El que ha de morir oscuras, aunque muera en velería

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda



Los diablos necesitaban actualización, para mejorar sus servicios a la causa del infierno. Sólo se quedaron unos pobres diablos de guardia, y todos fueron sometidos a un encuartelamiento. Fueron actualizadas materias como psicología humana, medios de comunicación social, política, finanzas, cibernética (quien sabe que diablos será eso), psicología familiar, juvenil, de las masas, anti-bio-ética, y cuando el curso terminó todos los diablos tuvieron que pasar un examen verbal. 

El diablo mayor le preguntó al primero de la lista: ¿según el curso que hemos terminado, cual será el plan a seguir? Y la respuesta fue contundente: ¡Decirle a la gente que no hay Dios! El diablo mayor presa de la ira respondió: “Ese plan no funciona, pues aunque los hombres no son muy inteligentes, y no saben ver los signos que se les presentan, bastaría con que levantaran la vista de su demoníaca y atrayente TV, para darse cuenta de cuántos mensajeros tiene “Él” (los diablos nunca pronuncian el nombre de Dios por razones obvias). Están tan metidos en su caja loca, que no levantan la vista para contemplar un bello atardecer, o una noche de estrellas, o darse cuenta de la belleza de un pequeño recién nacido. Si lo hicieran, inmediatamente sabrían que “Él” es más bello que todas esas cosas y el Creador de todas ellas”.

Tocó el turno al siguiente. La pregunta era la misma, y la respuesta fue también contundente: “El plan a seguir será decirle a la gente que no hay diablo y despistarla para su perdición”. El diablo mayor gritó furioso: “¡No, no, no y no! Bastaría que la gente fuera un poco inteligente, para que se dieran cuenta que el mal está arreciando, que les estamos tupiendo duro, que les hemos echado abajo el pudor, y que ahora las damitas, desde las niñas están enseñando el ombligo, para complacencia de los viejos lascivos; aunque viéndolo bien, a veces no dan tentación, dan risa, y a veces dan asco, pero en fin, tendrían que darse cuenta que su ciencia se les está volviendo en contra de ellos, pues como han metido las manos en la genética (otra palabra endiablada) piensan que todo les va a salir bien, sin darse cuenta que no conocen todavía muchos detalles, y pronto sufrirán las consecuencias con seres clonados que darán muchos dolores de cabeza. También tendrían que darse cuenta que la legislación que quieren que se apruebe en muchos países, pidiendo el aborto y los supuestos matrimonios entre personas del mismo sexo será una ola gigantesca que arrasará a muchos hombres como no se había visto ni siquiera en los tiempos de Sodoma y Gomorra. Algún día será mal visto que alguien sea heterosexual. Definitivamente la humanidad está loca”. 

Todos los diablos ya no quisieron ser humillados más, y con soberbia preguntaron: ¿”Entonces cuál es la endiablada solución para mejorar nuestra táctica, y poder llenas las celdas del infierno?”. Al diablo mayor se le oscurecieron los ojos (no se le iluminaron, porque para eso debería ser ángel) y vino la respuesta tenebrosa, (no luminosa, porque no estaban en el cielo): “Desde ahora la táctica será muy inteligente. Habrá que decirle a la gente, SIMPLE Y SENCILLAMENTE QUE NO HAY PRISA”. Todos los diablos aplaudieron a coro infelices (no felices), al ver que el tiempo invertido en los cursos de actualización pudiera resumirse tan sabiamente en un simple señalar que no hay prisa, que los hombres tienen todo el tiempo para decidir su salvación.

Así terminó la sesión y todo mundo volvió a su trabajo con una consigna hecha lema: “DICIENDO QUE NO HAY PRISA, TRIUNFARÀ LA DIABLIZA”.

Pues ahora volvemos a la realidad, y con el trasfondo que he planteado, serán entendibles muchas de las frases de Cristo que grita a los hombres precaviéndolos de que no hay tiempo de sobra, de que no hay tiempo que perder y de que todo minuto y todo segundo deberá ser invertido con inteligencia y con fe para labrarse un lugarcito cercano al corazón de Cristo: “No temas, rebañito mío, mi Padre te ha dado el Reino... vende tus bienes, da limosna... atesora para el cielo donde no hay ladrones ni puede pudrirse la comida que guardas de uno a otro día, (el que guarda pan del otro día, de Dios desconfía)”.

Y Cristo viene a dar en el clavo: “Donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón”, pues tal parece que nuestro corazón está tan apegado a los bienes materiales, a su disfrute, que no tiene tiempo para darse cuenta de los tesoros que le esperan y que ve muy distantes, y tontamente con mucha seguridad de que al final les alcanzará con solo levantar las manos. 

Jesús insiste una y otra vez, en la necesidad de trabajar, poniéndose el delantal y teniendo la luz encendida, para atender al señor que llega, y que viendo la fidelidad de sus criados, decide cuando él llega, no dejarse servir por ellos, sino sentarlos a la mesa, y servirles él mismo, cosa inaudita, sobre todo viendo las condiciones sociales que se veían en sus tiempos, cuando el señor era señor y los criados eran simple y sencillamente criados.

Y Cristo llega al colmo, previniendo a los suyos de la necesidad de vivir vigilantes que llega a comparar a Dios con el ladrón, que no avisa a qué hora va a venir y hacer un agujero en la pared para entrar a la casa. Sin duda alguna hay que decir que Cristo se quedaría corto, cortìsimo, pues ahora no hay necesidad de hacer ningún agujero en la pared, basta con tomar un arma en la mano, y entrar como gran señor para golpear, amarrar, violar y matar a los de casa. 

Creo que es el tiempo de hacerle caso a Cristo. El tiempo es breve, apremia, y hay necesidad de vivir en constante espera, felicitándonos con el Salmo 32: “Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que eligió por suyo... en el Señor está nuestra esperanza, pues él nuestra ayuda y nuestro amparo.