¿Bofetón al nene o al progre?

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es 

 

No hay día en que, al abrir el periódico o conectar la tele, no nos desayunemos con alguna solemne tontería, dicha incluso por personas inteligentes o que ocupan relevantes cargos políticos. Va en nuestros genes. A todos reparte el Señor un cupo de bobadas para utilizar en cada jornada, desde el Papa al último monaguillo, desde el Jefe del gobierno al último concejal. Nadie se libra.  

Lo realmente grave surge cuando la majadería en cuestión se reviste con el papel del BOE y adquiere ribetes de ordeno y mando; o cuando es dicha por algún personaje famoso a quien imitan las multitudes.  En estos casos, las bobadas pueden convertirse en verdaderas tragedias.  

A veces, las memeces se pueden extender a lo largo de varios años. Así, en educación,  las “brillantes” ideas de la  LOGSE , la LOE y sus retales  se han cargado ya a casi tres generaciones de alumnos. Han hecho de España el hazmerreír europeo en cuestiones educativas. Según los  tres últimos informes Pisa de la OCDE España ocupa un lugar tercermundista, cosa que ya sabia cualquier profesor español desde hace años, excepto los pedagogos que engendraron esas leyes y los gobiernos que las aprobaron , incapaces, a pesar de todas las experiencias en contra de dar su brazo a torcer. Es el “Mantenella y no enmendalla” de los ibéricos ancestrales.  

Parece ser que eliminar o reducir buena parte de los estudios no era suficiente. Hacía falta algo más profundo. Entonces, ínclitos "pedagogos" del régimen como Coll , Marchesi y otros sacaron del baúl progre la rancia idea de  eliminar el  esfuerzo, la disciplina , la buena educación, el trabajo, los hábitos de estudio, la responsabilidad,… y todo aquello que pudiera molestar a los nenes. Ya sabemos quien manda aquí: primero los alumnos y después sus padres mientras los profes se dan de baja por depresión o esperan ardientemente su jubilación. 

Aún hay más ¿Que nadie ose tocar a un nene, ni chico, ni grande, ni en el centro, ni fuera de él, ni en su casa, ni por sus padres o progenitores -el BOE dixit- Una nueva ley convierte en delito el cachete de un padre a su hijo. Decimos bien: cachete, pescozón, colleja, quizá un guantacillo que se escapó o poco más y que duele a los padres más que al niño. Algo que siempre, desde que el mundo es mundo,  se ha hecho y no ha vuelto tonto a nadie, más que a quienes ya estaban picados. Ningún padre que esté en sus cabales da a sus hijos una paliza un día si y otro también. Esto ya estaba castigado por ley. 

El niño que en estos años se había convertido en el Rey del "cole"; y que ya era el rey chulo de su casa ,se convierte por mor de la progresía en el amo y señor de su hogar. Si el  padre o la madre le levantan la mano al crío,  el crío se planta ante el juez: ¡ Mire V señor juez yo estaba jugando tranquilamente en mi casa rompiendo trajes, que no me gustaban, sentándome en el suelo y ensuciando caros cojines, cuando vino mi “pare” me cogió a traición y ¡Zas!  Me arreó  un pescozón y…y…y…Y el  pare o la mare arrepentidos, llorosos, excusándose:  Mire V. Señor juez, no lo volveremos a hacer. ¡Se lo juramos! Y el nene a sus amigos: “Pero que "guay" son mis papás, me pidieron perdón del bueno y me dieron 100 euros para gastar en el botellón”.  

La gente sensata hará poco caso de esta ley, como afortunadamente no lo hace de otras muchas. Los jueces, estamos seguros, sabrán interpretarla en sus diferentes casos, y los políticos equilibrados mirarán para otro lado hasta que pase la tormenta. ¿ Quién conoce a un político que reconozca haber cometido un error y sepa pedir perdón y rectificar?. Hace falta un valor de muchos quilates. En estas meteduras de pata quizá tengan algo que ver nuestras Universidades tercermundistas, dominadas por la política y la endogamia , caso de que hayan  pasado por ellas.  

Solución: En democracia, cambiar con nuestros votos al personal inútil cada cuatro años.  Anteponer los intereses del pueblo a las camarillas de los partidos. Juzgar por los hechos,  nunca por palabritas trasnochadas, eslóganes ni cuentos,  y jamás votar a un partido que controle los medios de comunicación, la mejor vía para el totalitarismo. Esto podría ser uno de los caminos para disminuir la tontería de turno, la simpleza pedagógica, la cutre demagogia política  y alcanzar la verdadera democracia . La que aún no tenemos.

Mérida, 3 de enero de 2008