Crítica a la fiesta pagana
Autor: Alejo Fernández Pérez
Antonio Cánaves Martín, buen católico, dice él, de Palma de Mallorca, escribe una carta sobre la Semana Santa en España. No deja títere con cabeza. Para él todo es un espectáculo carnavalesco. Lo hace en el periódico digital www.laclave.com.do de la República Dominicana del 19 de abril. Creo que mis amigos dominicanos merecen una aclaración.
Sr. Cánaves yo no se que Fiesta de Semana Santa conoce V., pues Palma de Mallorca no tiene fama de procesiones. No voy a deshacer sus "razonados argumentos", solo servirían para echar más leña al fuego. Sin embargo, muchos españoles podemos darle otra versión algo diferente. Por ejemplo:
Los costaleros cargan con más de 30 o 40 kgs durante bastante horas para llevar en hombros a su Virgen. Es la parte del peso del "Paso" que les corresponde. Fernando, un concejal del Ayuntamiento de Mérida va este año por vez primera y comenta a un periodista: "Aún estoy emocionado, he pagado mis culpas, me siento más limpio, estoy nuevo y reboso gratitud a los costaleros"
Ante la Virgen o el Cristo crucificado la gente se arrodilla, se santigua y a muchos se les saltan las lágrimas. Un silencio fervoroso acompaña a los "pasos". Un escalofrío y angustia contenida recorre nuestros cuerpos. ¡Nó, esto no es una carnavalada! Las personas sencillas saben que en estos días recorre nuestras poblaciones un incomprensible fenómeno de amor .
Durante todo el año hombres , mujeres y niños han estado preparando su "paso": vestidos, coronas, joyas, flores,.. todo es poco. Se trata de que su madre, nuestra madre o su Dios, nuestro Dios, salgan a la calle para visitarnos. Para que los vean los que no entran en el templo. Los sacerdotes no organizan nada, todo es obra de los "cofrades" quienes instan a sus sacerdotes a acompañarles. Y le aseguro que la mayor parte de estos cofrades son obreros y personas más bien pobres.
¿Por qué, en estos días, los templos están llenos a todas horas. ¿De dónde sale ese fervor que parecía enterrado? Muchos de los que no suelen ir a misa, ni se acuerdan de Dios durante el año, lo vuelven a descubrir en lo más profundo de sus corazones. Las autoridades, la música, la televisión acompañan y se hacen eco de estas manifestaciones. La progresía rampante empeñada inútilmente en arrinconar y eliminar a Dios de la sociedad queda confusa. ¿Qué está sucediendo?
Mi nietecina de cuatro años aplaude nerviosa ante el paso de la Virgen. "¡Mamá, mira que guapa; mamá mira que guapa; mira que guapa, mamá!" Grita a su madre. Y a su madre, que raramente entra en un templo, se le humedecen los ojos. En otro momento la niña cuenta: " He visto a Jesusito, iba en una burrita; ¿está vivo verdad? Si hija, sí , responde la madre, está vivo. A sus pocos años ha descubierto una gran verdad: ¡Cristo está vivo! ¡Cristo vive!
Largas filas de hombres y mujeres, muchos niños, vestidos con su peculiar traje y "capirote" que les tapa la cara acompañan a sus "pasos" . El jadeo por el esfuerzo , el ra, ra, ra del arrastre de los pies de los costaleros; tapados por los largos faldones del paso, junto al silencio fervoroso de los acompañantes es algo difícil de olvidar. Hombres hechos y derechos que sollozan y lloran en la oscuridad por sus pecados o piden temblorosos por sus seres queridos. En todos ellos no hay más que un sentimiento: AMOR ¿Sabe V. que es eso? Pues esa es la explicación que V. como "buen católico" ha sido incapaz de entender. Nosotros estamos seguros que ni la madre de Dios ni su Hijo se han ofendido, y sí se han sonreído agradecidos por estas muestras de cariño.
Su carta, sin duda escrita con la mejor de las intenciones, es una cruz más añadida a la que ya lleva Jesús. Son demasiados los católicos empeñados en "Ser más papistas que el Papa" , en reformarnos y en quejarse de todo. Si no están conformes ¿Por qué no se marchan y nos dejan en paz? A lo mejor descubren que ni la Iglesia católica es tan mala ni las demás tan buenas. A la Iglesia le sobran enemigos de afuera y "amigos" de adentro.
Posiblemente, el ángel de la guarda de Antonio, preocupado ante la carta de éste, ha elevado su mirada a Jesús y le ha rogado : "Señor, líbrame de mis amigos, que de los enemigos ya me libro yo"