Los políticos conocen muy bien el Evangelio

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda

 

 

DOMINGO 28 ORDINARIO 16 DE OCTUBRE DEL 2005

 

¡Nadie ser sorprenda de esta afirmación tal increible! Los políticos conocen muy bien el Evangelio de Jesucristo y cada que tienen oportunidad se dan el lujo de citarlo textualmente en más de alguna circunstancia comprometida. Para muestra basta un botón, y una frase que ellos citan a menudo es precisamente de Cristo: “Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios”. Y ellos mismos hacen la aplicación y la exégesis: “Yo soy el Cesar”, tienen que darme a mí lo mío, pues de otra forma, tengo poder coercitivo para obligarlos si de buena gana no me dan lo que me corresponde. Se convierten en amos absolutos y exigen para ellos el gobierno de todo el mundo o mejor de todas las cosas del mundo. Pero quedan muchas cosas detrás de esta frase, que con todo  y ser verdadera porque es de Cristo, se queda incompleta pues a ellos no les importa en lo absoluto la segunda parte: “Y a Dios lo que es de Dios”,  con lo cual, el asunto queda inconcluso y se convierte entonces en una frase condenatoria para la Iglesia , a la que ven como el poder de Dios en el mundo, pero reducido entonces al ámbito de los templos, de las sacristías y los conventos. Que los curas no se metan en lo nuestro. Que ellos se dediquen a lo suyo, las cosas de Dios, del espíritu,  y a nosotros que nos dejen administrar a nuestro antojo los dineros y las inversiones de los hombres.  

En el fondo, pues, de esa situación, la frase desde el punto de vista de los políticos, es excluyente, pues pretende que la Iglesia no tiene ingerencia en los asuntos que competen a la espiritualidad de los hombres, pero que viven precisamente en un momento histórico y en una situación geográfica del universo.  

Pero mi reflexión en esta ocasión no es mostrar los derechos de la Iglesia a vivir en el mundo, y dar su aportación al adelanto de los hombres por los caminos de la paz, del amor y de la unidad.  

Mas bien tenemos que plantearnos hoy completa la frase de Cristo: “DAD AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS”.  Sobre la primera parte de la frase, hay que decir que cuando la autoridad de los pueblos está bien constituida y es legitima entonces todos los ciudadanos le deben respeto, y no solo eso, están obligados a proporcionar los recursos necesarios, para que el bien común haga que los bienes de la tierra alcancen a todos para una condición digna de hombres y en nuestro caso de cristianos. De manera que el no pagar impuestos, sería un fraude fiscal, que implica no solo  consecuencias en el terreno civil, sino sobre todo en la conciencia, pues cuando es grave la retención que hacemos de los impuestos, también es grave el pecado, pues no estamos robando al Estado, sino a la comunidad, es decir, a todos.  Es más, como que olvidamos que las autoridades también tienen derecho a nuestra oración, para que las cosas se lleven de tal manera que entre los hombres exista la fraternidad y la justicia y la legalidad que hagan propicia una verdadera convivencia.  

Pero dando una vuelta más a la tuerca, qué sería hoy “¿DAR A DIOS LO QUE ES DE DIOS?”. Y me he encontrado una página del precioso documento “Novo millennio ineunte”, el Siglo que comienza, que el Papa Juan Pablo II nos regaló al término del año Santo y al comienzo precisamente del Nuevo Milenio.  El Papa habla de una ESPIRITUALIDAD DE COMUNION, con estas palabras: “Espiritualidad de comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado”.  

Podemos atender al precioso mensaje contenido en estos tres renglones.

El Papa nos invita a lanzar nuestra mirada al interior de nosotros mismos, cosa que a nosotros no nos gusta. Conocemos muy bien el espacio sideral, conocemos ahora mejor muchos secretos de la naturaleza, estamos perfectamente comunicados con todo el mundo y al instante, pero ni nos conocemos a nosotros mismos, ni nos interesa conocernos, y por lo tanto no tenemos comunicación con nosotros mismos, más que para lo básico. Alguien ha dicho que el viaje más largo que un hombre puede hacer en su vida, es el viaje al interior de nosotros mismos. ¡Y cuánta riqueza encontraríamos! Dejaríamos de ser considerados malos, perversos, manchados y aflorarían muchas cualidades que tenemos aterradas en nuestro interior y que son una preciosidad para el bien de los demás.  

Pero la invitación del Papa lleva una intención determinada, y es a encontrarnos con la tremenda realidad de la Trinidad que habita en nosotros. ¡Todo un Dios en tu interior! Y tú que lo andas buscando fuera, y tú que dices que él te ha olvidado, y tú que dices que a lo mejor ni existe. ¡Y lo llevas dentro de ti! Y es un Dios que ha prometido quedarse con nosotros para siempre, una promesa cierta, donde él lo empeñó todo: “YO ESTARÈ CON USTEDES SIEMPRE”, fue la última palabra de Cristo antes de volver a la casa del Buen Padre Dios. Y desde ahí ilumina nuestra entraña, que ya no será tinieblas, ni oscuridad, sino la estancia iluminada que él se ha escogido como templo.  

Y el Papa remarca, que esa presencia de la Trinidad en el interior, no es solo para iluminar a la propia persona,  pues esa presencia suya debe ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Éste puede ser el gran descubrimiento de nuestro corazón, Cristo está en mí, pero lo está también y ¡de qué manera! en mis propios hermanos, en los que me rodean, con los que convivo y sin embargo tengo tan lejos de mi corazón y de mis sentimientos. Cristo está en los pequeños que sufren y se angustian porque el pan no les llega en lo mínimo a su boca, en los jóvenes que han perdido el rumbo por las drogas y la maldad humana, en la pobre muchachita que le gustaban las pachangas y la relación con los hombres, de manera que un día se decidió a pedir unos cuantos pesos por el placer que les proporcionaba, y pronto se vio esclava y encadenada de su propia pasión. Cristo está también en los políticos que lo reclaman todo para sí, a los que habrá que recordar que si bien el Cesar tiene sus derechos, Dios tiene los suyos, y sobre todo el universo, y sobre todos los hombres. Aquí, pues, cuando hablamos de los hombres, de sus carencias, de sus dificultades, de sus yerros, de sus sufrimientos, estamos hablando de los derechos de Dios, y es aquì donde podemos volvarnos dando a Dios lo que le corresponde, mirando por el bien de los pequeños hermanos del Señor. Los derechos de Dios son los derechos de los hombres.  

Se impone al final una pregunta: ¿Cómo harás tú esta semana para darle a Dios lo que a él le corresponde, ya que al Cesar  voluntariamente o por fuerza le has estado dando de lo suyo?