Conflictos humanos. Algunas notas
Autor: Alejo Fernández Pérez
Estos conflictos hacen rechinar y amargan las relaciones entre las personas, especialmente entre los “mandamases” y los “currantes”. “Odio obedecer” Grafitean jóvenes ácratas por las paredes, hasta que les toca a ellos mandar. Pero resulta que desde que el mundo es mundo existen los que mandan y los que obedecen. Y desgraciado del pueblo que no tiene ni un cacique, esos pueblos son como cabras perdidas por el monte, presas de todas las alimañas.
Partamos de la base de que “Las personas están hechas con bastantes defectos de fabricación y con fecha de caducidad”. Es lo que hay, y así hay que tomarlas.
¿Quién no ha visto poner un coche en marcha tirando de una cuerda? ¿O a un ordenador realizar una operación tecleando anormalmente? Algo parecido pasa con ciertas personas. Solo funcionan bien si sabemos “de que pié cojean”. Jefes y empleados estamos obligados a trabajar en armonía si queremos ver triunfar a nuestra empresa. No hay más remedio. Así que ¡Vamos a llevarnos bien! . Pero…
Al entrar en una oficina tropezamos con un reglamento que, sonriendo ladinamente y con "chunga" nos alerta:
Art., 1º. El Jefe siempre tiene razón
Art. 2º. Cuando el Jefe no tiene razón se aplicará el artículo 1º
Art. 3º. Los artículos 1º y 2º son inamovibles
Firmado: El Jefe.
El “mandamás” novato cuando llega a su nuevo destino, lo primero que hace es cambiar las normas, despreciar las actuaciones del anterior, partir de cero y dejar claro quien manda. Cosa de inexpertos con miedo ante lo desconocido. Comentario de una limpiadora: La justicia de enero es muy rigurosa, la de febrero ya es otra cosa.
¿Quieres conseguir algo del político de turno, del director,..? Estudia tu problema, del que tu sabes más que nadie. Propón las soluciones, llévalo escrito y resumido de forma que el “Presi” no tenga más que …firmar. No le exijas que piense ni que trabaje.
Si quieres que alguien se interese por algo, ¡Interésalo! Sonríe y te sonreirán, gruñe y te gruñirán.
En tiempos de fuertes competencias es importante que formemos al personal; pero es mucho más importante que enseñemos a hacer “bien hecho” el trabajo. La chapuza es la ruina del negocio. Sorprende, a primera vista, que multinacionales del sureste asiático hayan solicitado al Opus Dei personas para que les den a sus ejecutivos una dimensión espiritual del trabajo. Saben que los creyentes han de dar cuenta de sus obras a los hombres y a Dios, lo cual da un plus de garantía a su misión.
Ladrones de tiempo. Son todos aquellos que se lo roban a los demás con su falta de puntualidad, de organización, de eficacia,... sea patrón o marinero El tiempo es más que oro, ¡ Es vida !. Y el que roba… es un ladrón.
No se enseña, se aprende y, solo aprende quien quiere aprender. Tras aprender, observar que si no hace bien lo poco tampoco hará lo mucho.
La marcha de cualquier empresa depende en todo o en una gran parte del jefe, y el jefe depende de los que le votaron o le pusieron. La responsabilidad de estos es tan grave como la de aquel. Enseñemos a votar o a seleccionar. Si nos equivocamos rectifiquemos rápidamente. Del dueño y jefe se encargará la competencia
Nadie vale para todo; pero todo el mundo vale para algo. El buen jefe es el que sabe poner a cada uno en su lugar. Cuando un obrero “no vale” en su puesto, tampoco vale quien le puso en él.
Donde no hay honradez, orden, puntualidad, trabajo ni disciplina no hay empresa ni actividad que merezca la pena.
De la discusión , la mayor parte de las veces, no sale la luz sino el amor propio y el orgullo herido, a un solo paso está la pérdida de las amistades o del trabajo.
Quien se mete en el camino del después desemboca en el de nunca. Nunca dejes para después lo que puedas hacer ahora.
El que está por encima, debe estar al servicio de quien está por debajo. Al Papa se le nombra como “Siervo de los siervos de Dios”.
Clemenceau, el tigre, al enjuiciar a dos de su ministro decía: Poincaré lo sabe todo, pero no comprende nada. Briand no sabe nada, pero lo comprende todo. No es suficiente poseer los principios , hay que saber aplicarlos a la realidad.
Tres momentos hay antes de la acción: deliberar, decidir, ejecutar.
Deliberar. Recordemos frases como: " Déjame pensar primero". "No hagas nada sin aconsejarte". "Cuatro ojos ven más que dos". "Quien pronto se determina, pronto se arrepiente". "Gata apresurada pare gatos ciegos". Al deliberar ten en cuenta sólo los hechos comprobados. Decimos hechos, y no opiniones ni habladurías; decimos comprobados, y no meramente ciertos, de forma que las pruebas sean válidas para todo el mundo.
Decidir. "Lo mejor es enemigo de lo bueno". "La política es el arte de lo posible". "La eterna vacilación sume en la incertidumbre". Cuando se toma una decisión "hay que quemar las naves". Si nosotros no decidimos , otros lo harán por nosotros, y no será a favor de nuestros intereses
Ejecutar. Es el más importante de los tres momentos. Es el momento en que se revelan los guías, los jefes. La prudencia se asocia aquí a la fortaleza para hacer frente al desaliento ante las dificultades.
En tiempos de la Triple Alianza se decía: La triple Alianza es la doble, o sea, Bismarck. Así sucede frecuentemente con las comisiones, las forman diez personas y decide uno.
Piensa en lo que debes decir. Piensa también en lo que no debes decir.
Don Abbondio escribía que: Tendemos a alcanzar a los que están más arriba que nosotros, a empujar hacia abajo a nuestros iguales, y a hundir aun más a quienes están por debajo. Así nos luce el pelo. No hay dos personas iguales. Veamos algunos tipos:
Testarudo es el que domina como nadie el espíritu de contradicción. Si afirmamos, él niega; si negamos, él afirma. Mientras le hablamos, él sólo piensa en cómo contradecirnos. Dale un calvo, y lo clavará con la cabeza.
Hipercríticos son los que no se dan por satisfechos con nada ni con nadie. Cortan un pelo en el aire. Examinan los dientes a todos.
Dogmáticos son los que ven el mundo por un sólo agujero. Ven una mosca y piensan que todo el mundo es mosca. Creen que pueden dar lecciones a todos y que sólo ellos detentan la verdad, sólo la verdad y toda la verdad.
El “polemista” está incapacitado para el verdadero objetivo de toda polémica: aprender, y, por el contrario, lo único que desea es, obstinada y orgullosamente, tener razón. ¿Complejo de inferioridad?
También tenemos listillos, locos, necios, visionarios y salvapatrias. De ellos no podemos esperar más que sofismas y medias verdades. Antes de hablar con estas personas pensemos si merece la pena empezar.
¡Ojo! Con los que no tienen ideas, pero las defienden con ardor.
Donde todos hacen lo que quieren, nadie hace lo que quiere; donde nadie manda, todos mandan; donde todos mandan, no manda nadie (Bossuet)
El jefe duro pero justo es siempre querido y respetado ; pero algunos de los llamados jefes “duros”, suelen ser personas de carácter débil, crueles, arbitrarios que solo son capaces de hacerse respetar mediante el miedo a su poder. Se conocen fácilmente en que son detestados por sus inferiores. La empresa se puede ir al garete con estas personas. Para quitarlos del medio no sirven papeles. Al final, con estas personas hay que enfrentarse cara a cara. Los papeles son los pretextos que se utilizan para eludir el mal trago. Siempre hay procedimientos para no humillar.
Los hay con mentalidad leguleya, farisaica y son muy peligrosos porque se empeñan en aplicar la ley al pie de la letra, y así no hay quien viva. No olvidemos las huelgas de celos: Paralizan toda actividad al cumplir leyes y órdenes de acuerdo estricto con la ley.
Libertad.- Los pueblos y los jefes con más éxito son los que garantizan la libertad de los más emprendedores, que serán los que tirarán del resto. Los que se ciñen a las reglas de la tribu, se quedarán siempre atrás. Dicho de otra forma: las reglas son buenas para hacer frente a situaciones conocidas, pero no para momentos de crisis o ante lo desconocido. Jefes y obreros deben tener un margen de libertad dentro de su ámbito laboral. La libertad conlleva errores. Cuidado con los que nunca se equivocan, son los que nunca hacen nada.
Cuando en una conversación alguien dice: “Tengo la absoluta seguridad de que..”, “V. no tiene ni idea” “No digas tonterías”, etc. ya sabes que es inútil seguir hablando con él. Mucho mejor le irá si cambia esas expresiones por “ Quizá me equivoque, pero puede que…”, “Tienes bastante razón, pero se te olvida que..”, “ Me parece que si nos pusiésemos en su lugar veríamos las cosas de otra manera”,...
El presidente debe tener siempre encima de su mesa la relación de todas las necesidades materiales y personales de su empresa y de todos los problemas pendientes. Valorarlas sin importarle lo que pueda costar, esto no es de su incumbencia. Lo suyo es pedir , el dar corresponde a otros. Más de una vez sucede que no se da por no pedir; y también, en más de una ocasión, es más fácil, burocráticamente hablando, dar veinte millones que dos mil euros.
Ese no es mi problema, acostumbramos decir. Para las almas grandes, magnánimas, los problemas de nuestros prójimos son también nuestros problemas. Dice Jesús: “Un nuevo mandamiento os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Y el amor se demuestra con obras. Bertold Brecht escribió con relación a los nazis: “Primero se llevaron a los negros, pero a mí no me importó porque yo no lo era. Enseguida se llevaron a los judíos, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era. Después detuvieron a los curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó. Luego apresaron a unos comunistas, pero como yo no soy comunista, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde” (Ya no queda quien pueda socorrerle)
Una cabra sóla es casi siempre una cabra descarriada. Si quieres servir, si buscas el éxito, si te embarcas en una misión noble, quizá lo puedas conseguir, pero si tropiezas ¿quién te ayudará a levantarte?
En general, lo que no se hace con entusiasmo no merece la pena ni tan siquiera intentarlo. Pero, no olvides, que en el cumplimiento de nuestro deber, guste o no, tiene que imperar la voluntad no el placer o el humor.
Periódicamente a las empresas como a los árboles hay que podarlas. Para ello son indispensables las reuniones del equipo directivo: una vez por semana el mismo día y a la misma hora. Ahí se detectan errores, tropiezos, surgen nuevas ideas, se planifica y se examina la marcha del negocio. Condición indispensables: que nadie monopolice la conversación, que se sepa escuchar y que todos puedan hablar con confianza y libertad.
Un criterio de buen gobierno: el material humano hay que tomarlo como es, y ayudarle a mejorar, sin despreciarlo jamás. Es cierto que existen personas que con su sola presencia animan al personal, mientras que otras revuelven los estómagos. Son pocas, pero “haberlas haylas”. Para juzgar con acierto fijarse en los hechos: “ Por sus obras los conoceréis”
Antes de dialogar pensemos si merece la pena. A veces es hasta contraprudecente por motivos de incompatibilidad personal, de información, de intereses, de cerrazón,…Varios siglos llevan sin ponerse de acuerdo las diferentes religiones cristianas. Nunca se pondrán de acuerdo forofos de dos equipos rivales. Otras veces el diálogo triunfa si una de las partes se baja los pantalones injustamente. ¡Ojo! Cuando la justicia no funciona es peligroso tener razón.
Diálogo. Características. (Papa Pablo VI) El diálogo debe tener las siguientes cualidades para que sea fructífero:
1º Inteligilibilidad, es decir, ha de ser comprensible para las partes.
2º Afabilidad, o sea, no debe ser orgulloso, hiriente ni ofensivo
3ª Confianza , tanto en el valor de la propia palabra, como en la disposición para acogerla por parte del interlocutor
4ª Prudencia pedagógica, que nos lleve a conocer la sensibilidad del otro para adaptarse razonablemente y modificar las formas de la propia presentación.
Todo ha de producirse en un estado de ánimo, que lleve a evitar la condenación apriorística, la polémica ofensiva y habitual, y en un clima en que lo único verdaderamente importante sea la búsqueda del bien común. La política es un caso especial que merece atención aparte
La magnanimidad, alma grande, es propia de quien no echa cuentas de los pequeños arañazos de la vida, quien descubre rectas intenciones en los tropiezos de su prójimo, quien no tiene mucho que perdonar a nadie porque rara vez se ofende por presuntas faenas que otros dan por segura en la conducta ajena. Es natural en los grandes jefes.
Orden y contraorden, seguro desorden. Cuando una orden se dirige a cientos de personas hay que pensarlas, consultarlas y madurarles el tiempo necesario. La rectificación de un pequeño error puede causar gastos ingentes y desproporcionados
Una reciente encuesta nos dice que la falta de respeto a los empleados.- es el comportamiento "negativo más extendido y repudiado" por los empleados españoles. Hablar a gritos, groserías, falta de educación o broncas en público. Es una consecuencia de la
La prepotencia, incluye "vanidad, protagonismo, ir de superior o de listillo". Es la condición de los que nunca dan su brazo a torcer, aunque sepan que no tienen razón, constituyen el grupo de especialistas en hundir empresas.
Los empleados, los subordinados, los funcionarios españoles se quejan, en un alto tanto por ciento, de la incompetencia de sus jefes, sobre todo si estos son cargos políticos.. Apuntan a la "falta de preparación, de organización y ausencia de liderazgo". Lamentan la “falta de apoyo, de trato humano, la no implicación de sus jefes, autoritarismo, incumplimiento de compromisos, no saber comunicarse bien y a tiempo, ser injustos, falsos y "roba medallas", con falta de valor, con poca claridad en los objetivos y por último de no respetar los horarios de los trabajadores.
En general las quejas sobre los jefes o los empleados provienen en buena parte de la falta de formación específica de unos y otros. En otros casos son las simpatías o antipatías humanas las que socavan la buena marcha de la empresa. La envidia, el miedo a ser superado, a perder el trabajo, a bajar de categoría, al mobbing,… Donde hay un buen jefe , inteligente y justo hay pocos problemas, donde este no existe o se busca sin contemplaciones o el negocio empezará a ir cuesta abajo.
Planificación. Victor Hugo decía que : El que prepara todas las tardes su programa de actividades para el día siguiente, y lo sigue, tiene en sus manos un hilo que le guiará a través del apretado ritmo de la vida diaria. Pero cuando falta un plan y el uso del tiempo se deja al azar, predomina entonces el caos” Planificar el trabajo es, por consiguiente, el medio absolutamente indispensable para lograr éxito en él. A nadie se le ocurre construir un edificio sin planos y estudios previos. Nadie puede construir su vida, sus estudios, su futuro sin planificación , sin saber lo que quiere y como conseguirlo.
La planificación, como todo en nuestra vida, requiere un mínimo de sentido común y de equilibrio. La vida de una persona es demasiado compleja para pensar que podemos encasillarla en reglas y planes fijos. Con demasiada frecuencia comprobaremos que los planes hechos meticulosamente no pueden cumplirse en su totalidad, surgen acontecimientos que obligan a modificarlos en todo o en parte, o incluso a abandonarlos. Lo grave es no saber cambiar los planes, no tenerlos, o empeñarnos en seguir los que han quedado desfasados.
Información. Hoy día, todo el mundo está de acuerdo en que sin información actualizada no hay nada que hacer. Bueno o definitivo es siempre tener informadores en el campo enemigo. Por otra parte, la información de ayer y de hoy tampoco son suficientes si no sabemos manejarlas con sentido y proyección de futuro. En demasiados campos lo que vaya a pasar mañana suele tener muy poco que ver con lo que pasó ayer. Para estar informadas las naciones gastan ingentes cantidades en espías para la industria, la investigación, la política,…
Conflictos. En las relaciones humanas de cualquier índole: jefes, empleados, amigos, familiares son inevitables los conflictos, van en nuestros genes. Multitud de libros tratan como minimizar o evitar dichos conflictos; sin embargo, existe uno: El Evangelio, el mayor best seller desde hace dos mil años, que sobresale sobre todos los demás. En otra ocasión que Leonardo Mondadori, el hombre más poderoso del mundo editorial italiano y hasta hace poco uno de los millonarios más cínicos y antirreligiosos de Europa, hizo pública su conversión al catolicismo, descubrió que el Evangelio es realmente el mejor manual de instrucciones para el uso del hombre. Exactamente en los Evangelios se encuentran, para quienes lo saben leer, las soluciones a los más profundos problemas humanos. Pero, ¡Quién los lee?
La solución de un conflicto requiere una preparación como la de cualquier batalla, por tanto, tendremos que:
Reunir el armamento y el personal necesario para embarcarnos en la pelea: tanques, aviones, tropa,..O sea: documentos, testigos, grabación de conversaciones, e-mails, órdenes escritas, llevar un diario, …Quizá la mejor arma sea la Ley, que cuando es necia y peligrosa, también lo es para el jefe.
Considerar las posibilidades que tenemos de éxito. Pedir consejo. buscar aliados tales como otras personas igualmente perjudicadas, personal descontento en la empresa. Para recibir todas las tortas en el mismo carrillo preferible es estarse quitecito. Antes de nada, cargarnos de razones serias.
No comentar con nadie sobre lo que pasa. Si acaso de forma lateral o general como: “dicen que.., parece que..se comenta por ahí arriba que..” Los pájaros, antes o después, terminan llevando las noticias a todas partes. La prudencia se impone.
Procuremos mantener la seriedad y la corrección a toda costa, entre otras razones porque el jefe – o el subordinado- pudiera tener razón. Las palabras gruesas, los desplantas, el “ se va V. a enterar” son como las salivas que escupimos al cielo, terminarán cayéndonos en la cara. Seguir los trámites reglamentarios. No olvidar que muchos pleitos se pierden por defectos de forma. No perder la dignidad, la tranquilidad ni las buenas maneras, que siempre infunden respeto. Hablar poco y escuchar mucho. Es de gente noble estar dispuesto a reconocer con rapidez los propios errores y pedir perdón por ellos.
Meterse en "follones" por vanidad, orgullo, prestigio, amor propio,…además de una forma necia y poco inteligente de actuar indica, la mayor parte de las veces, falta de seguridad en sí mismo y un tanto de cobardía. No siempre la inteligencia es la mejor cualidad para deshacer entuertos, incluso puede ser nefasto tener siempre toda la razón
Las sugerencias o quejas al jefe principal deben referirse al daño que se le está causando a la empresa: Perdida de clientes, menos ventas, deterioro del ambiente de trabajo que repercute en los resultados, trabajos mal hechos, considerar mal a los mejores empleados… Los dimes y diretes no importan a nadie
Utilizar los sindicatos con prudencia. Más de una vez los sindicatos han sido la causa de traslados de personal y de despidos o cierres de empresas por estar en manos de personas poco preparadas.
No olvidar que los jefes buenos, como los buenos trabajadores, siempre han sido escasos. Algo hay que aguantarles como algo nos tienen que aguantar a nosotros. Los mejores interlocutores suelen ser las personas cumplidoras, equilibradas, frías, con sentido común y pacíficas, condiciones que no tienen que estar reñidas con la firmeza ni con la energía
Lo difícil es que en estas guerras, tanto si se ganan como si se pierden, hay que quedar a bien con vencedores y vencidos. Hay que dejar puertas abiertas. Nadie suele tener toda la razón y nadie toda la culpa. Difícil pero posible a condición de que intervenga el “Espíritu Santo”, y exista buena voluntad por parte de todos. Puede que los asiáticos tengan más razón de lo que pensamos al pedir ayuda espiritual para sus negocios materiales.
Naturalmente, los viejos solemos dar buenos consejos cuando ya no podemos dar malos ejemplos , pero quien no sabe escuchar los consejos, se privará tontamente de un arma poderosa. Claro que una cosa es saber como se debe torear, y otra torear. Ahí ya no hay consejos que valgan. Pero algo es algo.