Afirmar la fe II

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

 

El Cardenal Rouco, sin dejarse deslumbrar por el furor del laicismo de ZP , puntualiza: que el principal problema de la Iglesia viene de su debilidad interna (Fruta en mal estado?), y en que el núcleo de la misión de los cristianos consiste en comunicar a todos el amor de Cristo.

Lo que si es cierto es que en esta guerra , nuestras armas son las de siempre: el amor contra el odio y el rencor; los Evangelios que muestran la verdad y belleza de una doctrina insuperable; la cruz que conlleva seguir a Cristo; y, sobre todo, la oración perseverante a quien todo lo puede. También sabemos que esto no lo arregla más que el Espíritu Santo, cuando Dios quiera, y como quiera; pero exige para ello nuestra colaboración con oraciones , sacrificios , y “dando la cara” , sin escondernos cuando hay que combatir, empezando por nuestros propios defectos.

.¿Por qué buena parte de los intelectuales, los universitarios, la juventud, los medios de difusión, los artistas y el mundo de la cultura nos están dando la espalda o nos atacan ? ¿ Por qué los políticos llamados de izquierdas pretenden la destrucción de la Iglesia en todas partes? ¿ Por qué Zapatero y su gobierno, el mas laicista y sectario en España desde la transición arremete como ningún otro contra la religión, el matrimonio, la enseñanza y cualquier otro valor cristianos? 

Por lo mismo de siempre: porque Cristo no admite componendas, no se doblega, ni se vende ni se adapta a las cambiantes modas de cada momento. Porque el Evangelio es eterno y claro : nos dice lo que está bien o mal, lo lícito y lo prohibido. Porque nos resulta amargo vernos señalado por el dedo acusador de la Iglesia; en este caso, la víbora que llevamos dentro se retuerce y se vuelve contra quien la toca. Porque, decía Bernano, con la verdad como con el fuego no se juega. 

El cristianismo es la antípoda de la Nueva Era, del Relativismo donde todo vale y lo bueno es lo que a le va bien a cada uno, y cada uno es su propio juez. Pero el camino del cristiano es áspero y de puerta estrecha. También porque de la enseñanza, de los medios de comunicación y de la cultura se han apoderado en buena parte, no los partidos que se ven, sino sectas secretas que utilizan a esos partidos como marionetas y que no son más que lobos disfrazados de corderos. 

El Cardenal Rouco no ha renunciado a desvelar el trasfondo cultural de la mentalidad laicista, advirtiendo al gobierno que si bien se legisla desde el Parlamento, también se juzga, se piensa y se opina desde la sociedad, y la Iglesia es un sujeto activo dentro de ese cuerpo social. El protagonismo de la sociedad frente a un Estado pedagogo e invasor de las conciencias es uno de los elementos de esa “inteligencia” del momento presente, que ha demostrado el cardenal Rouco. Aquí se inscribe también el fuerte acento sobre la libertad de educación y sobre el valor social del matrimonio, cuestiones en las que la propuesta cristiana puede actuar, sumando fuerzas, como catalizador de una sociedad bastante adormecida.

Porque no se trata sólo de oponerse a un gobierno sectario, de rechazar ataques injustos y leyes nefastas sino, sobre todo, de plantar de nuevo la fe y la comunidad cristiana en el desierto que va extendiendo el nihilismo, y a ese fin deben someterse y ordenarse todas las estrategias. La sangre de tantos mártires no puede quedar estéril.