Avaricia, dinero, poder

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

Esa ansia, ese apego feroz  y egoísta a los bienes materiales es lo que llamamos avaricia. Esa ansia provoca, a su vez, un trastrueque violento de valores. Para el avaro el dinero y lo que este conlleva es el fin de su vida, no un medio para  vivir. Están a nuestro lado entre nuestros compañeros, socios, amigos. Son fáciles de notar: No se consideran compañeros, socios ni amigos de nadie, y se caracterizan por hacerles a todos la vida desagradable.

La avaricia no se limita al deseo enfermizo de dinero, tiene una extensión espiritual y social que reviste al avaro de una repugnante sordidez de sentimientos que le incapacita para el simple gesto de agradecer un favor, para alabar de forma sincera y alegre una buena acción, para participar en los gozos o dolores del prójimo. En definitiva, el avaro es un ser negado , incapacitado para compartir, para comunicarse y para solidarizarse con los demás. Vive ajeno a la gente que le rodea. Sólo tiene una pasión: atesorar. Este vicio nunca viaja sólo; genera otros muchos que se potencian entre sí: soberbia, robos, mentiras, maledicencia... Aristóteles decía que: El avaro es el que no gasta en lo que debe, ni lo que debe, ni cuando debe.

Avaros son también esas personas que no piensan más que en enriquecerse ocupando los primeros puestos de gobierno, los que procuran ganar  al precio que  sea unas elecciones, los que controlan unas ventas poniendo zancadillas, los que obtienen negocios de la administración mediante sobornos o malas artes; los que valiéndose de su autoridad, fuerza o posición obtienen monopolios con beneficios brutales extorsionando el mercado, y todos esos trepadores que pululan a nuestro alrededor enriqueciéndose  a fuerza de empobrecer a los ciudadanos. Ya no son los que guardan las monedas en un cajón de sus casa para regodearse contándolas y acariciándolas por las noches. Estos son más peligrosos, pues no lo parecen

En la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro,  hablando en términos actuales,  podría ser que Epulón fuese a misa todos los días, que comulgase con frecuencia, que diese limosnas al culto, que ayunase y perteneciese a alguna cofradía; sin embargo, consta que fue al infierno, no por todo eso, sino  porque ignoró a un pobre, a Lázaro,  que se sentaba a su puerta cada día. Todo lo quería para él, todo lo perdió. Lo esencial no es que tengamos más o menos bienes materiales, sino la forma en que los usemos. Ese, precisamente ese, es uno de los más importantes criterios para entrar en el reino de los cielos.

Martín Lutero King en su libro, “La fuerza de amar” describe de manera magistral la psicología de un rico avaro, comenta:  “Jesús no llama necio al hombre rico por serlo ni por haberlo hecho de forma deshonesta, sino porque los objetivos por los que vivía se le confundieron con los medios por los que vivía. Tantas veces había dicho yo y mío  que estaba incapacitado para decir nosotros y lo nuestro  Tenía la inconsciente sensación de ser el Creador, no una criatura ” Y King se pregunta ¿ No podría ser que el rico fuera la civilización occidental ? ”  ¿Cuántas familias se han destrozado porque el marido o la mujer viven sólo para trabajar, olvidándose de la mujer, del marido o de los hijos? ¿Cuántos amistades perdidas por análogo motivo? ¿ Merecía la pena?

Nuestro poder científico ha sobrepasado nuestro poder espiritual. Hemos consumido la vida en el sostenimiento de la vida. Hemos olvidado que la “vida” del hombre no le viene de sus bienes sino de aquellos tesoros del espíritu, las buenas obras,  a los que no se pueden robar,  ni los roe la polilla. Nuestra sociedad está marcada por una monstruosa tentación  a la avaricia en todos los ámbitos de la vida. La avaricia es la mejor aliada de la sociedad de consumo; fomenta la preocupación por triunfar , por el lujo,  de aparentar más, de ser los primeros, de tener los  mejores coches o vestidos,…Hay una raíz más poderosa en la que radica el auténtico mal:  En la organización económica de nuestra sociedad, toda ella basada en el consumismo, en el interés de tener más, en producir más y mejor a base de ignorar y abusar de los hombres y mujeres en el trabajo y en el sueldo..

En realidad, el avaro es un pobre enfermo que da pena y risa. La sabiduría popular lo retrata como “un loco que vive pobremente para poder morir rico. Publio Siro afirma que al pobre le faltan muchas cosas; al avaro, todas. 

Lamentablemente, hablamos tan poco de la avaricia que parece como si no existiese. Ahítos de noticias que aparecen y desaparecen cada pocas horas, cualquier periódico con casi 100 páginas habla de mil simplezas  y nada o casi nada de las cosas realmente importantes para el espíritu del hombre.

Se olvida con frecuencia que  la alegría, la paz de espíritu, el amor, el buen humor, los buenos amigos; el reconocimiento social de una buena persona que echa una mano a los demás, los ratos de amena conversación, la entrega al servicio de  los demás , y el cariño de familiares  y amigos son algunas de las cosas importantes, realmente importantes, en el mundo que no se compran con dinero

Mientras tanto, siguen en pié las radicales palabras de Dios: “ El que va tras el dinero, pecará por conseguirlo…..no se puede servir a Dios y al dinero…la seducción de las riquezas ahogan las palabras de Dios…Quienquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo…Más difícil es que un rico entre en el reino de los cielos que un camello pase por el ojo de una aguja… Nada tan odiosos como el avaro, él es capaz de vender hasta a su alma. Una ligera enfermedad, el médico sonríe, pero hoy Rey y mañana muerto”  Además, los Evangelios nos recuerdan : “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”  Mientras  estemos en la tierra, mejor será no olvidarlo.            

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MANSIONES EN EL CIELO 

Se cuenta que una mujer multimillonaria, asistía regularmente a la iglesia, aunque mas por costumbre que por deseos de servir a Dios. 

Ella siempre que escuchaba acerca del cielo, no sentía mucho interés, ya que, según decía ella, tenía aquí todo lo que deseaba, que no le interesaba en lo mas mínimo estar en el cielo. 

Por eso era que, al pasar el los platos de las ofrendas, siempre echaba solo unos cuantos pesos, pensando que ella no necesitaba de recompensas en el cielo.  

Hasta que un día murió, llegó al cielo, y vio que las mansiones, a vista de ella, no eran muy diferentes a la mansión en la ella vivía en la tierra, y pensó: "Por lo menos no extrañaré mucho mi casa". 

Al momento se le acercó un ángel que se ofreció a guiarla por hasta el lugar en que viviría por toda la eternidad y ella acepto sin mucho interés. Empezó a caminar en pos del angel, pero al ver que caminaba y caminaba y no llegaba, comenzó a desesperarse, hasta que vió dos bellísimas mansiones, y se para el ángel frente a ellas y ella pregunta: "¿Cuál de esas es la mía?" "Ninguna", responde el ángel. Es aquella que está detrás de esas. Ahí estaba una pobrecita casa de madera, muy vieja, con hoyos por todos lados, y con muebles tan mal hechos. 

Entonces la mujer aquella reclamó: "¿Y por qué me van a dar ese tipo de casa y no de las otras?" 

El ángel responde: "Porque es todo lo que pudimos hacer con lo que mandaste desde la tierra".  

Pastor Bernabé Sánchez - Torreón, Coahuila, México 

 

LE DIO EL JAMÓN MÁS GRANDE

Si tienes tendencias a ser avaro, procura ser lo más generoso posible, como lo hizo un campesino rico del Estado de Nueva York, del cual me han contado.

Antes de su conversión era muy miserable. Poco después de que aceptó a Cristo, se le presentó un pobre que había perdido todas sus posesiones en un incendio. El campesino resolvió darle algunos comestibles, y pensó que entre ellos le daría un jamón. Cuando iba a buscarlo, el Diablo le susurró al oído: "Dale el más chico que tengas."

Luego de una lucha, el hombre sacó el jamón más grande que pudo encontrar. Entonces el Diablo le dijo: "¡Eres un tonto!"

El campesino le dijo: "Mira, Diablo: si no te callas, le voy a dar a este hombre todos los jamones que tengo en la despensa."

D. L. Moody 

 

EL HOMBRE AVARO NUNCA SATISFECHO 

Un buque puede ser cargado de oro hasta que se hunda y sin embargo, haber dejado espacio para poner diez tantos de la carga. Así el hombre avaro, aunque tenga lo suficiente para hundirse, no tiene nunca lo suficiente para estar satisfecho. - Trapp. 

 

EL RABINO Y LA PLATA 

"Un día, el rabino Eglón recibió la visita de un hombre muy religioso, muy rico y muy avaro. El rabino llevó a una ventana. ¿Qué ves? Le preguntó. Veo gente le respondió el rico. Entonces el rabino lo llevó ante el espejo. ¿Y ahora qué ves? Volvió a preguntarle. Me veo a mí mismo le contestó el otro. El rabino entonces le dijo: Pues, en la ventana como en el espejo, hay un cristal; sólo que el del espejo se halla recubierto por una capa de plata y, a causa de la plata, no se ve el prójimo, si no se ve uno a sí mismo." 

Autor Desconocido

 

Avaricia

 

Avaricia es vivir en la pobreza por miedo a la pobreza. S.Bernardo  

Es una gran locura la de vivir pobre para morir rico. J uvenal 

En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos. Mahatma Gandhi  

La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga jamás la avaricia. Plutarco  

El que persigue dos liebres no coge ninguna. Publio Siro 

Al pobre le faltan muchas cosas; al avaro, todas. Publio Siro  

La riqueza ha creado más avaros que la avaricia hombres ricos. Thomas Fuller  

Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos. Miguel de Unamuno 

El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos. Thomas Fuller  

La avaricia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable por satisfacer sus necesidades, sin llegar nunca a conseguirlo. Erich Fromm 

Si quieres destruir la avaricia, debes destruir el lujo, que es su padre. Marco Tulio Cicerón 

El avaro carece tanto de lo que tiene como de lo que no tiene. Antonie Rivarol  

El ojo del avaro no se satisface con su suerte; la avaricia seca el alma. Eclesiástico 

El avaro es el que no gasta en lo que debe, ni lo que debe, ni cuando debe. Aristóteles 

El avaro no posee sus riquezas, sino que estas le poseen a él. Bion de Esmirna 

Sólo hay una avaricia honrosa: la de las palabras. Constancio Vigil