Votar con sentido, otra ves

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es 

Algunas notas

 

A veces, al intentar escribir un artículo, nos encontramos con que lo que deseamos expresar, está ya dicho y bien dicho en otro artículo ajeno o propio. En marzo del 2003 escribí el artículo “Votar con sentido”. Un año después, sigue completamente vigente. Se escribió bajo el  supuesto de que España era una democracia y que las elecciones se rigen por reglas democráticas. Sin embargo, me escribe un internauta, Constantino Paz  quien  considera que “España no es aun una democracia, o para ser benigno, es una democracia imperfecta que está evolucionando rápida y negativamente en un régimen oligárquico con plebiscitos nacionales cada cuatro años”. Es evidente, que nuestra democracia tiene serios defectos, entre ellos la legislación electoral. Vamos a limitarnos a resumir las ideas de Constantino, que ponemos en cursiva, y a repetir a continuación, someramente actualizado, el artículo anterior de plena actualidad.

1º. Prácticamente nos limitamos a elegir al poder Legislativo: Congreso y Asamblea ( la Asamblea actual no pasa de ser una broma) y este, a su vez elegirá al poder Ejecutivo y al Judicial, que se librarán muy mucho de controlar y criticar al primero que los eligió y de quienes dependen. Resultado: Dictadura, oligarquía (El  poder supremo lo detenta un pequeño número de personas pertenecientes al mismo grupo), amiguismo , abusos de poder y corrupción. El ejemplo de la justicia es bochornos ¿Quién nos defiende de los  primeros? ¿La oposición? Esta tiene voz, pero generalmente carece de  fuerza. ¿Hace falta poner ejemplos?

Los sistemas anglosajón, norteamericano y suizo tienen elecciones independientes y diferenciadas para cada poder, de este modo se aseguran de que no haya un solo poder que pueda controlar a los otros dos. Este es el motivo por los que sus sistemas políticos no se han descompuesto en todas las crisis morales, sociales o económicos que los han asaltado durante los dos últimos siglos y medio. Francia, representativa del resto de Europa,  va por la quinta república con un par de Imperios de por medio y alguna que otra Regencia en ese tiempo. Cada vez que el sistema se descompone peligrosamente hay que recomponerlo una y otra vez.

3º Listas electorales bloqueadas y cerradas. Los candidatos no son elegidos por el pueblo sino por el jefe del partido al que pertenecen, siendo seleccionados por su lealtad inquebrantable al líder, al cual tienen que dar cuenta de sus gestiones, no al pueblo. El ciudadano no puede castigar al golfo de turno y se ve obligado a votarle si desea votar a su partido. Este problema no existe en EE.UU., Inglaterra ni  Suiza donde las elecciones son por circunscripción a doble vuelta. El ciudadano toma nota del golfo o listo correspondiente a quien no volverá a votar.


VOTAR CON SENTIDO

Ante la proximidad de elecciones, y siendo mucho lo que nos jugamos, bueno será recordar unos cuantos conceptos de puro sentido común:

Para empezar, digamos que la votación no es solo un derecho es, sobre todo, una grave obligación social. Constituye el medio fundamental para intervenir en nuestros destinos y el de nuestros hijos. No votar, es votar para que otros decidan por nosotros, y estos lo harán de acuerdo con sus intereses no con los nuestros.

Votar sin información suficiente es jugarse el porvenir a cara o cruz. Hay que leer, comparar los programas, y sobre todo enterarse de la  formación y capacidad  técnica de los futuros gobernantes. Y lo que es mucho más importante:¿Son personas honestas, honradas en las que podamos confiar? Por mucha que sea su sabiduría y capacidad nos saldrá muy caro poner una población, región o nación en manos de un inmoral o de un loco.

En la elección no debemos  tener en cuenta a nuestros amigos o enemi­gos; sino a los legítimos intereses  de nuestra comunidad. El que tenga al­gún favor particular que pagar, que lo pague con sus bienes, no con el porvenir de nuestro pueblo. ¿ O sigue habiendo esclavos que se compran o se venden por menos de 30 monedas?

Tan bueno o tan malo puede resultar un analfabeto como un universita­rio; pero cuando sobran universitarios, buenos profesionales y los proble­mas son tan complejos, no parece inteligente promover a puestos de responsabilidad a personas sin la preparación suficiente. Un inepto en un puesto de responsabilidad hace más daño, cada año, que una mala  sequía o las gotas frías que nos asolan de vez en cuando ¿Los que no saben levantar su casa o su negocio, cómo van a levantar la nuestra?. ¿Los que son inmorales en su vida privada, cómo van a ser ho­nestos en su vida pública?

Comprobemos si los que gobiernan han cumplido sus promesas, y  si los que están en la oposición han actuado favoreciendo los intereses del pueblo. Comprobar si unos y otros han respetado las reglas democráticas; así como y si ambos han separado de sus puestos a los inútiles ,  renovando sus estructuras cuando hizo falta.

Los partidos políticos son herramientas de trabajo para conseguir el bie­nestar del pueblo. Son un medio, no un fin. Los partidos son para noso­tros, no nosotros para los partidos. Los votaremos mientras sean benefi­ciosos para la mayoría. En cuanto se maleen , empiecen a oler mal, o apa­rezca otro mejor, lo honesto, lo decente es cambiar de partido y el voto.

Averigüemos quién dispone de los medios de comunicación: TV., radio, prensa, etc. Si están en mano de una minoría, y no suficientemente al al­cance de todas las opciones, entonces nuestros votos irán a servir a los intereses de esa minoría, no a los nuestros. Tan importante como lo que di­cen es lo que ocultan o tergiversan.  Hay que desconfiar de los que hablan siempre mal, o siempre bien de algo o alguien. Mienten. Alguna virtud o defecto tendrán y ocultan.

Recuerde que los políticos , como los botes de conservas , por muy bue­nos que sean, tienen fecha de caducidad, pasada esta, pueden dar lugar a graves enfermedades. Salvo raras excepciones, un político no debería gobernar más de 8 años seguidos. Cuando un equipo de gobierno se perpetúa en el tiempo, pierde frescura de ideas, crea un entramado de intereses personales y de partido, que impide toda renovación y favorece las injusticias, impide la aparición de dirigentes jóvenes, limita sus actuaciones a “lo y los de siempre”. Los nuevos gobernantes deberían prestar especial atención a los problemas y personas de los que nadie se ocupó antes.

 Pregunte: Ese que tanto critica las obras de los rivales políticos ¿ha hecho algo positivo en su vida? ¿ Ha presentado ideas nuevas válidas? ¿ Ha apoyado alguna vez los logros positivos de los otros para su pueblo? ¿ Se agota todo su trabajo en poner zancadillas y crear odios y enemistades?

La democracia no existe , más que de palabra,  si no fomenta la creación de una tela de araña de organizaciones independientes, no políticas: vecinales, sindicales, profesionales, religiosas, ONGs, etc. que articulen , promuevan , orienten y faciliten la solución de problemas concretos a las autoridades. Bueno será comprobar si en los programas de los partidos se fomentan y respetan o no estas organizaciones, suponiendo que sean respetables, y suponiendo que no se creen para beneficio de un partido político en particular, en cuyo caso sería peor el remedio que la enfermedad.

Igual que los afiliados a cualquier partido siguen las orientaciones de sus dirigentes, los católicos, que de verdad lo sean, deben ser coherentes con sus creencias escuchando a  sus pastores. Como algo saben, nos han llamado la atención sobre algunos asuntos de especial relevancia:

a)           Respeto sin fisuras a la vida, desde su inicio a su fin natural. 

b)           Apoyo claro y decidido a la familia fundada en el verdadero matrimonio.  

c)           Apoyo a la calidad de la enseñanza y garantía efectiva del derecho de los padres a escoger el modelo de educación integral que desean para sus hijos.

d)           Promoción de una cultura dignificadora de la persona y respetuosa con los valores morales y las creencias religiosas, base del verdadero progreso.

e)           Aplicación de políticas que favorezcan la libre iniciativa social, el trabajo para todos, la justa distribución de las rentas y la moralidad en la vida económica, con una especial atención a los más desfavorecidos de la sociedad.

f)             Búsqueda sincera de la paz y de la reconciliación y condena de la violencia y del terrorismo.

Por supuesto, estas seis condiciones no las cumple ninguno de nuestros partidos. Nos guste o no, esto es lo que hay. La Jerarquía eclesiástica sugiere votar “al menos malo”.  Al votar,  demos muy poca importancia a lo que dicen, y mucha a lo que hacen; pues un sólo voto, puede, en ocasiones, hacer cambiar el rumbo de la historia de una ciudad o un   país. En democracia, el voto de un ciudadano, de cualquier ciudadano, adquiere así una importancia insospechada. El voto se convierte en una herramienta tan poderosa, para el bien o para el mal, como pueda ser la energía atómica.

***

Si Nosotros elegimos libremente a nuestras autoridades, nosotros somos tan responsables como ellos de sus actuaciones. Por eso, hay que votar con la cabeza; el corazón nos puede engañar fácilmente, y si votamos con los coj. es probable que terminen machacados.

La cabeza nos dice que hay que  escuchar, con espíritu abierto,  a las dos partes : gobierno y oposición, para ello se precisa leer dos periódicos, oír dos emisoras de radio, o ver dos televisiones; una de cada bando. Los medios de comunicación partidistas tampoco ayudan gran cosa. Ningún partido es tan acertado como lo presentan los medios de comunicación afines, ni tan desastroso como aparece en los medios hostiles.  Haga poco caso de manifestaciones ,  eslóganes, pintadas y propaganda de los últimos días, son los hechos- no las palabras- de los cuatro años anteriores los que deben decidir nuestro voto.

Un ejemplo de intento de intoxicación fue el fantasmal “Nunca mais” . No sabemos si es una ONG, un partido político, un movimiento nacionalista o un medio para sacar dinero a los incautos, aprovechando el desgraciado hundimiento del petrolero Prestige. Otro caso de intoxicación es el ¡ No a la guerra! en vez del ¡ No a Sadam! Que ha convertido una protesta justa en una pelea de gallos con destrozos, palos, robos de jamones, huelgas y algaradas que recuerdan los principios de la guerra civil. Objetivo: alcanzar el poder por procedimientos no democráticos. Bueno será tomar nota.

Las etiquetas de derecha o izquierda empiezan a sonar a tomadura de pelo. Su significado ha variado mucho de unos tiempos a otros. En lo esencial, en lo económico, varían muy poco desde que manda Europa. Al final como en los diez mandamientos, las “ideologías ”políticas se reducen a dos : Menos trabajo y más euros. Mejor será que empecemos a fijarnos menos en los programas- que no se los leen ni los políticos- y más en las personas que los tienen que realizar. Ya Tierno Galván decía que:  “Los programas políticos están para no cumplirlos”. Desgraciadamente, la meta real de los partidos es alcanzar el poder. Lo de servir es otro cantar.

Todos los partidos presumen de democráticos; pero bajo el nombre de democracia se nos está colando mucha mercancía averiada. Son democracia –dicen-: Corea del Norte, Cuba, Irak , China,… lo era Yugoeslavia, lo fue Rusia; y parece ser, que también lo son los  EE.UU., Canadá, Inglaterra, Francia, y otros. ¡ Oiga ¡, y en España también lo somos . ¡Faltaría más! Sin embargo, seguimos votando listas cerradas, impedimos que hablen los rivales políticos, los amenazamos de muerte, los perseguimos laboralmente, e incitamos a los ácratas y extremistas contra el gobierno elegido democráticamente. ¿ A esto llamamos democracia?  Después los que alcanzan el poder en cualquier pueblo, Comunidad o Estado ponen rápidamente en marcha el amiguismo, el clientelismo, la corrupción y la dependencia judicial y mediática.

Los ibéricos somos muy proclives a dejarnos impresionar por discursos rimbombantes, gestos grandilocuentes y  frases que dejan turulatos al adversario,  que junto con los eslóganes fáciles, las fotografías retocadas y besos a niños, es lo que suele llamarse "electoralismo" , alimento propio de ciudadanos inexpertos y sumisos.  Afortunadamente, en España, este personal está empezando a desaparecer. Sin embargo, aumenta excesivamente el de los “colocados por el Régimen” 

Al decidir nuestro voto, hemos de valorar en primer lugar la gestión realizada por el gobierno de la ciudad , comunidad o nación. En este sentido cabe recordar que la democracia se ha mostrado como un instrumento eficaz para cambiar a los gobiernos que no nos gustan, aunque no está tan claro que sirva para elegir a los que nos gustarían.

Respecto a los otros partidos, si gobiernan o han gobernado en algún ámbito de poder, se ha de tener en cuenta tanto su gestión como su disposición a corregir errores pasados (probada no sólo con palabras sino con cambios en los órganos de dirección). Se ha de valorar también su labor de oposición, pues no es lo mismo el trabajo sordo por mejorar las leyes y presentar alternativas, que la oposición brillante pero meramente destructiva. Los políticos que desean realmente buscar y mantener la paz y la armonía entre los ciudadanos, para ser creíbles, tienen que empezar por mantenerla en sus  Ayuntamientos. Se debe y se puede decir todo y con firmeza. Sólo los necios y los “listillos”, los incapaces y los inútiles utilizan los rebuznos y las coces para dirimir las inevitables  diferencias sociales. Resultado: mientras exigimos ¡No a la guerra! lejana , nos declaramos la guerra fratricida en casa.

¿ Cómo vamos a votar a un partido que pretenda: controlar a los jueces, que permita la corrupción dentro del propio partido; que silencie o persiga económicamente a los medios de comunicación que no le son favorables; que atemoriza a sus adversarios  con métodos mafiosos;  que sólo “sirve” bien y abundantemente a sus afiliados y afines?. A los demás,…¡ que les den…! Pero,  mañana, ese partido puede pertenecer al grupo de “los demás”. Al final,  va a resultar que la causa de estos comportamientos no sea más que la poca formación y madurez mental de más de un mandamás. Sumémosle la falta de legislación para controlar al poder con mayoria absoluta. Y todo esto, no nos engañemos, se está dando, con mayor o menor intensidad en todos los partidos de cualquier color cuando disfrutan prolongadamente de mayorías absolutas. El caso del señor Polanco y Prisa es esclarecedor. Con la mayor parte de los medios de comunicación, estúpidamente puestos en sus manos, por los dos partidos dominantes, puede presumir de que “gane quien gane,  El será quien mande” 

Hay quienes votan siempre al mismo partido,  “al suyo de toda la vida” porque así lo hizo su abuelo y su padre. En democracia la fidelidad del voto más que una virtud es una memez. El voto hay que darlo, en cada ocasión,  a quien creamos puede defender mejor los intereses de nuestro pueblo, intereses que hoy no son los de nuestros abuelos. ¿ Nos vestimos como ellos? ¿ Compramos el pescado siempre en la misma pescadería?

Antes que empiecen a darnos, o nos sigan dando “gato por liebre”; mejor será que espabilemos, pues “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.