Biblia y políticos II
Autor: Alejo Fernández Pérez
El Nuevo Testamento, los Evangelios remachan aún más al Antiguo Testamento. No solo hay que amar a Dios, sino que una de las mejores y más creíbles formas de amarle es la de amar y “servir” a sus otros hijos, a los más necesitados. Leemos en
Evangelio de San Mateo 25, 31-46
"Cuanto hicieron con el más insignificante de mis hermanos, dice Cristo , conmigo lo hicieron" …Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme”. Queda claro: amar es servir
Entonces le responderán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extraño y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a verte?”
Y el rey les responderá: “Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de éstos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”. No con este o aquel sino Con ”cualquiera”. No hay escapatoria.
Después dirá a los de la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, vayan al fuego que no se apaga, preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; fui un extraño, y no me hospedaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me visitaron”. Ese “apartaos de mi malditos” obliga a los cristianos mucho más que los guardias, multas o cárceles, cuyo coste nos podíamos ahorrar.
Entonces responderán también éstos diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, cuándo fuiste un extraño o estuviste desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te socorrimos?”
Y él les responderá: “Les aseguro que cuando dejaron de hacerlo con uno de estos pequeños, dejaron de hacerlo conmigo”.
E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna»
Cierto que estos mandatos son de difícil cumplimiento, pero ¿ cómo nos hubiésemos comportado sin esas doctrinas? Quizá estaríamos hoy tratando a nuestras mujeres como las tratan los islamistas; sacrificando personas como las sacrificaban los indios de América o en la India; adorando a los Césares como los romanos o venerando culebras o escarabajos como los egipcios,…
Alguno partidos políticos, y ciertos progres pelean por sacar la religión de la escuela. En realidad, son personas que desconocen la verdadera cara de Cristo, y conocen del progresismo lo que dicen cuatro consignas, pancartas o eslóganes. En la escuela, a través de las diferentes asignaturas, se aprenden “cosas”, pero se les olvida que la Religión va ás alla´: sirve para formar hombres y mujeres en una doctrina y con una moral que les permita vivir con la dignidad de hijos de un Rey. Pocas personas están tan bien capacitadas como los “verdaderos” católicos para “convivir” en este mundo con los demás; saben que mañana tendrán que dar cuenta a Dios del trato que den a sus hermanos, algo más serio que “gorronear” con el político de turno.
El intento de combatir a la Religión solo indica la degeneración moral y social a que nos ha conducido una serie de políticos corruptos, para quienes la religión es un dedo acusador. ¿Qué el diablo no existe, que es un cuento? Lo comprobaremos tras la muerte. Para algunos será demasiado tarde. Se cuenta que la mejor victoria del diablo es haber conseguido hacer creer al mundo moderno que no existe. Y parece haberlo conseguido.
Cuando se pretende eliminar la Religión de la vida es para sustituirla por alguna ideología política de esas que han fracasado al querer imponer un “hombre nuevo”, o por otra religión o por las ideas de alguna secta o de algún artista de moda. Las leyes escritas por los hombres son perecederas y cambiantes según sus intereses o caprichos. Las palabras de la Biblia son eternas, pues han sido escritas por la mano de Dios. Sus palabras: “El Cielo y la Tierra pasarán, pero mis palabras, no pasarán”, siguen vigentes desde hace dos mil años. Y algunos sin enterarse.