Aprendiendo a decir ¡No!

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

A la salida de un Instituto en Zafra, varios camellos reparten drogas gratis a jóvenes estudiantes. Hay chicas que han sido amenazadas y asustadas  por negarse a cogerlas.  “Toma un poquito, nena, y conocerás la gloria”, les dicen. ¿Qué se les podría contestar? Lo mejor ignorarlos, pero si se ponen agresivos, contestadles: “Si es tan buena porqué no se la das a tu madre y a tus hermanitas. El resto te lo puedes tomar tú para reventar en esa gloria.”  El camello ni se enterará ; pero los compañeros de la chica sí.

No es fácil decir ¡nó! cuando es preciso. Generalmente, carecemos de valor para expresar ese nó que, en ocasiones,  puede acarrearnos graves consecuencias.  Acostumbrados a decir amén a todo, por no molestara nadie, terminamos siendo los monaguillos de los más osados o que más chillan. Todo el mundo conoce circunstancias en las que hay que negarse; sin embargo, nos resulta dificil, a veces imposible, sin duros enfrentamientos personales. ¿Cómo hacerlo?

En todos los grupos existe el personaje más o menos dominante. Si su dominio es  positivo todo irá bien, pero en más de una ocasión tiende a llevarnos por el camino equivocado. Es normal que un grupo de amigos y amigas salgan a divertirse un fin de semana.  ¿ A donde vamos ?  Pues a donde vamos a ir: ¡Al botellón!  ¿Chacho, no está ya un poco pasao de moda o es que nuestra inteligencia no da para más? Seguro que  a más de uno le gustaría ir a otro sitio, pero ¿Cómo oponerse?  Como entre los borregos,  el carnero que lleva el cencerro se ha puesto en marcha. El resto del rebaño se levanta, se oyen unos balidos: béee, béee, béee... y uno tras otros siguen al del campano. En ocasiones alguien exclama : ¡ Alto ahí ! ¿Por qué no lo  pensamos ?  ¿No hay otra alternativa ? Porque, desde luego, no contéis conmigo para ir al “Botellón”. Si esto se expresa con decisión y energía, el grupo quedará indeciso, y el del ¡Alto ahí! empezará adquirir un prestigio entre sus compañeros que antes no tenía. Al mismo tiempo,  algunos de los que no se atrevían a oponerse, actuarán de otra forma  ahora; después, el rumbo quizá no sea el mismo para todos.

Por no decir nó, por inercia, hay  quien hasta se casa con la persona que no ama. A esto se le puede llamar de varias formas, aunque ,en el fondo, es siempre la misma: cobardía. En el pecado lleva la penitencia.

Al principio de la democracia, en Mérida, hubo una reunión para decidir si el partido político regional AREX desaparecía o no para unirse a la UCD . Solo una voz dijo NO. Los demás dijimos SI, muchos a regañadientes, pero lo dijimos. Todavía lo estamos lamentando.

Ante las drogas: duras, blandas, de diseño, tabaco, alcohol, el juego, la anorexia,etc, no hay más que una solución: Decir ¡NO! con claridad, ¡NO! con firmeza,  ¡NO! sin dejar la mínima duda. Con las drogas no se dialoga, no se juega.  Hay que tener el valor de huir, de abandonar sin contemplaciones a los amigos (?) o ambientes metidos en ella. En esta materia, en un nó o un sí nos va la vida o la muerte. Y, ya hay demasiadas muertes y demasiadas familias destrozadas.

Es manifiesta la debilidad de los padres para con nuestros hijos. Demasiada permisividad, camuflada en nombre de una falsa libertad, nos ha llevado a consentir y lamentar más tarde no haber dicho resueltamente ¡NO! a nuestros hijos en más de una ocasión.

La puerta de una de las aulas de un colegio se abre de repente. Un chico, Juan,  exclama con voz fuerte. ¡Afuera, estamos en huelga! . Se oye un griterío y los alumnos salen de estampida. Inmediatamente, desde dentro se oye otra voz enérgica: ¡Un momento, Juan!, antes, pasa e infórmanos: ¿ Quién ha decidido esta huelga y por qué? A nosotros no nos ha consultado nadie; así que pasa informa tu , nos informaremos nosotros , y decidiremos “nosotros” en votación.

Hay personas que si no están hablando mal de otras parecen mudas . En realidad, a esas personas les importa un comino ese otro. Indirectamente desean llamar la atención sobre ellos mismo, como diciendo: Yo no soy así, yo soy un tío fenómeno. Quienes le escuchan, por aquello de no molestar al maldiciente terminan sumándose al discurso, hasta que alguien contesta: “ ¡ Oye Juanillo!  Yo no sabía que tu te interesabas tanto por Paco; cuando le vea, ya le  contaré tus desvelos por él.”

En reuniones políticas, religiosas, de trabajo  o sociales ¿ Cuántas veces nos hemos apresurado a asentir  a propuestas erróneas o incluso injustas, simplemente porque las pusieron encima de la mesa la mayoría o el jefe?  ¿Cuanto daño hicimos? Por lo menos, aleguemos falta de información, pidamos más tiempo, votemos en blanco o no votemos; pero nunca digamos SI donde,  en conciencia, tenemos la obligación de decir NO.

La vanidad, el  ansia de presumir, de resaltar es tan fuerte que algunos no sabiendo que hacer,  terminan presumiendo hasta de sus propios defectos. El vanidosillo sonriendo, exclama:“ En la discoteca, bebiendo whisky no hay quien me siga, me los tumbo a todos. En clase los profesores me tienen miedo. Cuando hay broncas, mis amigos siempre recurren a mí, soy el más burro. En el pub ya me temen”.  Este pobre hombre intenta vendernos sus memeces como si fueran monedas de oro. En el fondo, a esta criatura  le aterra saberse a sí mismo muy poca cosa. Los demás, solo  le tienen en cuenta para evitarle. De todas formas, NO jaleando sus gracias, quizá se le podría domar un poco. No mucho.

¡Paco! Toma un porrito, tío.” “No gracias, Juan, no fumo eso. ¿ Pero hombre- contesta Paco-, es que no tienes “reaños” para fumarte un porro?” . “Pues, mira, para fumarme un porrito no tengo valor, pero para no fumármelo,... me sobran reaños.” Uno de los amigos comunes, confuso ante esta respuesta, le hace un corte de mangas a Juan mientras exclama  ¡Toma porrito,Juanito!