La victoria de Cristo en nuestra victoria

Autor: Padre Alberto Ramírez Mozqueda

 

 

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA, CICLO A

Cuaresma, penitencia, ceniza, propósitos, tentaciones, ascética, ayuno, oración, triunfos, derrotas, victoria, sufrimiento, pecado, rescate, misericordia, cuántas palabras y cuántas preguntas surgen al solo contacto con esa realidad que la Iglesia católica vivirá por los próximos cuarenta días.

Meternos en esta aventura de vida y de salvación nos obligará a preguntarnos por nuestro destino, lo mismo que haces cuando te presentas en la central camionera: ¿Adónde voy? ¿Cuál es mi destino? ¿Qué medios usaré para llegar? Nosotros estamos seguros que cuando la Iglesia nos invita a subir a su barca nuestro destino en la Pascua, el triunfo, la victoria, la conquista. Nunca entenderemos la cuaresma si no nos fijamos en la meta. Hay una trampa incluso para nosotros los padrecitos, de fijarnos tanto en las prácticas cuaresmales, en organizar las celebraciones litúrgicas y las celebraciones de tipo popular o de piedad popular, que cuando llega la Pascua ya estamos reventados y lo mejor que se puede hacer es salir de vacaciones para que no nos truene el coco, y la Pascua se queda como una celebración vacía, porque ya todos se fueron, el cura a su descanso, y los fieles, después del trajín de Semana Santa, unos en la Iglesia, sufriendo las aglomeraciones y el solazo de un viernes santo en la celebración de las tres caídas, y otros en las playas "disfrutando" de lugares en los que no cabe un alfiler más, haciendo largas colas en las gasolineras, en los hoteles, en las carreteras e incluso en los sanitarios, todos se marchan a casa sin querer saber más de nada.

Pues hoy, primer domingo de cuaresma, pretendemos adentrarnos en una de las páginas más dramáticas de todo el Evangelio, las tentaciones de Cristo en el desierto, que nos presenta a Cristo terriblemente cercano a nosotros, pues lo consideramos enteramente igual a nosotros, menos en el pecado pero no sin las tentaciones. En esto mismo Cristo nos iguala. No podría ser auténticamente hombre si no se hubiera sometido a la tentación e incluso "movido" por el Espíritu Santo y tampoco podría ser considerado nuestro "pontífice", nuestro puente si no hubiera triunfado en esa lucha cuerpo a cuerpo con el demonio. Para los que no toman en serio a éste, recordar que Cristo sí lo hizo, y lo venció, pues al fin y al cabo el demonio no es más que una criatura desviada del camino de la salvación.

Muchas páginas se han escrito sobre las tentaciones, mucha tinta ha corrido y yo también me aventuro a mirar con mis lectores reverentemente esta página dramática y luminosa del Evangelio transmitido por San Mateo en el capítulo cuarto.

Hay que tener a la vista aquella frase de que el hombre debe moverse llevado "del amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo, para no dejarse llevar por el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios". Y por otro lado, aquella oración que los hebreos recitaban cada día, el famoso "shema": Escucha, Israel, el Señor es tu único Dios... y lo amarás con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas". Eso es lo que Cristo hizo y nos mandó hacer: amar a Dios sobre todas las cosas, para darle al hombre su verdadera dimensión y su verdadero destino, que no serán las cenizas, sino la vida nueva vivida cerca del Buen Padre Dios después de los combates y la victoria renovada por la cruz de cada día en la vida del cristiano.

Pasamos por alto el cómo de aquellos cuarenta días en el desierto, para fijarnos brevísimamente en cada una de las tentaciones de Cristo que son las mismas que vamos librando cada nosotros los cristianos:

1ª Al ser invitado Cristo a convertir las piedras en panes para saciar su hambre después del ayuno, él nos enseña a amar "CON TODO EL CORAZÓN", para no pretender construir un mundo alejado de Dios, y al contrario, sostenidos por él convertir tantos desiertos en el mundo en campos de donde surjan los panes para tantas bocas hambrientas el día de hoy. 

Para el hombre de hoy, la tentación es clara: "yo soy la medida de todas las cosas, yo necesito de comodidad, de placer, de disfrute, pese a quién le pese, y pasaré por la vida de los demás, sentenciaré a muerte a los ancianos inútiles, a los niños que están por nacer, porque me arrebatarán el pan que a mí me cuesta mucho conseguir, y usaré de todos los medios a mi alcance para conseguir el máximo de placer aunque tenga que ser con alguien de mi mismo sexo; yo soy la medida y el centro de todo el universo. Sólo yo importo. Dios está muy lejos y sólo yo estoy cerca de mis satisfacciones. Lo de Dios puede esperar. Ya tengo lo necesario. Alma mía, date a la buena vida, come, descansa disfruta, goza". Pero recuerda la respuesta de Cristo: "no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

2ª. Cuando el demonio sugiere a Cristo puesto en lo alto del templo de Jerusalén que se arroje al abismo para que demuestre que "él las puede", Jesús se decide a amar a Dios "CON TODA TU ALMA", pues si Dios nos da fuerza, inteligencia y brazos fuertes, no es para lucimiento propio, sino para construir una humanidad solidaria con todos y cada uno de los hombres.

Es la tentación de querer manipular a Dios, emplearlo en beneficio propio, vivir irresponsablemente, como el muchacho de la parábola contada por Jesús: "Padre dame la parte de la herencia que me toca"; un derrochar los bienes del creador haciendo la vida placentera, convirtiendo a Dios en nuestro servidor, en nuestro esclavo, y pobre de él donde no se sujete a nuestros requerimientos: "Dios ya no me escucha, Dios se ha olvidado de mí, qué pecado habré cometido para que me trate de esta manera". Es el Dios que queremos hacer facilón para que haga facilona nuestra vida y nuestros proyectos. Dios no importa, importamos nosotros y nuestra autosuficiencia. La respuesta de Jesús a la tentación: "No tentarás al Señor tu Dios" nos invita a vivir responsablemente en nuestro mundo y no buscar refugio en magias infantiles. 

Aquí quiero introducir la palabra del Padre Cantalamessa: "El demonio, el satanismo y otros fenómenos interrelacionados son hoy de gran actualidad e inquietan no poco a nuestra sociedad. Nuestro mundo tecnológico e industrializado abunda de magos, hechiceros de ciudad, ocultismo, espiritismo, horóscopos, vendedores de hechizos, de amuletos e incluso de sectas satánicas propias y verdaderas. Arrojado por la puerta el diablo ha vuelto a entrar por la ventana. Esto es, habiendo sido arrojado por la fe ha vuelto a entrar por la superstición".

3ª. Y cuando el demonio pide a Cristo que se postre ante las riquezas y los reinos todos del mundo, rechaza severamente la invitación, pues quiere amar a Dios "CON TODAS SUS FUERZAS", al único Dios, al verdadero Dios, alejado de los hombres pero cercado al mismo tiempo por todos ellos, a diferencia de quienes se han querido hacer dioses a sí mismos, con lo que se han alejado de los mismos hombres, para vivir para siempre en una profunda soledad.

Es la tentación del poder, es el querer dominar a los demás hasta el punto de enseñorearse de ellos. El ejemplo es claro en la alianza de varias naciones poderosas para masacrar a una nación que tuvo la sola desgracia de tener a un líder corrupto y criminal, Irak, que se debate entre el odio, el rencor, en la lucha fraticida y en el deseo de sacar a toda costa al invasor de sus propias fronteras. Qué terrible el hombre que se enseñorea sobre sus propios hermanos. Recordar a Cristo Señor: "Retírate Satanás... Adorarás al Señor tu Dios y al él solo servirás".

Al final solo tenemos que decirle a Jesús: "Gracias, porque habiéndote sometido a las tentaciones como todos nosotros, nos enseñaste a confiar solo en Dios, para convertir nuestras propias tentaciones en victorias sobre el mal, sobre el mundo y sobre nosotros mismos, para disfrutar de la compañía y de la santidad que sólo nuestro Buen Padre Dios nos puede dar. Gracias, Jesús".

Al final solo tenemos que decirle a Jesús: "Gracias, porque habiéndote sometido a las tentaciones como todos nosotros, nos enseñaste a confiar solo en Dios, para convertir nuestras propias tentaciones en victorias sobre el mal, sobre el mundo y sobre nosotros mismos, para disfrutar de la compañía y de la santidad que sólo nuestro Buen Padre Dios nos puede dar. Gracias, Jesús".