Cortesía y progresismo II

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

 

En la progresía no hay base para la cortesía, pues no admite valores individuales. La única relación del progresismo con la cortesía es el intento continuado de  anularla y desprestigiarla.  Marx decía que una persona no tiene valor  si no es como un número de la clase  revolucionaria.

 

Se presume que todas las cabezas son iguales; y si alguno la levanta por encima del nivel de mediocridad, el martillo le cae encima, haciéndola descender al nivel de todas o por debajo. Pero, la suma de ceros no da más que cero, y si cada persona aislada no tiene valor, cualquier conjunto de las mismas tendrá un valor nulo. ¿Entonces?

 

La verdadera cortesía.

 

En la verdadera educación son necesarias las formas, tales como:  pedir por favor, pedir perdón, dar las gracias, sonreír, mostrar cara amable, seguir las costumbres en la mesa o en sociedad y tratar con amabilidad a todo el mundo, cosa no reñida con la firmeza cuando hace falta. Sin embargo, esto no es suficiente. La gente quiere algo más, quiere percibir que tras las formas se esconde un verdadero respeto por su persona, quiere sentir el “amor” de los otros por él.. Y esto ya viene en los Evangelios desde hace más de dos mil años. Recordemos:

 

Flp 2, 3-4 “ No hagáis nada por espíritu de competencia, por vanagloria; antes, llevados de la humildad, teneos unos a otros por superiores, no atendiendo cada uno a su propio interés sino al de los otros” ¡Casi naaa! Algo así como amad a los demás y alegraos reconociéndolos en algo superiores a nosotros. Se nos pide humildad, virtud exclusiva de gente fuerte y con mucho coraje. No se trata , pues, de la cortesía o condescendencia del superior al inferior; ni de la cortesía en una sociedad sin clase  en la que se busca la eliminación del que está arriba más que elevación del que está abajo. La jerarquía, el talento, el poder, el dinero son para servir a los otros. Servir es una forma de amar, y amar es el fundamento de toda educación.

 

Mt 7,12” Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo  vosotros a ellos, porque esta es la Ley de los profetas” Si queremos ser respetados, respetemos primero. Si queremos ser tratados con educación, seamos educados.

 

Jn 4,8 “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” Son los sin Dios los que menos respetan al hombre, y no se le respeta cuando no se le atribuye más valor que el de un número.

 

Un cristiano debe amar antes de ser amado para “sacar amor donde no hay amor” La cortesía engendra cortesía. La esencia de la cortesía no está en que miremos a los otros como iguales, sino como superiores. Así se comportó Cristo cuando lavó los pies a los apóstoles

 

Queremos ser amados no por lo que tenemos sino por lo que somos. Como sucede en la familia, donde los padres quieren más a los hijos menos dotados. En todos los pueblos, en el trato con la gente, la sociedad exige  ciertas conductas-a veces no escritas-  que se articulan en una serie de normas decantadas por el tiempo y las costumbres. Conviene tenerlas en cuenta, ya que puede resultar muy peligroso saltárselas. De todas formas cuando el amor existe se perdona todo o casi todo con normas y sin normas

 

En resumen: La cortesía, la buena educación no es más que el fruto del amor que sentimos por nuestros hermanos, y este amor es el reflejo del que Yahvé nos mostró primero. O sea, que V. Messori, tras su conversión al catolicismo después de una vida depravada,  tenía razón, cuando escribió que los  Evangelios son  el mejor manual de conducta de todos los tiempos. Existe un pequeño inconveniente: Hay que leerlos.