Ecos del Congreso Americano de misiones, CAM2

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda

 

 

Cuatro largos años de preparación en todos los sentidos, hicieron que la semana del 25  al 30 de noviembre, Guatemala se convirtiera en la capital de la vida misionera en toda América. Ese día se fueron congregando gentes de América del Norte, del Sur, de las Antillas, e indudablemente de las naciones de Centro América, las anfitrionas. Cabe decir que el compromiso de un Congreso para tres mil quinientas personas, lo asumieron solidariamente todas las naciones de Centro América: Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá y como centro de Actividades, Guatemala. Cuatro años largos, que fueron inspirando el espíritu misionero de todas las diócesis centro americanas, con la presencia de tres imágenes que visitaron todas las comunidades cristianas: el Cristo de Esquipulas, muy querido y venerado en Guatemala, la reliquia del Hermano Pedro de San José Betancourt, el Hermanito Pedro, y otra imagen de la que nos enorgullecemos todos: la Virgen de Guadalupe. Fue encantador la entrada de las imágenes al Auditorio Juan Pablo II, entre aplausos, flores y mucho incienso de los indígenas que con gran devoción cargaban las sagradas imágenes.  

Un colorido formidable el día de la inauguración, gentes con trajes típicos de sus regiones, banderas de sus países, imágenes representativas, paliacates con colores nacionales, y una gran alegría de compartir juntos la presencia del Señor Jesús, que envía a la Iglesia a evangelizar a todas las naciones.  

Sorpresa tras sorpresa, caminar juntos, pastores-obispos cerca de 300, mas de mil sacerdotes, y dos mil laicos, hombres y mujeres, caminando entre tambores y grupos musicales, desde el centro de acogida, hasta el auditórium, dos o tres kilómetros, con alfombra durante todo el trayecto, hecha de aserrín, pétalos de flores y frutos, en honor de los congresistas y del Delegado del Papa, el Cardenal Crescencio Sepe, accesible, sonriente, complaciente con cuantos quisieron acercársele en el camino.  

Sorpresa para todos fue ver la oración de cada día dirigida por indígenas, en su propia lengua el quiché, maya, representantes de 22 grupos lingüísticos de toda Guatemala, realizada en un círculo en el centro del Estadio, hecha con ramas de pino, muchas velas, flores, frutos de la región, mucho copal, incienso, y la marimba para animar el baile que forma parte de la oración indígena.  Marimba que nos acompañó desde el descenso en el Aeropuerto, hasta el día de regreso.  

Sorpresa de saber que Guatemala es pobre, y que desde su pobreza quiso recibir con los brazos abiertos a los congresistas. Cerraron sus inscripciones dos o tres meses antes del evento, de manera que tuvieron tiempo de organizar a la perfección a las parroquias y a las familias que hospedaban a los misioneros.  Todo a tiempo, todos en su lugar, todos sonrientes, todos con el ánimo de hacer sentir un ambiente de fe y de trabajo para todos los congresistas.  En lo único que no atinaron, fue por las tardes, incluso hasta el último día, fue el regreso de los tres mil quinientos congresistas a las distintas parroquias anfitrionas. Nadie encontraba su propio camión, y alguien llegó a decir que aquello fue un caos perfectamente organizado. Fuera de eso, todos tuvimos que reconocer la prestancia con que todo estaba dispuesto.  

Sorpresa y grande lo constituyó para todos, el gran número de mártires de los últimos 20 años del siglo pasado, en defensa de la fe, en Guatemala. Muchos cristianos, catequistas, maestros, gente comprometida con su pueblo, muchos sacerdotes, nativos unos y extranjeros otros que estuvieron cerca de su pueblo en días de angustia y de guerra, que les valió también a ellos el martirio. E incluso un Obispo, Mons. Gerardi, muerto en circunstancias desconocidas, pero también por odio a la fe. Ante todos los representantes de América, el Cardenal anfitrión,  Rodolfo Quezada Toruño, en Catedral completamente llena, después de disculparse porque siendo tan pequeño el lugar estábamos un poquito apretados, “pero es que los que hicieron la Catedral, no tomaron en cuenta que aquí se celebraría un día un Congreso toda América”, fue refiriéndonos que en esa misma Catedral estuvieron los restos mortales del Obispo asesinado, y las vicisitudes y las instancias, infructuosas todas ellas ante el Gobierno, para dar con los asesinos. “Queremos perdonar, pero queremos saber a quién debemos de perdonar”, levantó aplausos de la multitud, y ante todos, se comprometió a seguir trabajando para dar con los asesinos de tan lamentable crimen.  

Los trabajos comenzaban muy temprano, desde la levantada, el correr de la casa a tomar el camión a las 6.30 de la mañana, luego media hora o una hora de viaje y estar a tiempo para la sesión que comenzaba siempre con la oración folclórica que ya he referido. Ahí teníamos las conferencias, algunas muy buenas, donde fueron desfilando Cardenales, Obispos, algunos sacerdotes, y misioneros laicos que iban refiriendo la obra maravillosa de la evangelización que Dios va haciendo a través de ellos. La Eucaristía se tenía en las parroquias anfitrionas, en Catedral, y un día en el Estadio, animada por una comunidad indígena, 500 personas, en lengua maya, donde se repartió un grano de maíz a cada participante, como un signo de la necesidad de sembrar la Palabra de Dios cada vez más y más lejos, hasta abarcar el mundo entero.  

Hubo por primera vez, una intervención formal de niños y de jóvenes que tuvieron aparte sus propias reuniones y se esforzaron por sacar sus propias conclusiones y sus compromisos. Nos hizo llorar el testimonio de una niña cubana, de 10 años aproximadamente  que habló con gran emoción a la asamblea en nombre de todos los niños participantes. Los jóvenes hicieron lo mismo. Tuvimos oportunidad de conocer de cerca y de haber recibido el testimonio de una familia misionera, los papás y los muchachos, uno de 15 y otro de 16 de Argentina, que platicaron su experiencia como auténtica familia misionera, donde todos intervienen. El grupo que ellos representaban, estuvieron trabajando con rifas, venta de alimentos y pasteles, para costear el viaje desde su nación hasta Guatemala.  

En los próximos números iremos dando otros datos y nos adentraremos en el trabajo y las conclusiones del Congreso, pero quería compartir esto con todos los que se interesaron y oraron por mi intervención en el Congreso.