Cortesía y progresismo I

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

 

La cortesía , la buena educación, las buenas maneras,… varían de unos pueblos a otros y cambian con el tiempo dentro de una misma nación o pueblo. Aunque la cortesía tiene mucho de arbitrario, en todas partes conlleva el mismo fin: Hacer la vida más fácil y agradable a los demás y a nosotros mismos.

 

Según el diccionario de María Moliner la cortesía es el acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguno a otra persona. Tratar a alguien con buena educación es tratarlo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. La cortesía se supone que es independiente de la religión, la política, la edad y de cualquier condición humana. Cuanta más autoridad o elevado estamos en la escala social más educación se nos exige. Cuando la cortesía falta o falla, las relaciones humanas se deterioran y chirrían;  igual que se estropea  cualquier máquina sin aceite lubricante.

 

Podríamos de decir que antes de la Revolución Francesa las jerarquías estaban muy definidas: La Iglesia, el rey, la aristocracia, los pequeños y grandes propietarios y el pueblo llano, que después se llamaría la clase proletaria. En estos últimos apenas si existían la cortesía en su aspecto formal; pero si tenían una dignidad innata y una conducta adaptada a las normas católicas y a las sanas costumbres. El pueblo sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Existía el honor , la honra y el cumplimiento de la palabra y del deber. La religión, en cierta forma, ponía con el cumplimiento del amor –la caridad- el aceite lubricante para que la sociedad funcionase aceptablemente dentro de las carencias de la época

 

Pero llegan la Revolución Francesa,  los movimientos liberales, la masonería y continúan los abusos de las clases dominantes. Aparece la revolución industrial que desarraiga a los agricultores del campo llevándolos a las ciudades. La Iglesia pierde fuerza, el Rey deja de ser absoluto, los aristócratas encuentran serios rivales en los nuevos ricos industriales y los obreros dejan oír su voz organizados en sindicatos. Las sociedades cambian y con ellas las costumbres.

 

El comunismo, el fascismo y cualquier otra filosofía que niegue las jerarquías, rechaza los motivos de diferencia. Se impone la “Igualdad”, desaparecen los superiores y aparece la sociedad sin clases. Consecuencia, desaparecen los tratamientos de todo tipo ,  sustituidos por el común de “Camarada”. Se hace tabla rasa de todo lo que sobresale: Se liquidó a los intelectuales, a los propietarios, a los agricultores y  a cualquiera que sobresaliese. Se persiguió a la Religión por su superioridad moral y ética. La experiencia ha dejado al descubierto el fracaso más absolutos de los totalitarismos para construir nada bueno. Además dan a lugar a continuas luchas intestinas por el poder y a las “purgas”. Los jefes soviéticos dormían con la pistola bajo la almohada. Casi ninguno murió en la cama.

 

¿ Y qué tiene que ver la cortesía con el progresismo?

 

Caído el muro de Berlín los comunistas, avergonzados de este nombre,  se refugiaron en otras etiquetas : socialismos, marxismo, nacionalismos, los verdes, radicales de todo tipo,... Nacen un sin número de ONGs en su mayor parte de “izquierdas” Muchas están al servicio de partidos políticos, siendo de más que dudosa utilidad. Casi todas ellas gustan de llamarse progresistas, bajo cuyo nombre se agrupan y que nosotros utilizamos aquí por simplicidad.  

 

A pesar de todo, la filosofía y la praxis marxista-leninista-comunista persisten con distintas variantes en Cuba, Venezuela, China, Corea del Norte, las Vascongadas, Ibero América, África,… y, casi está ya en el socialismo del gobierno español. La educación y las buenas maneras fueron y son  consideradas como burguesas y reaccionarias. Sus frutos: el botellón, la falta de autoridad, una educación inexistente, la grosería imperante, la droga, las mafias, las pandillas de jóvenes,  el todo vale, lo cutre, lo zafio,  la persecución religiosa; los nacionalismos pendencieros, que se niegan a ser iguales; el nefasto igualitarismo de la enseñanza y, en todos los casos las ruinas económicas junto a una muy acusada degradación moral y de las costumbres. Todo muy bien adornado con palabras como paz, democracia, igualdad, talante, diálogo,…que no sirven más que para intentar justificar lo injustificable. Propósito oculto: cambiar el significado de palabras, utilizándolas con significados perversos.  Sus únicos valores son  los valores de cualquier capitalista vulgar: el poder y el dinero. Su meta: la destrucción de la civilización judeo-cristiana, al paso que han mostrado una total incapacidad para construir nada mejor.