Biblia y políticos I

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

 

De pronto, algo oído o visto mil veces se nos presenta con una luz nueva. Como recién descubierto, encontramos un antiguo tesoro: la Biblia. La teníamos a nuestro lado, y nos sorprende cuando comprobamos que nos da la solución a los problemas básicos de la humanidad, buscados y no encontrados en ningún otro sitio. 

Cuando creemos en Dios y lo metemos en nuestras vidas, entonces todo se explica; cuando no creemos o lo expulsamos y apartamos de nosotros, entonces no se explica nada. Si V. Es de este segundo caso, no siga leyendo, a no ser que sienta una rara inquietud en su corazón. 

Para muchos el cristianismo es muy exigente, pero cuando se le conoce y vive resulta mucho menos que cualquier secta o partido político. ¿Cuánto exigía a sus fieles la religión comunista y a cambio de qué?

¿Dónde y cuando podrían encontrar un programa político o social como el que se lee en ese libro? Por algo, en las habitaciones de todos los hoteles de los EE.UU. se encuentra una Biblia. Se empezó a escribirla hace más de 3.000 años. Desde el principio ha regido la vida de millones de hombres y, hasta hoy, nadie ha sido capaz de superar sus enseñanzas. Todos los intentos de gobernar sin Dios han devenido en fracasos estrepitosos: Rusia, China, Camboya, Cuba,…Ahora, algunos lo están intentando en España. ¡Pobre gente! Nunca se enteran. Incluso hay “progres” empeñados en sacar la religión de la escuela.

La lectura y la aplicación de la doctrina de la Biblia y, sobre todo, del Nuevo Testamento ya descubrió L. Mondadori que eran el mejor manual para afrontar la educación y los problemas de este desquiciado mundo “¿civilizado?”. Veamos solo dos casos entre cientos: uno en el Levítico y otro en el Evangelio de San Mateo. Sigan y lean hasta el final, son palabras que no huelen a cirio ni a moralina:

En Levítico 19, 1-2.11-18 leemos:

"Juzga a tu prójimo con justicia" 

En aquellos días dijo el Señor a Moisés: 

«Di a toda la comunidad de los israelitas…No robarán, no mentirán, no se engañarán unos a otros. Claro que lo sabían pero lo tuvo que mandar Yahvé

No juren en falso por mi nombre, pues sería profanar el nombre de tu Dios. 

No oprimas ni explotes a tu prójimo; no retengas el salario de tu trabajador hasta la mañana siguiente. Hoy se hace más finamente

No te burlarás del mudo, ni pondrás tropiezo al ciego. Temerás a tu Dios. 

No procederás injustamente en los juicios; ni favorecerás al pobre, ni tendrás miramientos con el poderoso, sino que juzgarás con justicia a tu prójimo. La Ley no es siempre la justicia

No andes calumniando a los de tu pueblo ni declares en falso contra la vida de tu prójimo…Tras difundir calumnias se llega al odio 

No odiarás a tu hermano, sino lo corregirás para no hacerte culpable por su causa. 

No tomarás venganza ni guardarás rencor a tus compatriotas. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. ». ¿En qué religión hay algo parecido?

Palabras como estas se adelantaron en miles de años a todas las políticas sociales de nuestra época. Lógicamente, para entenderlas hay que creer en ese Ser superior que llamamos Dios. Y somos más de mil millones las personas que creemos en El y sus palabras. Los que aún no le han hallado le siguen buscando , muchos honestamente, a través de esas miles de sectas y pseudo religiones con las que intentan calmar sus ansias de eternidad.

Se podría argüir que los anteriores mandatos serían válidos, si se cumpliesen bien. Desgraciadamente, pocos cristianos la cumplen a la perfección; lo cual no invalida un ápice el valor de la doctrina, sino que tiene que ver con la debilidad de la naturaleza humana. Los hombres son incapaces de seguir con rigor ningún programa religioso, político, social, deportivo, etc. ¡en ningún caso! Los programas, las doctrinas suelen ser metas muy altas, inalcanzables para la mayoría de los humanos, pero cumplen con la función de estimularnos hacia la perfección.