Sacrificios

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

Hablar de sacrificios no está de moda. Sin embargo, esa palabra y sus connotaciones están presentes a lo largo de nuestra vida. Es inútil esconder la cabeza bajo el ala, y quizá sea útil empezar a romper tabúes.  Diariamente estamos oyendo:

¡Mira, hijo !: O te sacrificas un poco y estudias o serás un don nadie toda tu  vida.

¡ Muchacho ! Acabas de terminar la carrera. Ahora es cuando empiezas de verdad. Deberías hacer oposiciones, pero ya sabes: son muy duras y tendrás que sacrificarte durante varios años

Raúl es un gran futbolista, gana muchos millones pero la gente olvida que su profesión se  levanta sobre una vida muy sacrificada: duros entrenamientos, poca vida social, comidas adecuadas, nada de diversiones nocturnas, …

¡ La cantidad de millones que ha amasado Fulanito ¡. Claro que robando y estafando, responde otro. Sin embargo, este granuja para robar se ha acostado muchas noches a las seis de la mañana, ha tenido que estudiar los procedimientos para no ir a la cárcel, le agobia que un inspector de hacienda pueda presentarse a inspeccionar sus dineros; tiene que pelear con su competencia, a veces a tiros. Es señalado por la calle, le evitan la gente honrada. Su vida, con dinero, cuando lo consigue y no va a la cárcel, es una vida bastante sacrificada.

Cualquier empresario, grande o chico, hasta asentar su negocio, las ha pasado “canutas”. Tuvo que entramparse al empezar, sus horarios eran de 10 a 14 diarias . Peleas con hacienda, con los sindicatos, con los obreros, con su competencia, con los bancos, con sus familiares a los que apenas ve. A veces, la ruina, y una vida de sacrificios al garete. Mantener un negocio boyante tampoco es un camino de rosas.

Esclarecedor es el comportamiento de las madres con sus hijos pequeños. Madres heroicas, verdaderamente heroicas, que no aparecen en los periódicos, conocemos muchas; viven negándose a todas horas, recortando con alegría sus propios gustos y aficiones, su tiempo, sus posibilidades de afirmación o de éxito, para alfombrar de felicidad los días de sus hijos. Se olvidan de todo lo que no sean ellos. Viven sólo para los niños, ellas no cuentan. Están siempre pendientes de si comen o no, de si tienen frío o calor. Observan todos sus movimientos . Con alborozo exclaman :¡Ya se ríen! ¡Ya hablan!  ¡Ya empiezan a andar!. Cuando enferman, no se apartan un instante de su lado; sin embargo, ni siquiera consideran esta vida una vida de sacrificio, es una vida de amor. Quizá en  la palabra amor resida el por qué y el para qué de los sacrificios.

Para las madres, como para los cristianos,  el sacrificio es un acto de amor, y como amor debe ir acompañado de alegría, de entrega y de acciones que lo avalen. No creo en la validez de sacrificios con caras largas, con gestos hoscos, con palabras rudas o con espíritu ramplón o amargado.  Por amor se entrega la madre a sus hijos, por amor a la familia trabajamos duramente, por amor a nuestros hermanos se trabaja en las ONGs gratuitamente, por amor a nuestra propia dignidad, nos esforzamos por sobresalir en la guerra, los negocios, las artes,…y nos esforzamos hasta límites insospechados. Y nada de esto se consigue sin una dura preparación, sin  entrenamiento, sin sacrificios. Cuidar las cosas pequeñas supone terminar bien nuestros trabajos, sonriendo incluso a los cargantes,  lo que se traduce en  una mortificación constante, único camino para hacer más agradable la vida a quienes nos rodean.

Sin embargo, el sacrificio es una estupidez y no tiene sentido cuando se hace por  vanidad, por llamar la atención o para demostrar que uno es todavía más tonto que el de al lado. Eso no es sacrificio, es pura memez.

Los hombres inteligentes saben que la templanza no supone limitación, sino grandeza, y se da cuenta que muchos sacrificios son aparentes; porque al vivir con sacrificios se libra de muchas esclavitudes. Basta una pequeña enfermedad para que nos veamos obligados a prescindir del tabaco, del alcohol, de los manjares más sobrosos y a transformar nuestro modo de vida. Prescindimos de muchas cosas pero ganamos en salud y alegría.

El sacrificio está presente, y es estimado en todas las religiones como un arma poderosa de autodominio, para controlar las pasiones y para ser felices en este mundo. Parece un contrasentido que la felicidad corra pareja con el sacrificio, sin embargo, resulta chocante ver el aspecto natural de alegría y felicidad que presentan los religiosos y religiosas de clausura cuando salen en la tele. El mismo Cristo se cansó, pasó hambre, pasó sed, lloró, y coronó su misión en la tierra recibiendo bofetadas y crucificado en una cruz; pero tras la cruz, alcanzó la resurrección y la gloria.  Y,¿ pretendemos nosotros cumplir nuestra misión en la tierra, mirándonos el ombligo?

Puesto que todo trabajo conlleva sacrificios y penalidades sólo queda recomendarnos el consejo de un célebre autor: “ …trabajad varonilmente y alentaos más y mas: todas vuestras obras hacedlas con amor…..Ocúpate de tus deberes profesionales por Amor; lleva todo a cabo por amor, y comprobarás- precisamente porque amas, aunque saborees la amargura de la incomprensión, de la injusticia, del desagradecimiento  y aun del mismo fracaso humano, comprobarás, repito,  las maravillas que produce tu trabajo.”  O sea, como las madres.