Esclavos de nosotros mismos

Autor: Padre Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

Cuentan que un señor estaba mirando a un perro dálmata y le dijo a su hijo: Mira nada más, cómo mancharon a ese pobre perro. Pero el hijo le aclaró: No, papá, así es la raza. Y el señor, que no entendió el razonamiento, se lamentó diciendo: ¡Ah, raza! Pues bien, es evidente que cada día son más las personas que se preocupan por los delfines atrapados en las redes de los pescadores, pero hasta ahora ningún delfín se ha preocupado por los seres humanos atrapados en la red de la internet, lo cual a la larga será mucho peor para todos. ¡Ah, delfines tan deshumanizados!

Dentro de la tremenda complejidad del ser humano podemos descubrir que siendo tan resistentes, somos muy frágiles, y a pesar de ser inteligentes, a diario cometemos muchas torpezas, y siendo libres nos dejamos esclavizar por ideologías y vicios de todo tipo.

Tal parece que nos estamos emborrachando de tecnología, ya que muchos están apostando a que los adelantos técnicos resolverán los problemas de la humanidad. Es la “ideología tecnocrática" de la que nos previene Benedicto XVI cuando aclara que: "En sí misma la técnica es ambivalente". (“Caritas in veritate” n. 14). En palabras mucho más simples, podemos afirmar que los avances técnicos pueden compararse a un cuchillo bien afilado, tan útil para el bien como para el mal.

Un ejemplo claro de que estamos perdiendo el rumbo se manifiesta en que desde hace décadas a una gran proporción de jóvenes les da miedo decidir. Sí, aunque parezca contradictorio, pues siempre están protestando por que no se les deja tomar sus propias decisiones. Pero tienen un miedo enorme a comprometerse y casarse. En ninguna época se había contado con tantos adelantos para que el ser humano se perfeccione en cuanto tal y, sin embargo, las estadísticas nos reportan que cada día aumenta en número de jóvenes alcohólicos, drogadictos y promiscuos; el número de señoras que frecuentan los casinos de juego, y el número de niños que ven pornografía.

La gente ama la paz, pero con frecuencia la confunde con la pasividad, y este error también termina hartando. No se puede tener paz exterior cuando nos falta en la propia conciencia.

Muchos jóvenes tienen ilusiones, pero les faltan valores, virtudes y conocimiento propio. Se mueven especialmente por sentimientos. No saben lo que quieren, pero eso sí, lo quieren con toda el alma. Están dispuestos a voltear la casa hasta encontrar el control remoto, antes que levantarse a cambiar el canal y su peor error es creer que se lo merecen todo. Hace poco me decía una señora: Mis hijos están en la etapa del chocolate: Todo les choca, y nada les late.

Ojalá los papás aprendan a escoger sus batallas y en vez de pelearse por cualquier tontería, sepan dedicar sus mejores esfuerzos a exigir sobre los asuntos realmente importantes como son el respeto responsable y la actitud de servicio para combatir el egoísmo que todos llevamos dentro.