Actitud ante los homosexuales

Autor: Padre Alejandro Cortés González-Báez

 

 

Conviene partir de la idea de que las personas homosexuales son precisamente eso: personas, y por lo mismo, tienen las mismas características y capacidades básicas de los demás; es decir: cuerpo y alma; con inteligencia, voluntad y afectividad. En estos puntos no cabe la discusión. Sin embargo, hay quienes  procuran promover una “guerra cultural” en base a este tema. 

Dicho enfrentamiento resulta erróneo y no ayuda a la objetividad siendo, pues, un simple recurso para montar un escenario, en el que los homosexuales quedarían ubicados como las “víctimas”, con todas las ventajas que esto supondría para la defensa de “la homosexualidad”. Conviene recordar que persona homosexual y homosexualidad no son lo mismo; pues los homosexuales son seres humanos, y la homosexualidad es una tendencia desordenada en contra de la Biología y la Psicología del ser humano.

En los últimos años es frecuente encontrar personajes homosexuales en el cine, radio y televisión a quienes la sociedad martiriza con su incomprensión. Dichos protagonistas suelen aparecer como seres llenos de virtudes y gran sensibilidad; sin embargo, la experiencia demuestra que, en cuanto seres humanos, son tan buenos o tan malos como los demás.

Cualquier persona, hombre o mujer, puede ser sincera... un homosexual también. Cualquier persona puede ser chismosa, un homosexual... también. Cualquier persona puede ser enredadora, un homosexual... también. Cualquier persona puede ser metiche, un homosexual... también. Cualquier persona puede ser leal, un homosexual... también. Cualquier persona puede ser peleonera, un homosexual... también. Cualquier persona puede ser promotora de la paz, un homosexual... también. Cualquier persona puede ser violenta, un homosexual... también. Cualquier persona puede ser educada y culta, un homosexual... también. La diferencia estriba en que una persona heterosexual se rige por la tendencia natural que marca la Biología donde observamos que sólo existen dos sexos claramente diferenciados y complementarios: masculino y femenino. No existe un tercero, o cuarto sexo. Además, en la raza humana, dicha diferenciación arrastra su propia psicología .

Mientras algunas personas homosexuales se sienten avergonzadas, humilladas, deprimidas, aisladas, incomprendidas y atacadas; otras, por el contrario, se muestran orgullosas, agresivas, amenazantes y hasta crueles (pensemos en el famoso orgullo gay y en las actitudes retadoras de algunos de ellos). Están muy documentadas, en todos los países del mundo, las estadísticas no sólo de los crímenes cometidos por quienes odian a las personas homosexuales, sino también de los crímenes pasionales que cometen entre ellos, por poner un ejemplo, cuando descubren la infidelidad de sus parejas.

Por otra parte, el hecho de que dos mujeres se entiendan mejor entre ellas que con los hombres, es perfectamente comprensible, en cuanto que existe una forma femenina de entender e interpretar la realidad. Por eso siempre se ha visto como muy normal que se dé entre las mujeres una amistad de afinidad. Lo mismo sucede con los hombres cuando, por nuestra forma de pensar y de decidir, algunos planteamientos femeninos puedan parecernos absurdos o ilógicos. Entendido así, la preferencia por relacionarnos con personas del mismo sexo no supone necesariamente ninguna desviación. Sin embargo, no faltan quienes, en base a esta empatía, piensan descubrir una tendencia homosexual. Tal facilidad para convivir con personas del mismo sexo, si no se interpreta con objetividad, puede provocar crisis especialmente en gente joven.

Quienes entendemos la homosexualidad como una desviación antinatural, estamos obligados -siempre con una actitud respetuosa- a brindar la ayuda médica, psicológica y pastoral que nos corresponda, para que puedan luchar por superar esa tendencia.