Nuestro cristianismo ¿Corral o camino?

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda

 

 

Domingo 26 ordinario 2006

Hace algunos años, estando presentes todos los sacerdotes de mi diócesis, nuestro obispo llegó alarmadísimo por las cifras de deserción de católicos de la Iglesia, publicadas ese mismo día por un periódico local, y un sacerdote pidió la palabra, para indicarnos que no tendríamos de qué alarmarnos si seguíamos dando un trato déspota a los fieles, como si nosotros fuéramos los dueños absoluto del rebaño, y hacía un enérgico exhorto a darnos cuenta de que desde entonces, tendríamos una fuerte competencia, y nuestro trato sacerdotal debía de ser de altura, como verdaderos pastores y no como mercenarios, para poder compensar los atractivos que las sectas pudieran presentar a los católicos que estaban dudando en su fe. 

Desde entonces a esta parte, las cifras de deserción de la Iglesia en América Latina han ido bajando, y si nos atenemos solo a las estadísticas, el número iría en picada, de manera que pronto estaríamos entre un sesenta o un cincuenta por ciento de católicos en lo que el Papa llamó “el continente de la esperanza”. 

Los católicos tendremos que estar muy atentos a vivir en las nuevas circunstancias, donde ya no somos los únicos, donde hay gentes que viven en la esperanza su fe, inspirados definitivamente por el Espíritu Santo de Dios que de ninguna manera quiere circunscribirse sólo a los límites de la Iglesia católica, como si estuviera encadenado, sino que donde encuentra un hombre de buena voluntad, ahí sopla, ahí inspira y ahí mueve los corazones de los hombres para aceptar el mensaje cristiano, y donde el mensaje cristiano aún no ha llegado, el Señor sabrá como, pero puede hacer que el hombre obtenga su liberación y también la salvación eterna, si hemos de hacerle caso al Concilio Vaticano II que en una intervención magistral de la Constitución pastoral Gaudium et Spes, dice al pie de la letra: 

“Ciertamente urgen al cristiano la necesidad y el deber de luchar contra el mal…pero asociado al misterio pascual, configurado con la muerte de Cristo, fortalecido por la esperanza, llegará a la resurrección. Esto vale NO SOLO PARA LOS CRISTIANOS, sino también para TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD, en cuyo corazón actúa LA GRACIA DE MODO INVISIBLE: Cristo murió por todos… en consecuencia, debemos sostener que el Espíritu Santo OFRECE A TODOS la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se asocien a este misterio pascual”. 

Deberíamos poner todo cuidado en este texto del Concilio Vaticano II para no caer en el ridículo de pretender que nosotros somos “los meros meros”, los únicos buenos, pues habrá gente fuera de la Iglesia, que ame, conozca y trate de vivir la fe que Cristo les inspira, y nos encontraremos gente que está luchando sinceramente para erradicar la injusticia y la maldad, quizá un poco mejor que nosotros. También nos sorprenderemos de que haya gente que ora y mueve con su oración invitando al cambio de vida, me viene a la mente un convento protestante en el centro de Francia, Taissé, que anualmente congrega a miles de gentes, muchas de ellas jóvenes y católicos además. Y definitivamente nos encontraremos con gente que trata de vivir con la mayor rectitud posible sus principios, los mandamientos de Dios, dando su lugar al mandato de Cristo de amar y servir a los más necesitados. De manera que si queremos defender los derechos de la Iglesia, bien tendríamos que ocuparnos en la rectitud de vida, y no pretender que nuestra religión y nuestra fe es cosa y cuestión de deberes que cumplir, de meritos que tenemos que adquirir y de recompensas a obtener, pues habrá que tener presente que nuestro cristianismo no es algo que NOSOTROS DEBEMOS HACER por Dios, sino algo que Dios YA ha hecho por nosotros, pues es una gracia, un privilegio inmenso el haber conocido de cerca a Cristo, su evangelio y su amor. 

Por supuesto que aquí cabría una pregunta que ya se ha hecho mucha gente y se hicieron en su tiempo muchos misioneros: si es verdad que Dios tiene la intención de salvar a todo mundo, y no solo los católicos se salvan de hecho, entonces ¿para qué esforzarse en misionar, en hacer presente a Cristo y su Evangelio y su Amor y su Gracia a los que aún no han oído hablar de él? ¿Para qué padecer el viaje, el verse ausente de la patria, de los padres, de toda comodidad para ir a sufrir a otras tierras, con otro clima, otras costumbres, otra alimentación, otra cultura y ser rechazado e incluso encontrar la muerte? ¿Porqué no quedarse tranquilos, al fin que Dios conseguirá por sus caminos la salvación de todos los hombres de buena voluntad? 

Quien así piensa, a lo mejor se ha llenado de celos por otras gentes, pareciéndonos a los apóstoles que cuando regresaron de una de las misiones que les había encomendado Cristo, le llegaron con el chisme: “Señor, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y como NO ES DE LOS NUESTROS, se lo prohibimos”. Pero Jesús fue clarísimo al respecto: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que NO ESTÁ CONTRA nosotros, está a favor nuestro”. 

Mis lectores católicos ¿Me van siguiendo? ¿Ya entendemos que nuestro catolicismo no es para esconder nuestra cobardía, nuestra flojera, nuestros malditos celos y nuestra creencia de que basta con declararse católico, colgarse una cruz al cuello y participar anualmente en una peregrinación para pensar que “ya la hicimos”? ¿Y cómo justificar que la fe para nosotros llegó aparejada con los conquistadores o colonizadores sin escrúpulos que esclavizaban y daban muy poco por la vida de los indígenas? Por eso Juan Pablo II pedía perdón y pedía que nosotros purificáramos nuestra memoria y nuestra conciencia. E insistiendo en el tema: ¿Cómo puede alguien presumir de su fe e intenta presentarse como cristiano, cuando su fortuna ha crecido de una manera injusta, a cambio de la sangre y el sudor de muchos de sus propios hermanos? Para los que han adquirido su fortuna con malos manejos, cuando se han cerrado a los que padecen necesidad y no han usado su fortuna para crear por ejemplo fuentes de trabajo donde los trabajadores se sientan tomados como personas, el Apóstol Santiago tiene hoy palabras terribles: “Lloren y laméntense, ustedes los ricos…sus riquezas se han corrompido…ustedes han atesorado un castigo para los últimos días…el salario que ustedes han defraudado… está clamando contra ustedes, sus gritos han llegado hasta el oído del Señor… han vivido entregados al lujo y al placer, engordando como reses para el día de la matanza…”.

Mis hermanos, dejemos que el Espíritu Santo de Dios vaya obrando en nosotros, dejemos que el mensaje evangélico nos ilumine, recordando hoy a San Agustín que nos dice: “El Dios que te creó SIN ti, no te salvará SIN ti”.