Carta de la Tierra. 2.

Consideraciones

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

 

En la Carta de la Tierra, como en cualquier programa político, todo es excepcionalmente bueno; de lo malo o menos bueno hacemos nosotros algunas consideraciones a continuación.

En Internet a través de Google, se encuentran unas 3000 referencias. Leo unas cuantas en español y hallo pocas diferencias básicas. Algunas desmenuzan más que otras cada uno de los puntos anteriores. Para profundizar algo más en este escrito vean también: “Mundialismo y globalización” de Arturo Fontangordo en  http://www.iespana.es/revista-arbil/(76)font.htm.

Tras una primera lectura surgen de inmediato una serie de consideraciones y preguntas:

Para empezar, reconozcamos que lo que se pretende está… tan  bien dicho, es tan sugerente, que se escucha con agrado y aplauso! Sin embargo, poco más o menos, la mayoría sus puntos están asumidas por todo el mundo desde hace siglos. Parecen Evangelios un tanto descafeinados. De repente, llegan media docena de señores con espíritu mesiánico y las descubren. ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Sin embargo, en cada lugar, lo que hay que hacer lo sabe hasta el más tonto del pueblo: Cobrar más y trabajar menos. Amar al prójimo como a sí mismo y poco más  ¿Qué partido presenta un programa que no sea Jauja? Lo difícil no es saber lo que hay que hacer, sino hacerlo, caso de que sea posible. En mis tiempos de político, cuando oía prédicas análogas de cualquier salvador de la Patria, siempre me preguntaba: ¿Qué querrá este fulano?, ¿ Que se irá a llevar? ¿Cuánto nos va a costar? Y eran señores muy sesudos. ¡Y se lo llevaban!

Los juegos que hacen algunos con la utilización engañosa de las palabras paz, concordia, igualdad, libertad, fraternidad, solidaridad, justicia; bienestar social para todos y pagando otros,…, además de servir para justificar todo, no tienen más que un defectillo: Las tienen que traducir y realizar los hombres de este mundo, hombres hechos de barro con muchos defectos y pocas virtudes, no ángeles del cielo. ¿ Se acuerdan del ¡No a la guerra!? Pues , a esta carta no le falta más que un eslogan, una pancarta y dos o tres mamporreros para hacer entrar en buen camino a los disidentes. Todo llegará.

Si esta carta se presenta a la firma de cualquier persona u organización, lo más probable, es que se firme sin pestañear. Las dudas surgen no por lo escrito, sino  por lo que se oculta. Entre otras, los redactores de la Carta parecen desconocer la condición humana; dan por supuesto la posibilidad de eliminar la corrupción en todas las instituciones públicas y privadas; advierten que el proceso requerirá un cambio de mentalidad y de corazón. Claro, que esto ya lo intentaron Stalin, Hitler y unos cuantos más. El mismo Cristo enseñó muchos de estos puntos, solo que cimentados en el al amor a Dios y al prójimo. 

Notamos que a Dios se le ha expulsado de la Carta. ¿ Se pretende expulsarle también de la Tierra?. Pero, Si Dios no existe, las religiones tampoco; sus morales y costumbres no tendrán sentido. Recordemos que el judaísmo el cristianismo y el mahometanismo tiene el mismo Dios: El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob . Todos los millones de personas que creen en Dios y toda la civilización judeo-cristiana serían barridos. Jesucristo y su Iglesia desaparecerían de la Tierra, que serán sustituidos por otros dioses ,otra Iglesia y otros dogmas y ritos. Naturalmente, los nuevos dioses serán los sabios y poderosos señores que inventaron esta “mandanga” divina; como  lo fueron los Césares.  Los fariseos y publicanos de la  nueva Iglesia serían, obviamente, los formados  por los familiares, amigos y socios de aquellos poderosos,  a quienes el “mundo mundial”, o un nuevo Espíritu Santo” dotará de una sabiduría y talento, que dejará atónitos y estupefactos al resto de la humanidad. Los diez mandamientos y la Biblia serán abolidos. Todavía no sabemos cual será la nueva Biblia , ni quien el Sumo Pontífice

El bien y el mal lo decidirán unos cuantos señores democráticamente (?)  de acuerdo con su visión particular. Si al día siguiente cambian de opinión,  lo bueno pasará a malo y lo malo a bueno. En contraposición , las leyes de Cristo son eternas , impuestas no por hombres sino por Dios. “El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”

A esta altura de nuestro discurso nos queda la duda de si llamamos a los psiquiatras, ya mismo, o esperamos un poco más. Otros menos iluminados como Hitler, Stalin, Mao-Tse-Tung y una docena más de visionarios, no los paramos a tiempo, y consiguieron arrastrar a medio mundo tras sus utopías. Durante el siglo pasado, intentaron eliminar a Dios, intentaron crear un “hombre nuevo”, engañaron  a la plebe prometiéndoles el paraíso en la Tierra, y se encontraron con un infierno con el que no habían contado. Resultado: solo el marxismo- comunismo causó más de cien millones de víctimas entre sus propios miembros: fusilamientos, hambres, gulags,… sin contar las dos grandes guerras mundiales, y sin contar las víctimas del fascismo. En sus programas habían prescindido de Dios , y habían ignorado la condición humana e imperfecta de los hombres. La caída del muro de Berlín no dejó a la vista más que ruina, desolación  y miseria por todas partes. Y sus programas, en teoría, parecían tan buenos como los mejores.

Los instigadores de este panfleto ¿Quiénes y cuántos son? ¿Quién los han elegido y en nombre de que pueblos? ¿Los que quieren mejorar el mundo, por supuesto,  mandando ellos, lo van a hacer mejor? ¿Quién nos lo garantiza? De momento apenas se saben quienes son, y si los que aparecen son o no hombres de paja. Tampoco conocemos su doctrina oficialmente, ni como se van a elegir los nuevos gobernantes. La existencia entre ellos de “La Nueva Era” o “New Age” y del “Nuevo Orden Mundial” nos hace ser muy pesimistas sobre si son o no “lobos  disfrazados con piel de cordero”

Disponen de mucho dinero y dominan buena parte de los medios de información: T.V. , Radio, prensa, radio que tienen impuesta una censura muy efectiva sobre estos temas. Internet es uno de los pocos medios sin contaminar aún. Siempre han sido los poderosos, los ricos, los soberbios y los muy sabios,  los que han producido los cismas religiosos y sociales. Siempre han sido los santos y la Iglesia- a pesar de los pesares- , quienes han traído la paz y la esperanza a los hombres. Cristo los conocía: “Será más difícil que un rico entre en el Reino de los cielos, que un camello pase por el hondón de una aguja”

Es difícil creer que este movimiento sea labor de un hombre sólo, ni de asociaciones secretas  o partidos políticos. Los hombres somos demasiado tontitos y mezquinos para promover estos giros en la historia. Ya sabemos que Dios no existe para muchos  ni tampoco el diablo. Sin embargo, tiene más lógica admitir a un Dios que crea al mundo, que no creer a los científicos que aseguran que: “al principio existió un puntito vacío en el espacio, cargado de una inmensa energía. En un momento dado hizo ¡ Puuuum! Y por arte de birlibirloque empezaron a aparecer la tierra, los astros y todos los seres. En cuanto al diablo, se dice con frecuencia que  ganó una gran batalla: la de hacer creer a la gente que no existe. Así puede actuar más libremente; pero y ¿si fuese verdad, como muchos creemos, la existencia de Dios y del diablo,  lo del Paraíso terrenal, lo de Caín y Abel, lo de los ángeles buenos y malos?

La Biblia es conocida y está vigente desde hace tres mil años. Ahora, unos cuantos hombres, ensoberbecidos con su poder, han determinado quitar a Dios de su trono y ponerse ellos. Como siempre, como sucede cada siglo, será tiempo perdido. Al final, a los sin Dios debería parecerles más razonable admitir que la Biblia contiene la verdad, aunque sea “la verdad revelada”

Entonces, encajarían mejor muchos  sucesos actuales con  lo que expone la Biblia, especialmente  con el Apocalipsis y los escritos de San Pablo. Los “profetas actuales” están encontrando muchas coincidencias sobre “el final de los tiempos”. Otros, hallarían explicación más convincente a que fuese el diablo, quien estuviese manejando los hilos, y que todos estos sabios recién nacidos, no fuesen más que marionetas en sus manos. “Por los hechos los conoceréis”.