendo por cauces peligrosos. Evitad discusiones tontas que a nada conducen. Otra cosa es acostumbrase a hablar tranquilamente con  ánimo de hallar soluciones a los problemas comunes. La humildad es un acto de profundo valor por el que uno se atreve a reconocer sus propios errores y dar sinceramente la razón al que la tenga. Y, con eso, se acabaron las peleas bobas. Evitad la soberbia que es el mayor enemigo del trato conyugal. En las peque­ñas reyertas ninguna de los dos suele tener toda la razón .El que esté más sereno ha de decir la palabra que contenga el mal. No acostarse sin haberse reconciliado y pedido perdón. Los actos, los ejemplos, tienen más poder sobre los espíritus que las palabras.

Culpables. Cuando uno comete un error,y no hay nadie que no los cometa, existen dos alternativas: una echarle la culpa a otro, al gato o a quien sea, buscando disculpas que normalmente rozan el ridículo. Es propio de personas de poco valor y valer y con un cierto complejo de inferioridad.  Otra, reconocer rápidamente el error y pedir disculpas, con lo cual se terminan rápidamente las discusiones y se evita entrar en una dinámica donde todo son pérdidas. Así suelen actuar las personas con caracter,  “de mucho valor moral” diría yo, pues lo último que hace un ibérico es pedir perdón. Somos de la raza del “mantenella y no enmendalla”, que no es orgullo legítimo, sino una forma como otra cualquiera de cobardía, de gentes sin coraje, incapaces de reconocer sus propios errores.

Trabajo. Puede llegar a ser una mala cosa, cuando su importancia se saca de quicio. Cuando llega a ser tan absorbente que nos roba el tiempo que debemos a Dios, a nuestra familia, a la Iglesia y a la sociedad en que vivimos. Trabajamos para nuestra familia; pero llegamos a olvidarla por el trabajo. No tenemos tiempo para nuestra pareja y nuestros hijos, para nuestros amigos y vecinos. Tu ¿a quien quieres más a papá o a mamá? le preguntan un día a su pequeñín los  padres. A Jaime, contesta el retoño. Jaime era el jardinero, el único de la casa que hablaba con él. Esos padres recapacitaron y .... cambiaron de trabajo.  En todos los casos nuestro trabajo, cualquiera que este sea, debe ser hecho con la mayor perfección posible y, sobre todo, con mucho amor, sin olvidar que es un medio y no un fin para nuestras vidas. Trabajemos para vivir, no vivamos sólo para trabajar.

Fútbol, tabaco, casino, tertulia.discotecas..... llegan a ser nefastos cuando les dedicamos un tiempo y di­nero, que ,como en el caso anterior, sobrepasa lo normal. Las cosas en sí mismas no son ni buenas ni malas, lo malo está cuando por vanidad, debilidad o falta de criterio nos dejamos arrastrar por el ambiente o las amistades, elevando esas actividades a verdaderos ídolos. Por ellos hay que pagar, y muchos pagan, un elevado precio.  

Alcohol, juego que pueden llegar a arruinarnos económica y física­mente además de poder  romper nuestra familia.¿Quién no conoce a al­guna de esas personas que se juegan y pierden el sueldo del mes recién cobrado? o ¿A esas otras prendidas en el sexo o en las drogas que les conducen a la ruina o a la muerte en pocos años, mientras llenan de amargura y dolor a toda su familia?

T.V., vídeo, que, cuando se abusa de ellos, además de robarnos un tiempo precioso  están en gran manera corrompiendo toda moral, haciéndonos creer que aquí “Vale todo” y además nos lo quieren colar en nombre de la liber­tad. Por la T.V. hay chicos que no estudian, mujeres que no atien­den las labores del hogar, hombres que por un partido de fútbol abando­nan sus negocios. ¡ Cuánto tiempo y energía perdidos!

Teléfono. Rara es la familia donde no hay broncas por su uso desmedido. Se supone que hablar con los amigos no es contarles el Quijote ni desmenuzar detalladamente cada uno de los pasos que ha dado la vecina de al lado. Tres minutos deberían ser suficientes en el 90% de los casos, sobrepasarlos indica que ni se tienen las ideas claras ni se sabe de que se está hablando. Es frecuente que el costo de la factura se dispare hasta el punto de poner en peligro la economía del hogar. Su uso sin control impide que los demás puedan hablar o recibir llamadas.

No tengáis miedo al ambiente que os ro­dea, imponed vosotros el ambiente que os interesa. Aprended a decir nó, y se os respetará más de lo que creéis. La frivolidad reinante nos llena de va­cío  El matrimonio es una vida compartida, es una vocación, es un sa­cra­mento, es un compromiso de vida en común y para siempre, es una comunidad indisoluble orientada a la vida, a la nuestra y a la de nuestros hijos. Es algo demasiado serio e importante para dejarlo a merced de los vientos cambiantes de las modas de turno o de los caprichos de quienes están   nuestro lado.

El secreto de la felicidad en el matrimonio está en lo co­tidiano , a él tenemos que lle­var buen hu­mor,orden, laboriosidad, economía y alegría. Los malos humores hay que dejarlos en la puerta. Amar a una persona es desear para ella lo mejor, tra­tarla de forma excepcional, es alguien a quien necesitamos para vivir. La familia es la cé­lula original de la vida social. Es una garantía de estabilidad so­cial. La fa­milia es una es­cuela de humanidades donde se custodia y se revela el amor. Para el matrimonio y en el matrimonio hay que prepararse, entrenarse y estar entrenado para hacer frente a las dificultades presentes y futuras;igual que se entrena uno para la guerra , la caza o el fútbol. Futbolista que no se entrena, no mete gol.No hay miembros inúti­les.Conviene que las comidas se hagan juntos para fortalecer la unidad familiar. No des­pilfarrar, aprender a hablar en­tre vosotros y a sonreír. La vida fa­miliar debe ser aus­tera. Estar pendiente de los demás y aprender a ayudarles. Hacer el bien no es fácil, hay que aprender a hacerlo.

Fe. Fidelidad, Adulterio. Ninguna gran empresa llega a buen término si no se tiene fe en ella. El matrimonio es, para casi todo el mundo, uno de esas grandes empresas.Un matri­monio no asentado en el amor a Cristo  tiene menos porvenir que un submarino descapo­table.Los que no creen o confían en su pareja se casan por lo civil, porque en el fondo de su corazón si creen y saben que quedan comprometidos para siempre con el matrimonio católico. La infidelidad conyugal o adulterio no es más que el consabido pegársela a la pareja con otro u otra, dicho de otra forma, es una vulgar traición. Compromete el futuro  del matrimonio o de la pareja y el bien de los hijos , los cuales  necesitan la unión estable de los padres

El enemigo de la familia es el egoísmo, la vanidad y la soberbia de pensar sólo en sí mismo. La familia exige saber escuchar con paciencia,  ser amable con los demás, vivir la vida de los otros, recordar los cumpleaños y santos de los familiares y amigos, alegrarse con ellos.

El fundamento de la vida conyugal está en la Ley de Dios. Quien se la salta termina arruinando su familia.El amor propio, que hace montañas de nada es otro de los graves peligros que nos acecha.Siempre hay otra u otro más guapo; pero uno no se enamora de la guapura sino de una persona que es única e irrepetible con sus virtudes y sus defec­tos. Ojo con una  TV, que idealiza los más bajos instintos, que los presenta como normales y que repitiendo una y otra vez aspectos execrables del hombre terminan haciéndonos creer que son normales.O dominamos a nuestras pasiones o ellas terminarán do­minándonos a noso­tros.

El desorden, las chapuzas, el trabajo hecho sin esmero es un trabajo hecho sin amor. Causa desazones que si son muy continuadas termina destruyendo la convivencia, como destruye las rocas ese agua menuda que se introduce en sus grietas.

Los amigos. Es bueno salir de vez en cuando con los amigos; estos cuando son leales constituyen un verdadero tesoro. Pero cuando los amigos no son más que amigos de copas, discotecas y trasnocheo se transforman en un vulgar medio de disipación y desunión de la pareja. Esta tiene que acostumbrase a encontrarse  en su hogar como en el más feliz de los sitios. Los que  no son felices en su hogar, no lo serán en ninguna parte  por mucho que se meten en juergas, viajes,bullas y demás mandangas.

Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, de paz y alegría en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se perciba un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida. Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión, cometerían un grave error, si edificaran  su conducta espiritual a espaldas y al margen del hogar. El amor os llevará a compartir alegrías y sinsabores; a saber sonreir olvidándose de las propias preocupaciones para servir a los demás; a escuchar al cónyuge o a los hijos, mostrándo­les que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin impor­tancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pe­queños servicios  de que está compuesta la convivencia diaria. No nos engañemos, la tarea no es fácil, pero si posible.

Agravios. Es difícil convivir con las personas que llevan una lista de agravios para echarlos en cara a la primera ocasión. Hablar mal de los demás es como escupir al cielo: antes o después la saliva le cae a uno en la cara. Es un negocio en el que solo hay pérdidas, y solo los tontos se embarcan en esos negocios. De cualquiera podemos reunir un montón de defectos, pero todos tenemos alguna virtud. Hablemos de estas e ignoremos aquellos, la actitud de la gente hacia nosotros cambiará  repentinamente, y haremos amistades duraderas. Cuesta muy poco. Huid de las críticas como de la peste. “Mi mujer es tan buena, decía uno, que siempre habla bien hasta de sus amigas”.  Y lo decía en serio.

Agnósticos y ateos consideran un honor y presumen de no creer en Dios. Tienen como dogma de fe que las verdades trascendentes no pueden ser conocidas ¿entonces como nos quieren obligar a pensar que Dios no existe? Dios existe, pero ¿qué lugar ocupa en nuestras vidas? Se empeñan en no creer aquello a quienes Dios obligaría a vivir de otra ma­nera, prefieren seguir siendo esclavos de de la carne, del mundo; son los santones del ag­nosticismo. ¿Qué es difícil demostrar la existencia de Dios? Mucho más es demostrar que no existe. Y, nunca podremos desprendernos de El.

El arcángel Rafael hizo a Tobías la siguiente recomendación antes de que se despo­sase con Sara: Escúchame y te mostraré quienes son aquellos sobre los que puede preva­lecer el demonio. Son los que abrazan el matrimonio de tal modo que excluyen a Dios de sí y de su mente, y se dejan arrastrar por la pasión como el caballo y el mulo, que ca­recen de entendimiento. Sobre estos tiene potestad el diablo. (Tob 6,16-17)

El matrimonio es una comunidad de amor indisoluble, porque así a lo ha que­rido Dios. Exige capacidad para entregarse libremente para siempre. La libertad no existe si no se ejerce. El amor debe ser total, fiel, fecundo, sin cálculos ni reservas egoístas. La prueba del amor es el sacrificio, y ese amor es el fundamento de la familia, único sitio donde cada uno somos amados por lo que so­mos, no por lo que tenemos o valemos. Sólo quien se entrega a los demás- también en el ma­trimonio- puede ser dichoso en la tierra

El amor hay que mantenerlo y ganárselo día a día con detalles de delicadeza y exqui­sitas maneras. Jamás riñamos ante los hijos. Las groserías y las zafiedades arruinan la con­vivencia.  Recordar y festejar cumpleaños, santos, acontecimientos notables. Pequeños regalos en días cualesquiera, simplemente porque sí, porque nos queremos. El secreto está en lo cotidiano, comportándonos como lo haríamos en presencia del rey o de la reina; pues mas que una reina debe ser para el es­poso su mujer, y más que un rey el esposo para la mujer. Rezad juntos pues familia que reza unida se mantiene unida mediante lazos sobrenaturales.Dichoso el hombre que se casa con la mujer que ama; pero más dichoso aún el hom­bre que ama a la mujer con la que se ha casado.

Hijos

 Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en los sobrenatural. Esto requiere comprensión, prudencia y, sobre todo, mucho amor. Poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado para la educación , la impo­sición autoritaria y violenta. Aunque, a veces, en situaciones límites, tampoco pasa nada si se le da una  "guantá" a un nene revoltoso.

 Los padres deben encontrar tiempo para estar y hablar con sus hijos. Los hijos son más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso. Quien fra­casa con su familia ha fracasado en su vida.

 Los hijos buscan en sus padres algo más que un conocimiento más amplio que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría: un testimo­nio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas situaciones que se suceden a lo largo de la vida. Que los hijos vean que sus padres viven de acuerdo con su fe, que les dedican tiempo, que les creen, que rezan por ellos, que en su hogar se refleja la luz de Cristo, y que son, por eso, hogares luminosos y ale­gres.

 El sexo no es solamente algo biológico; sino que afecta al núcleo íntimo de la persona.¿Por qué hablan tanto de libertad los que son esclavos de la corrupción? La industria de la pornografía intenta legitimar cualquier clase de sexualidad.  Para los católicos si no hay sa­cramento, no hay matrimonio.En el corazón de muchos hombres y mujeres se ha ins­talado la concupiscencia. Esta es la causa de no querer hijos, junto con un cierto pesi­mismo ante el porvenir, un egoísmo desenfrenado que no quiere compartir ni siquiera con un hijo los bienes de la tierra, y un materia­lismo consumista que ahoga la riqueza de una verdadera vida humana.

Quede muy claro, por tanto,  que el matrimonio, para los católicos, es uno, indivisible y hasta la muerte. Como dice el bellísimo ritual de bodas: “juntos en las alegrías y las penas, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe”

 Muchas cosas han cambiado desde hace dos mil años. Cambian y pasan las modas, las teorías filosóficas y las ideologías, pasan  los gobiernos, y cambian y pasan los pueblos. Cada siglo aparecen nuevos enemigos de la iglesia que la combaten a muerte , esperando destruirla. Los enemigos van muriendo y la Iglesia sigue viva. Tras dos mil años de historia la doctrina de Cristo sigue, en lo básico, igual que al principio. El matrimonio, también. Alguna razón habrá.

                                                                Alejo Fernández Pérez

                             


El 1-1-1999 entró en vigor el 

“DIRECTORIO DE PASTORAL PREMATRIMONIAL  PARA LA ARCHIDIOCESIS  DE MERIDA-BADAJOZ”

del cual  entresacamos los puntos siguientes :

1       Para el creyente cristiano el sacramento del matrimonio es ante todo un don que se acepta desde la fe como un signo de Dios amor

2       ...que la Iglesia ofrezca a los jóvenes, que voluntaria y libremente opten por “casarse por la Iglesia”, la ayuda necesaria  para comprender cuales son las actitudes con que deben acercarse al matrimonio y cuáles los compromisos que contraen al “casarse en el Señor”

7       El matrimonio es una “íntima comunidad de vida y amor”. El amor es, por tanto, la raíz y base de todo matrimonio

10.1  (El matrimonio) es una comunidad conyugal de vida y de amor: establecida sobre la alianza y donación personal y total de los cónyuges...

11     Entre fe y sacramento existe una unión necesaria, sin la cual éste quedaría reducido para el sujeto y para la comunidad a un puro rito carente de sentido.

12     Para los cristianos el matrimonio, que tiene su origen en Dios Creador, implica (...) una verdadera vocación a un estado y vida de gracia particulares, que requiere una preparación adecuada y especial...

El matrimonio celebrado sólo civilmente es nulo en el fuero eclesiástico

Es muy conveniente leerse este breve Directorio pues en él se dan instrucciones para los diferentes casos y circunstancias que se pueden dar

                                Mérida, enero de 1999

                                Alejo Fernández Pérez

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André Frossard fue educado en un ateísmo total. Encontró la fe a los 20 años de un modo sorprendente,  en una capilla del barrio latino, en la que entró ateo, indiferente, y salió minutos más tarde  católico, apostólico y romano. Periodista brillante ha publicado numerosos libros, fue miembro de la Academia francesa. Su padre ha sido  el primer secretario general del partido comunista francés.  De uno de sus libros entresaco algunas observaciones suyas sobre el matrimonio:

Comparar el matrimonio con una cárcel es una trivialidad de sainete bufo. De todos modos, más vale estar dos en una celda que quedarse allí uno solo  mirando las paredes durante años. .... Los que tanto temen pasar su existencia “con una sola persona” acaban con pasarla con “su sola persona”

Comenta que Juan Pablo II expresó de forma decisiva que “ No se casa uno a prueba como  tampoco se muere a prueba”

El matrimonio a prueba desconoce la esencia misma del matrimonio, que es un compromiso para siempre, ratificado por un “si” recíproco sin reserva, un “si” que sea un “si” y no una aquiesciencia flotante sobre los fondos disimulados de la reserva mental. La menor fisura en ese “si”  inicial es motivo, al final, de dislocación.....esas posibilidades de dislocación se reducen cuando se ha tomado a Dios por testigo del compromiso y se le ha hecho depositario de su palabra...cuando Dios se asocia a un acto humano no es ya nuestra manera de ser lo  que cuenta, sino que es la suya la que tiende a imponerse,...

La unión libre no es más que una conjunción provisional de soledades, y los  hijos que podría traer al mundo serán huérfanos, ya de padre, ya de madre o de los dos a la vez.

Si es el cuerpo el que ocupa el papel principal en el amor, hay grandes posibilidades de que éste se degrade con él y que lo que comenzó en deseo termine en aversión.

El amor, fiel a su principio divino, no acabará mas que en él, y la edad no hará más que remozarlo; y esto es tan verdad porque sólo hay un medio de permanecer joven, que es la de ser eterno.

El matrimonio no produce dos prisioneros, sino una libertad en dos personas.