Los ratos libres de la Trinidad

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda

 

 

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Muchas veces me he preguntado cómo será vida en la Trinidad Santísima y que harán en sus ratos libres las tres Divinas Personas. Y la oportunidad de saberlo se presentó un día en que caminando por la orilla del lago de Galilea, me encontré de pronto con el Señor Jesús, ya resucitado, que con una humildad pasmosa preparaba el almuerzo para sus muchachitos, los apóstoles, que habían ido a pescar en la madrugada. Jesús se veía vaporoso, reluciente, majestuoso, pero con los pies bien en la tierra, y preparando algún recaudo de verduras frescas para ponerle a los pescados que ya estaban casi sobre las brazas. Me acerqué a él. que dejó por un momento sus menesteres para saludarme e invitarme a sentarme mientras él continuaba su labor.

Señor Jesús, me atreví a romper el silencio: “¿Cómo se vive entre ustedes, en la Trinidad, a qué se dedican y como distribuyen su día y su tiempo?”. Yo mismo me sorprendí porque según parece, para Dios el tiempo no cuenta, eso lo hemos inventado nosotros, pero la pregunta ya estaba hecha y había que esperar la respuesta. “¿Me preguntas que qué hacemos y cuál es nuestra vida? Respondió Jesús, pues te lo diré muy sencillo: Nuestro tiempo pasa en amarnos. Nuestra vida es el Amor. Así como lo oyes. No tenemos otra cosa que hacer. Recuerda que somos familia, nunca el Dios que llegaron a forjarse los griegos, con muchas, muchísimas cualidades, pero alejado de los hombres. No, eso no va con nosotros. Mi Padre me ama y me engendra desde toda la eternidad, me comunica todo lo que es y lo que tiene, en un acto de infinito amor y comunión, y yo le respondo con un amor entrañable correspondiendo adecuadamente a su amor. Y ese amor que el Padre y Yo nos tenemos, es de tal grandeza y profundidad que él mismo es una persona, el Espíritu Santo, eterno entonces como el Padre y como yo. Es fantástico, no nos alcanza el tiempo para nada más”. 

“Es muy interesante lo que me acabas de decir, Señor Jesús, balbucee yo, pero se me hace complicado, pues hay quien dice que ya es mucho con creer en Dios y que hay que contentarse con amar a Dios y no andar en componendas pensando que son tres personas en Dios”. 

“Bueno, dijo Jesús, no son componendas ni son inventos de nadie, como aquél padrecito viejo que fue llamado a confesar a un enfermo que ya no tenía remedio, según los médicos, un cristiano bueno, que pocas veces nos había ofendido. El sacerdote le preguntó como se hace en estas ocasiones: “¿Crees en Dios Padre...en Dios Hijo... en Dios espíritu Santo... y crees que es un solo Dios? El enfermo se sintió mal, porque le dijo al sacerdote que para él eso era imposible y que no lo creía. Pero el padrecito le dijo: Mira, Saturnino, a ti que más te da, total, si son tres o son cuatro, tú no los vas a mantener. Y parece que el viejito murió santamente. No, no se trata de ocurrencias, eso es lo que hay entre nosotros, y así se los he revelado a los hombres”.

Precisamente, Señor Jesús, iba a preguntar en dónde entramos los hombres en esa vida de amor que se respira entre ustedes. “Es muy ingenioso, respondió Jesús, todas nuestras acciones son comunes, pero tenemos actividades distintas, para poder acercarnos a los hombres, nuestro encanto. De paso te diré que había un artista que fabricaba los mejores violines, a precio elevado, y que tenía clientes que esperaban por años para obtener uno de sus instrumentos. El hijo mayor se exasperaba de que su padre tardara tanto en confeccionar cada violín y le propuso medidas para abaratar el precio y tener más y más clientes. Pero el papá le dijo: “lo que no te has dado cuenta es que en cada violín yo pongo un pedazo de mi alma, y mi recompensa está en escuchar las riquísimas melodías que se desprenden de cada instrumento que yo fabrico”. Así, continuó diciendo Jesús, cada que mi Padre voltea a ver a los hombres, los ama, porque son hechura suya, a cada uno lo ha hecho de manera individual, y no vuelve a hacer otro igual. Todos los hombres son preciosos a sus ojos, sobre todo cuando se da cuenta que todos fueron lavados, salvados, y elevados a la categoría de hijos, cuando yo metí la mano y el corazón por ellos. La Escritura Santa dice con otras palabras, que los hombres están "hechos a imagen y semejanza nuestra”. 

Ahora entiendo un poquito más, pero ¿qué relación tiene cada uno de ustedes con nosotros los hombres?, pregunté “Verás, me dijo Jesús. Mi Padre sigue creando cada día los amaneceres que alegran a los pescadores, las noches estrelladas que asombran a los novios y les hacen sentir en la luna, crea la sonrisa en los labios de los niños, tiñe de colores los atardeceres para los ancianos que sentados en una banca contemplan el final de un día, semejanza de su propia vida, que se extingue pero con el colorido de los recuerdos y las muchas cosas que se quedan en manos de sus familiares. Mi Padre sigue tiñendo de blanco las grandes montañas y les da a la pareja de jóvenes, atractivos para que puedan conquistarse el uno al otro, puedan casarse y cantarle al mundo su alegría y su felicidad, hasta ser representantes nuestros en el mundo.

Y si quieres saber más, te diré que mi oficio entre los hombres es perdonar. Ya lo hice una vez sobre la cruz y lo sigo haciendo cada día con cada uno de los hombres. ¿Te acuerdas que Juan Pablo II fue a ver a su heridor para llevarle el perdón y la absolución hasta la celda de su prisión? Si él nos dio ese ejemplo, qué no tendré que hacer por los hombres, los criminales, los asesinos, los violadores, los que trafican con droga envenenando las mentes de los jóvenes. Pobrecitos, sólo les bastaría elevar la mirada a mi cruz, y estarían en camino de perdón, pero están tan apenados y tan acongojados porque se les hacen sus crímenes imperdonables, y entonces yo busco la manera de encontrarme con ellos... Recuerda, Juan el Apóstol, que oyó muchas de mis confidencias, dice en un texto que resume todo mi mensaje y mi misión: “De tal manera amó Dios al mundo, que le entregó a su único Hijo para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga la vida eterna”. Así ama mi Padre Dios a los hombres, y así los amo yo, hasta dar mi vida por ellos, de tal manera que ninguno tiene que avergonzarse de acercarse a mí, porque siempre encontrará el perdón y la misericordia. Lo malo es que los padrecitos regañan y regañan aunque a veces es mas la fama que les han creado, de manera que los pecadores lo piensan una y otra vez antes de acercarse al sacramento donde les doy mi amor en forma de perdón y de misericordia. 

Y todavía te diré más, el Espíritu Santo está en el mundo, abrazando a la humanidad, suscitando en ella esperanzas y deseos de paz, de alegría y de santidad. Él ha creado en estas últimas décadas gentes tan grandes como la Madre Teresa de Calcuta, o el Padre Pío de Pietralcina, o el mismo Juan Pablo II que tenía su carácter pero que todos admiraron por su temple y su entrega. “Si Cristo no se bajó de la cruz... dicen que dijo. Pero no creas que el Espíritu Santo está solo entre los católicos, está donde está un hombre de buena voluntad, aunque no sea católico ni siquiera cristiano, ahí estará mi Espíritu, suscitando alianzas para hacer la paz entre todos los hombres. En fin, el Espíritu Santo está creando en los hombres las condiciones adecuadas para que el hombre mismo sea la mejor imagen nuestra”. Todavía le iba a preguntar a Jesús sobre las guerras, y las injusticias y los secuestros y las mujeres muertas y los nuevos muros de separación entre los hombres. Pero pensé que no había más tiempo, y sólo me atreví a preguntar a Jesús: ¿Y nosotros, que somos tantos, cabremos todos juntos para estar con ustedes algún día? “¡Recuerda que en el Corazón de Dios todos caben...!”. Y así terminó la entrevista, porque en ese momento llegaron los apóstoles con un hambre atroz y el olor del pescado asado, preparado por las manos mismas de Cristo ya estaba listo y estaba delicioso.