De dos en dos y de la manita

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda

 

 

Domingo  14 ordinario 07 

Los caminos de Cristo por Galilea se hacían más anchos cada día, y las gentes que venían a escucharlo se agolpaban intentando captar una mirada, queriendo ser tocados por sus manos, deseando una curación, suspirando por un consuelo y anhelando una palabra de sus labios, pero Cristo no podía detenerse sólo ante los que le buscaban y le tenían ya enfrente. Él deseaba llegar más y más allá, por eso escogió a un grupo de doce amigos, fieles, leales, para instruirlos y enviarlos como sus mensajeros, sus heraldos, pero sobre todo como testigos suyos, gente que pudiera verlo, oírlo y aceptarlo en plena acción para luego llevar la noticia y decirles a las gentes que LA SALVACIÓN YA HABÍA LLEGADO. 

Ellos constituían el primer círculo en torno a Cristo pero había otras gentes que también lo seguían, que habían mostrado fidelidad y que estaban preparados para ser colaboradores en la obra de la salvación, la unidad, la hermandad y el amor. De manera que en algún momento Cristo los envía por primera vez, con un mensaje claro: la salvación ya ha llegado, el Reino está cerca, salgan, salgan, hay algo nuevo para ustedes, el mundo puede cambiar cuando ustedes acepten la salvación de Jesús les trae. Y les da poder fincados en la oración, fuerza poderosa en el orden de la salvación,  para curar,  y para echar fuera los demonios, aunque a no todos,  

Pero Cristo es realista, los opositores del Reino serán fuertes, no aceptarán así como así el nuevo mensaje que ellos llevarían: “LOS ENVÍO COMO CORDEROS ENTRE LOBOS”. Sin embargo como el mensaje tiene una novedad profunda, les pide que su poder esté en la sencillez, en la pobreza y en la confianza total en la providencia de Dios que los envía: No lleven dinero, ni morral, ni dos pares de zapatos… coman y beban lo que les den, no estén buscando mejorar andando de casa en casa… no anden de comadreros… pero a cada casa que lleguen, anúncienles la paz: “QUE LA PAZ REINE EN ESTA CASA”. 

Y la experiencia fue buena, óptima diría yo, de manera que en sus rostros y en su caminar se sentía  la satisfacción, la alegría y el regocijo de haber cumplido la misión encomendada, y sobre todo de la efectividad que el mensaje producía en las gentes: “LOS SETENTA Y DOS DISCÍPULOS REGRESARON LLENOS DE ALEGRÍA Y LE DIJERON A JESUS: HASTA LOS DEMONIOS SE NOS SOMENTEN EN TU NOMBRE”. 

Hay que notar que los discípulos fueron enviados de dos en dos, por varias razones, en primer lugar para defenderse de los salteadores, en seguida, para poder dar testimonio legítimo siendo precisamente dos, y finalmente para que el amor, la caridad, la comprensión, la solidaridad de los misioneros se mostrara clara y diáfana, para mostrarle  a las gentes que su mensaje era en serio y que sí daba resultados inmediatos. 

Pero hay una palabra que conmueve, si nos imaginamos la  seriedad y la esperanza con que fue pronunciada por Jesús: “PÓNGANSE EN CAMINO, YO LOS ENVÍO…” 

Ese “Pónganse en camino…” resonó no solo en aquellos hombres entusiastas que fueron enviados de dos en dos, sino que sigue siendo un fuerte aldabonazo en el corazón y en la conciencia de todos los que hemos tenido la dicha de encontrarnos con Jesús, hasta hacer cambiar nuestras vidas y ajustarlas al mensaje que todos, todos los cristianos tenemos que anunciar.   Pienso en concreto en los jóvenes, que normalmente son ENVIADOS DE DOS EN DOS, UNO Y UNA, para compartir juntos su vida, caminando en la misma dirección, rumbo a la felicidad que nos ha señalado Cristo.  Y quiero en esta ocasión, dejar a los jóvenes frente a la palabra de Benedicto XVI que les habló en su encuentro con los representantes de jóvenes de toda América Latina con ocasión de la V conferencia de Obispos de América Latina y del Caribe:  

“Tened, sobretodo, un gran respeto por la institución del Sacramento del Matrimonio. No podrá haber verdadera felicidad en los hogares si, al mismo tiempo, no hay fidelidad entre los esposos. El matrimonio es una institución de derecho natural, que fue elevado por Cristo a la dignidad de Sacramento; es un gran don que Dios hizo a la humanidad, Respetadlo, veneradlo. Al mismo tiempo, DIOS OS LLAMA A RESPETAROS TAMBIÉN EN EL NOVIAZGO, pues la vida conyugal que, por disposición divina, está destinada a los casados es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en la que sepáis hacer DE LA CASTIDAD, dentro y fuera del matrimonio, UN BALUARTE DE VUESTRAS ESPERANZAS FUTURAS. Buscad resistir con fortaleza a las insidias del mal existente en muchos ambientes, que os lleva a una vida disoluta, paradójicamente vacía, al hacer perder el bien precioso de vuestra libertad y de vuestra verdadera felicidad. El amor verdadero “buscará siempre más la dicha del otro, se preocupará cada vez más de él, se donará y deseará existir para el otro” y, por eso, será siempre más fiel, indisoluble y fecundo.

Para ello, contáis con la ayuda de Jesucristo que, con su gracia, hará esto posible. La vida de fe y de oración os conducirá por los caminos de la intimidad con Dios, y de la comprensión de la grandeza de los planes que Él tiene para cada uno. Por otra parte,  “Por amor del reino de los cielos”, algunos son llamados a una entrega total y definitiva, para consagrarse a Dios en la vida religiosa.  Las personas consagradas merecen, verdaderamente, la gratitud de la comunidad eclesial: monjes y monjas, contemplativos y contemplativas, religiosos y religiosas dedicados a las obras de apostolado, miembros de institutos seculares y de las sociedades de vida apostólica, eremitas y vírgenes consagradas. Hago votos de que, en este momento de gracia y de profunda comunión en Cristo, el Espíritu Santo despierte en el corazón de tantos jóvenes un amor apasionado en el seguimiento e imitación de Jesucristo casto, pobre y obediente, dirigido completamente a la gloria del Padre y al amor de los hermanos y hermanas”.  

De manera que o en el matrimonio, de dos en dos, o en la vida consagrada, tengamos en cuenta la recomendación de Cristo para que en su Iglesia y en su reino todos seamos testigos de su amor: “LA COSECHA ES MUCHA Y LOS TRABAJADORES SON POCOS. RUEGUEN, POR TANTO AL DUEÑO DE LA COSECHA QUE ENVÍE TRABAJADORES A SUS CAMPOS”.