¿Cristo es un verdadero Cordero?

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda

 

 

Cuentan que en un pueblecito, donde todo mundo se conoce, el párroco llamó aparte a “Pascualito” a la salida de la Misa, porque no lo había visto por la iglesia en mucho tiempo: “Ola, Pascualito, hace mucho tiempo que no te veía por aquí. Necesitas reintegrarte al servicio del Señor, y acercarte cada domingo a la Mesa de la Eucaristía”. “Pero si yo si estoy al servicio del Señor, respondió Pascualito, se lo digo de corazón”. Entonces, volvió a interrogar el cura: ¿Si es así, entonces porqué no vienes a la Eucaristía como todo mundo, para tener el gusto de sentirte entre los hermanos de la comunidad?”. A lo que Pascualito, acercándose lo más que pudo al oído del sacerdote, le dijo: “¡Ah, Padrecito, es que yo soy del servicio secreto del Señor!”

Sabia respuesta de Pascualito, tratando de justificar su ausencia de la comunidad y el testimonio que cada cristiano tiene que dar de su Señor y su Dios, Jesucristo el Hijo de Dios. Creo que la Iglesia está plagada de “pascualitos”, que son del servicio secreto del Señor, pues fuera de la asistencia a la Eucaristía algunos domingos o fiestas principales, de pararse en la puerta de nuestras iglesias el día último del año, o tomar ceniza el miércoles el primer miércoles de cuaresma, por ninguna otra parte se les ve que sean seguidores de Cristo Jesús, y ni el mismo esposo o esposa o los compañeros de trabajo que tratan diariamente con nuestros cristianos, adivinarían que son seguidores precisamente de Cristo Jesús.

Pero hubo un hombre cuya función no fue precisamente formar parte del ejército secreto del Señor, sino todo lo contrario, quien tendría que dar a conocer entre los hombres la presencia del Señor; pero algo más importante todavía: testimoniar con su vida que la presencia de Cristo Jesús era algo grande en el mundo. ¿Ya adivinan de quién se trata? Si, precisamente de Juan Bautista, que ya había oído hablar de Jesús, de sus primeras hazañas, de sus primeros discípulos, pero que no lo había tratado personalmente. Cuando en las riveras del Jordán pudo tenerlo cerca, su presencia le aterró momentáneamente. 

A nosotros nos pasa lo mismo. Nos cuesta alejarnos de las fiestas de la Navidad, porque no nos sentimos demasiado inquietos por Cristo Jesús pues niño al fin y al cabo, casi ninguna mella hace en nuestras conciencias. Casi nadie es dañado por un niño, y tampoco por Jesús aunque sepamos que es el Hijo de Dios. Pero Juan Bautista se encontraba ya precisamente con el hombre, con Cristo Jesús y lo señaló vigorosamente y sin ningún lugar a dudas: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. 

¿Qué quiso decir Juan Bautista? ¿Porqué le llama Cordero al Hijo de Dios? ¿Porqué los cristianos cantamos al Cordero de Dios cada que recibimos la Sagrada Comunión? ¿Porqué el sacerdote cuando presenta a los fieles el Cuerpo de Cristo siempre hace alusión al Cordero que quita el pecado del mundo, llamando dichosos a quienes se acercan a recibirlo?

Brevísimamente tendría que referir aquí que en la Biblia, los animales, por su cercanía con el hombre, han corrido su misma suerte, aunque definitivamente sujetos a éste, pero indudablemente superior a ellos, desde que Adán les pone nombre a todos ellos, como un símbolo de autoridad, y así están sujetos a la división y rebelión, idolatría, distinción entre puro e impuro, a la obediencia a la ley de Moisés, a la penitencia, ofrendas y sacrificios, y todos ellos, como el universo entero, participarían de la “nueva tierra y los cielos nuevos” anunciados por San Pedro. Así, nos vamos a encontrar que se le llama león a Dios, por su omnipotencia, aunque también a los enemigos, por su perversidad; nube de langostas a la tropa invasora, rebaño al pueblo, paloma al Espíritu Santo, Noé salva a una pareja de animales, una burra salva providentemente a Balaán, los cuervos alimentan a Elías, un gran pez le salva la vida a Jonás, los animales le hacen reconocer a Job la omnipotencia de Dios, el toro que mata a un hombre debe morir, sin olvidar, algo que no nos gusta oír, que los israelitas llamaban perros a los paganos incircuncisos. Finalmente en la Biblia, la serpiente será símbolo del perverso Satán, el cordero será referido exclusivamente y desde muy antiguo a Cristo el Mesías, al siervo de Dios, al Salvador.

Cordero de Dios. Aquí me gustaría cortar sencillamente mi escrito y referir a mis lectores al capítulo 53 del Profeta Isaías para que como noticia fresca pudieran encontrarse porqué se le llamó así a Cristo y cuales son las características del Cordero. Pero pensando que alguien no pudiera hacerlo, me tomaré el deber de hacerlo yo.

“Todos errábamos como ovejas, cada uno por su lado, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes... Maltratado, aguantaba, no abría la boca, como cordero llevado al matadero, no abría la boca... Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron... Le dieron sepultura con los malvados, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaños en su boca... Por los trabajos soportados, verá la luz, mi siervo inocente rehabilitará a todos porque cargó con sus crímenes... Por eso le asignaré una porción entre los grandes y repartirá botín con los poderos, porque desnudó el cuello para morir y fue contado entre los pecadores, él cargó con el pecado de todos e intercedió por los pecadores”.

Este solo texto nos habla entonces de un cordero que es símbolo de un ser indefenso, que no hace mal a nadie, símbolo de inocencia, y en el caso de Cristo viene a decirnos que él no es un superestrella, sino que en la inocencia, en la humildad, en la humillación, viene a ser el salvador de todos los hombres, nunca se presentará como los prepotentes que son duros, muy duros con los débiles, y sin embargo son muy débiles ante los poderosos. 

Cristo será pues para siempre el Cordero de Dios que quita el pecado el mundo. Pero, aquí viene la pregunta con la que yo quisiera terminar. Él quita el pecado del mundo, sí, ¿pero el tuyo personal, el mío propio también? O la verdad, ¿Si tú no tienes pecado personal, habría necesidad de que Cristo hubiera dado su vida? ¿Si tú no tienes pecado personal, habría habido necesidad de que Cristo hubiera derramado toda su sangre en lo alto de la cruz, para lavarnos a todos?