Burocracia ruinosa I

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

La burocracia forma parte ineludible de cualquier empresa humana,  sea esta comercial, religiosa, militar, enseñanza,… El cumplimiento de las leyes exige un papeleo, que si se descuida o minusvalora deviene en efectos desastrosos para la actividad. Recogemos algunos casos reales, que en España están desapareciendo rápidamente desde que entramos en la Unión Europea.


¡Me rindo! Si para abrir un pequeño local de negocio necesito tantos trámites y gastar tanto tiempo y dinero, me lo pensaré más despacio. .Se lamentaba J.E., futuro empresario, en una gestoría.Se lo pensó,  y tres puestos de trabajo quedaron sin crear ¿De verdad es tan difícil? Le comento sorprendido al gestor y amigo. Unas cuantas preguntas más, y surge una cascada abrumadora de documentos que se precisan, de casos peregrinos, de irritantes tiempos perdidos y de burocracia paralizante y sin sentido.

Es inútil, y no es mi intención, tomar los casos reales que expongo a continuación como arma arrojadiza contra los gobernantes de turno. Ellos mismos se encuentran atrapados e inmovilizados en gran parte por la tela de araña de la burocracia. Leyes, normas, inspectores puestos para facilitar las relaciones humanas se convierten con frecuencia en verdaderos tapones que frenan nuestro  desarrollo económico y social. La burocracia en sí misma no es buena ni mala, todo depende de quien la aplica. Cuando cae en manos del leguleyo de turno, romo de inteligencia, medroso o sobrado de mala leche, se convierte en una peligrosa arma de destrucción.

 Para empezar, a J.E.  le  exigen no menos de 16 documentos, después tiene que enfrentarse a  27 gestiones básicas: honorarios del notario, del registrador, del registro mercantil; impuestos diversos, seguros, hacienda, Seguridad social, Licencia Municipal, ..... El pobre empresario verá con sorpresa y horror que casi todas las gestiones anteriores se dividen en otras varias, que precisan rellenar las “Hojas Modelos” X,Y,Z,..., más hojas, más documentos, más fotocopias y más firmas hasta sobrepasar bastante las  100 gestiones en diferentes ventanillas. Muchas de ellas con el “Vuelva V. mañana” Y, eso sí, en todas partes le pasarán una notita  con euros a pagar. ¿Tiempo a perder? Póngase a rezar.

El empresario novato descubre enseguida lo que significa el trato con los empleados, con hacienda, los sindicatos, los bancos, la terrible competencia, los abastecedores, los clientes -esos señores que siempre tienen razón-, los seguros y las chapuzas. Si trabajó para un Organismo Público, se enterará de lo frecuente que es cobrar tarde , mal o nunca, tras sacar las facturas de paseo durante meses o años. Si pidió una subvención para levantar la empresa a lo mejor se la pagan, si se la pagan, pues son tantas las condiciones exigidas que lo más probable es que termine aburrido echándose en manos de un banco, el cual le apretará bien las clavijas. Para que el obrero pueda trabajar 37 ó 35 horas semanales, el patrón tendrá que hacerlo durante más de 60 horas, incluyendo muchos fines de semana.

Hace algún tiempo, un Organismo público exige a una pequeña empresa el permiso definitivo de apertura para firmar un contrato por valor de varios millones de ptas. Todo está en regla, sólo falta pagar dicho permiso. El pequeño empresario estuvo a punto de perder el contrato porque nadie, en su Ayuntamiento,  sabía cuanto tenían que cobrarle. Diariamente, durante más de un mes anduvo con 125.000 ptas en el bolsillo de ventanilla en ventanilla.

A  P.E. se le ocurrió un día construir un tabique sin licencia municipal. Le descubren, y sobre él cae el peso de la ley en forma de un “Decreto de Alcaldía”, que inicia las “actuaciones oportunas”  para determinar las “responsabilidades administrativas” por “desobediencia a la autoridad” Se nombra un “instructor de expediente”. Contra esta decisión puede  interponer un “recurso administrativo”, etc. etc...Todo lo cual cuesta mucho más que el dichoso tabiquito. El pobre P.E. no sabía ni entendía el lío en que se había metido pues además le exigen, sin que vengan a cuento: las medidas del anuncio luminosos o no, proyecto de acondicionamiento firmado por técnico competente, condiciones acústicas, contraincendios, certificado final de obra, ... Y, todo esto para una obra de una mañana con un peón en paro.

F.P. tardó casi cuatro  años en poner a su nombre la herencia recibida. Recorrió las oficinas del Ayuntamiento, de Hacienda y de la antigua Cámara Agraria en numerosas ocasiones, tanto en su pueblo como en Badajoz. Añádase a esto las dificultades para pagar los correspondientes impuestos no puestos a su nombre. Viajes perdidos, mañanas perdidas y días perdidos. Multiplíquese por el número de casos parecidos en la Región y resultarán enormes pérdidas que nadie contabiliza.

J.S. intenta cambiar la titularidad de su empresa. Primero necesita la autorización del Ayuntamiento. Tras más de un año aún no la ha conseguido. Cuando la obtenga, tiene que repetir la misma función con Industria;mientras tanto, el pobre J S “anda a calzón quitao” de ventanilla en ventanilla y de técnico en técnico para no actuar “ilegalmente”. Tuvo que cambiar la acometida del agua y le llevó más de seis meses. Apareció un señor que mandó parar las obras porque antes había que hacer unas catas por si habían restos arqueológicos, le pidieron la orden por escrito y el tal señor no volvió a aparecer.

A.S. debido a las lluvias de los dos últimos años, tiene que cambiar el techo de un local comercial, el techo se está hundiendo, la obra es muy urgente. Pide autorización al Ayuntamiento y pensó que ya podía empezar. Empezó, pero a los pocas fechas, en dos días, se le presentan los municipales seis veces . Le paralizan las obras , recibe escritos amenazantes, tiene que ir rápidamente al aparejador, hablan, se ponen en marcha las amistades y en unos 20 días se pudieron reanudar las obras, a pesar de no haber recibido aún la autorización, por que alguien utilizó el sentido común. Hable el lector con cualquier constructor, por ejemplo,  y encontrará abundantes e insospechados casos más.

Algo falla cuando escuchamos: “Por favor, que no aparezca mi nombre ni el de mi empresa en ningún escrito” La gente continua teniendo miedo de hablar, temen posibles represalias de las autoridades, y esto sí que es grave. La democracia es buena en abstracto, pero en los pequeños pueblos, los odios, las intrigas, las simpatías, tienen un efecto abrumador. Otro comenta: “La mejor subvención es que dejen de ponernos tantas trabas en nuestro trabajo”. ¿Por qué en los EEUU donde el despido es casi libre no hay paro? ¿Por qué ha desaparecido en pocos años de Inglaterra? ¿Por qué no existe en Japón? ¿Qué burocracia rige en esas naciones? ¿Cuales son las condiciones en que se mueven sus empresas? Alguien tendría que pararse a pensar por qué el bien más preciado para cualquier persona: un puesto de trabajo aceptablemente remunerado, solo lo consiguen los denostados paises capitalistas. Al final va a resultar que lo peor del capitalismo es no ser capitalista. Por supuesto,capitalista con capital.