Violencia en las aulas

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

El futuro de nuestro país se juega en las aulas, pero ¿qué pasa en las aulas? ¿Qué enseñanza y sobre todo que formación se está dando en nuestros centros educativos? En la prensa aparecen frecuentemente artículos que dan ecalofrios cuando se  lee con atención. Pregunten  Vds. a cualquier profesor, a cualquiera  : ¿Está contento y de acuerdo con las enseñanzas actuales? Yo no conozco ni a uno que lo esté, y como profesor, conozco a bastantes.  

Fijándonos solamente en el tema de la convivencia  en los colegios,  el futuro aparece bastante negro. Las consecuencias se están viendo venir desde hace tiempo, pero no parece que nuestras autoridades quieran darse por enteradas.  Unánimemente los profesores se quejan con amargura. La disciplina brilla por su ausencia; el orden y la autoridad se consideran antiguallas del pasado, y sin estas tres condiciones no hay educación, ni formación, ni actividad alguna que merezca la pena. Resultado:  La educación privada va ganando cada vez más terreno a la pública.

Olvidamos que al profesor se le paga  por enseñar, no para pasarse 60 minutos intentando que algunos chicos presten un poco de atención y dejen de molestar a los demás. El profesor no es un pedagogo, ni un psicólogo, ni un líder nato, es nada más y nada menos que un profesor que enseña una asignatura,  no es un domador. Exíjase al profesor lo que es del profesor, pero exíjase a los padres y a las autoridades lo que es de padres y autoridades. Por cierto ¿Realmente, sirven para algo las Asociaciones de Padres? Y conste que yo contribuí a formar unas cuantas.

Hayan aprobado o no, los alumnos pueden pasar al curso siguiente. Algunos, incapaces de seguir las clases, se dedican a tirar bolitas de papel a sus compañeros y a algún que otro profesor. Estos humillados y desprotegidos por padres y  autoridades solo piensan en el día de su jubilación; mientras tanto, carentes de ilusiones, hacen lo que pueden y les dejan.

Es raro el grupo que no disfruta de su gamberro de turno. Ni estudia ni deja estudiar. El o uno de sus padres dan dos voces, y todos se apresuran a bajarse los pantalones , pues este gamberrete merece todas las consideraciones , atenciones y apoyos de la ley y de la inspección. No se le puede expulsar, ni casi castigar, tiene sus derechos. Yo creía que los derechos conllevan obligaciones de las que aquí nadie habla. Quien no estudia no es estudiante, por tanto,  no tiene  derechos estudiantiles. Hay que separarle de los demás. Los americanos tienen resuelto el problema de la indisciplina;  los revoltosos son puestos de patitas en la calle sin contemplaciones.  Los derechos de los estudiantes que quieren estudiar están por encima  de los ¿derechos? de los que no quieren estudiar. Lo contrario es puro fariseismo y acojonamiento de los nuevos progres. Dejemos bien claro que los alumnos revoltosos son una minoría a la que se está protegiendo de forma estúpida, permitiéndola que "haga de su capa un sayo"; pero dejemos claro también que son las minorías las que marcan las pautas y crean los ambientes buenos o malos.

De repente, tras los estudios, el joven se enfrenta al mundo del trabajo. Se encuentra con un mundo duro, exigente, donde cada vez más se impone el rigor, la puntualidad, el trabajo bien hecho, el respeto a toda persona  y ninguna chapuza, Esto se  les exige a unos jóvenes que durante toda la enseñanza  media han estado respingando a su aire con los consentimientos de papás, profesores y políticos, que haciendo dejación de  sus funciones propias, confunden libertad con libertinaje, mientras asisten acojonados al desastre de la enseñanza y al auge del  botellón.

La violencia adquiere múltiples formas; no suele mostrarse descaradamente agresiva, sino que se presenta en pequeñas y continuadas risitas, interrupciones, comentarios, molestias a los compañeros, tonos despectivos, …  que poco a poco van minando la moral del profesor y destruyen el ambiente de trabajo de una clase. A los profesores, en algunos casos,  se les agrede verbalmente, otras  físicamente; a veces,  se les pinchan las ruedas del coche  o se les denigra en clase y fuera de ella. La TV suministra buenos ejemplos a imitar. En algunos programas se presentan al  Papa, a Felipe González, a  Aznar o cualquier otro persona relevante a las que "se ponen de chupa de dómine" . Por supuesto las burlas y chirigotas se hacen en nombre de la "libertad de expresión". ¿Por qué el profesor o el padre va a ser más que el Papa, que Felipe o que Aznar?

Sobre los profesores se ejerce otro muy grave tipo de violencia: mantenerlos año tras de año de interinos y cambiándoles de población un año si y otro también. Quien piense que en estas condiciones puedan dar una enseñanza de calidad, o desconoce la enseñanza o es un peligroso inepto integral. Algún día algún sabio del Ministerio descubrirá que la costumbre de mantener a un profesor de interino durante diez años o más, además de una estupidez laboral, es una grave estafa social.

Los alumnos trabajadores, que son la mayoría, han  de padecer en cada clase las gracias de sus compañeros gamberretes, de los que se deriva otro tipo de violencia: la que procede de un cada vez más bajo nivel de educación, tan bajo como para crear serias alarmas en los profesores universitarios.

Siempre se piden más medios, más materiales, más profesores, más….Sin embargo, Jamás como hoy ha estado la enseñanza, en general,  tan bien dotada y, por contra,  nunca ha cosechado fracasos tan resonantes como en la actualidad. La buena enseñanza requiere algo más que dinero, edificios o materiales; exige profesores bien preparados e ilusionados, un clima de respeto y concordia, una clara definición de derechos y deberes y la creación de un ambiente de trabajo, disciplina y rigor sin lo cual lo único que conseguiremos es malversar ese enorme capital humano que constituye nuestra juventud. Y, ya hemos malversado demasiado.