Danos la paz

Autor: Padre Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

Parece mentira que en los inicios del Siglo XXI todavía seamos espectadores de atroces eventos bélicos en diversos lugares del mundo. De pueblos que se sienten justificados para usar de una violencia que tiene sus raíces en el odio y la venganza.

Qué vigente el reclamo de Martin Luther King cuando afirma: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.

La verdadera paz ha de ser mucho más que un simple equilibrio de fuerzas, de amenazas y de miedos. La paz es un producto que se ha de construir a base de responsabilidades personales y sociales en las que estemos realmente comprometidos cada día más personas y naciones. Ha de ser una condición perdurable, donde todos pongamos lo que nos corresponda y sepamos esperar con paciencia -que es la ciencia de la paz- a que nazcan y crezcan los frutos que deseamos disfrutar.

La paz ha de comenzar en el interior de cada ser humano para poderse tejer con la de los demás, hasta formar un tejido lo suficientemente fuerte para soportar todos los movimientos de la convivencia, y las distintas formas de pensar, de los millones de personas que poblamos la tierra.

Para armonizar las relaciones humanas en un ambiente de paz se requiere el ejercicio de virtudes como la comprensión, el perdón, la prudencia, la solidaridad, la sinceridad, la fortaleza y otras que han de forjarse, con esfuerzo, en cada individuo; pues de lo contrario es imposible exigirlas a la sociedad, como sería absurdo construir un mueble sólido con madera carcomida por la polilla.

Juan Pablo II, dirigiéndose a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 5 de octubre de 1995, dijo que nosotros «no vivimos en un mundo irracional o sin sentido [...], hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos. La “gramática” trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de su divino Creador».

Y en su mensaje del 1º de enero del 2005 afirmó: “Para conseguir el bien de la paz es preciso afirmar con lúcida convicción que la violencia es un mal inaceptable y que nunca soluciona los problemas. La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano”.

Resulta evidente que las normas y virtudes de la sana convivencia han de enseñarse -razonadamente- en la célula de la sociedad que es la familia.