Conflictos entre cristianos

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo1926@gmail.com

 

Parece que los conflictos entre cristianos tienen un plus negativo más que los que tienen lugar en cualquier otra religión o organización. Y así es, pues todo lo que se refiere a la religión lleva un componente añadido para lo bueno y para lo malo.

Pero no exageremos, entre los cristianos, y sobre todo entre los católicos, existen muchos menos problemas – por otra parte inevitables entre los humanos-  que en cualquier otra organización del mundo. Pero sucede que nuestros defectos se resaltan  hasta la náusea por Satanás, sus corifeos y algún que otro de los que se llaman cristianos,  mientras que  las virtudes se ocultan descaradamente.

Los conflictos resultan inevitables hasta en las relaciones de dos solas personas, como el matrimonio. Por otra parte,  Son un síntoma de vitalidad, un principio de libertad y de posibilidad de renovación para mejorar o también ,desgraciadamente, para ir a peor. Es una consecuencia de la libertad.

Lo importante es:

a.  Admitir que tenemos un problema, cosa que no suele ser fácil,  no esconder la cabeza bajo el ala y no esperar, como hacen “los prudentes”,  a que se mueran los contendientes para que se resuelva o desaparezca, sin más. La vida del hombre es corta sobre la tierra y dejar pasar el tiempo puede ser bueno o muy grave. Pues dejar pasar ¿hasta cuando?

b. Reúnanse los afectados, redacten fríamente un escrito de los hechos comprobados – digo comprobados, no de lo que se dice- , piensen que raramente una parte tiene toda la verdad. El escrito debería ser aséptico, correcto, dejando una puerta abierta al contrario y pensando fundamentalmente en los efectos que los hechos pueden causar o están causando en la Iglesia o en la empresa.

c.  Cuesta mucho trabajo denunciar a un superior o, incluso, a un compañero. Pero ¡ojo! Si bien podemos transigir y perdonar ofensas contra nosotros, cundo se trata de ofensas a la  Iglesia, a Cristo o a María no hay transigencias que valgan. La pasividad puede hacernos cómplices de daños muy serios de los que ni siquiera nos confesamos. Denúnciese el caso ante las autoridades competentes, 70 veces si es necesario, o ante los más superiores a estas, si hace falta. En último extremo, como Iglesia, que dicen que también somos los laicos, con todo respeto pero toda energía hemos de tomar las medidas que se consideren necesarias. A los laicos se nos juzgará por nuestras acciones y omisiones; a las autoridades eclesiásticas  por las suyas. Tenemos demasiado miedo al error, a equivocarnos, pero sin errores no se avanza en ningún terreno.

d. Efectos. Copio de otro escrito mío: Entre dos hermanos cristianos o del mismo partido  hay un agravante añadido: ¿Qué efecto causará esta pelea, por ejemplo,  entre las personas que pretenden acercarse a su religión o partido? ¿ Y a estos me voy a sumar yo? Puede que digan. ¿Qué tipo de hermanos son? ¿ Así resuelven estos sus diferencias? Grave escándalo. Además, Satanás y los del “bando” contrario se sonreirán y frotándose las manos con sonrisa burlona dirán a los que les rodean: Miradlos  “como se quieren” ¿Cómo estos queréis ser? Lo importante no es lo que digan los demás, sino lo que piense Cristo

e.  La Iglesia Católica está acosada desde su fundación por bulos, mentiras, tópicos manidos y acusaciones falsas que desfiguran su verdadero rostro. Los  errores se reconocen, se enmiendan, se pide perdón y se descansa en paz. No echemos nosotros más leña al fuego. Si “sólo la verdad nos hará libres”, esta debe prevalecer sin miedo  sobre cualquier otra consideración. Los que sabemos algo de la historia de la Iglesia Católica y de su doctrina sabemos que con todos sus errores humanos, sin duda, es la Religión Católica la que menos defectos humanos tiene – gracias al Espíritu Santo- y su doctrina es tan inigualable que concita  los odios, las envidias y la inquina de todos los hombres “bajitos”. La Iglesia Católica es demasiado buena para soportarla como competidora y los bajitos son incapaces de soportar cualquier excelencia, pues pone de manifiesto su baja estatura. La mejor arma, sin discusión, para combatir estos males es sabida: la oración confiada, pero sin olvidar nuestra colaboración de forma que

f.   Al final. Los que tengan que actuar para solventar el problema, tras enterarse debidamente,  tienen que enfrentarse – sin papeles intermedios- al causante o causantes del problema, han de “agarrar al toro por los cuernos” y con toda la corrección y caridad que quieran pero con toda firmeza y energía han de cortar por lo sano para evitar la cangrena. O se convertirán en cómplices y tan culpables de lo que suceda como el responsable del problema.

Mérida(España), 23 de octubre de 2008