Luchas políticas

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

Las luchas son connaturales en cualquier especie animal. Se pelean los toros, los gallos, los gatos y los niños. Los hombres, animales que algunos definen como racionales,  también nos peleamos. El motivo: cualquiera, entre ellos la política . Se han tirado, y se siguen tirando, los trastos a la cabeza todos los partidos del arco político. ¿ Esto es malo? ¿ No tendrá su parte positiva? ¿ No servirá para  separar la paja del trigo? Lo curioso es que se ha dado, se da y se seguirá dando en todas las actividades y en todas las naciones. Lo grave es que la política interviene en el campo religioso , en el de la moral  y en nuestra forma de vida de una forma demasiado importante

La política, como otras muchas actividades humanas, es bastante irracional. Una de sus características la constituye las luchas internas o con otros . Suele ser una lucha sin cuartel y sin escrúpulos por alcanzar o mantener el poder, donde “Vale todo menos perder”. En esta pelea la parte racional es una pequeña islita en el inmenso océano de la irracionalidad humana. Al final, todo queda en que unos cuantos, sin plumas y cacareando,  han de abandonar mesa y mantel para que la ocupen otros, y eso unas veces será malo y otras bueno. No hay que preocuparse, el ganador ya no pasa a cuchillo a toda la familia del vencido como en tiempo de los romanos. Normalmente no podemos hacer otra cosa más que no echar leña al fuego, esperar que escampe, y tomar nota para las próximas elecciones, donde volverá a repetirse la misma función. Las consecuencias están claras desde hace dos mil años: “ Todo reino en sí dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá” . Así es la cosa.

Todo el mundo está de acuerdo en que la renovación en los cargos políticos y no políticos es una necesidad vital. Esa renovación suele ser dolorosa y normalmente no se hace sin lucha, sin resistencia. El origen de las peleas está, principalmente,  en  la vanidad y la soberbia, seguidas del ansia de conseguir o no perder prebendas. Se empieza con el orgullo herido por cualquier rumor, frase, intención,  acto despreciativo o un “me ha dicho” . Se sigue por la toma de posturas de unos y otros a favor o en contra. Intervienen los medios de comunicación, generalmente con una visión deficiente y chata, que contribuye a agravar el problema. La bola de nieve empieza a rodar, va creciendo, adquiere cada vez más velocidad y termina destrozando todo lo que encuentra a su paso. De pronto, alguien observa: “Bueno, y todo esto ¿Por qué?” Con frecuencia, nadie encuentra razones suficientes; pero ya no hay remedio.La irracionalidad se ha apoderado de los grupos, que empiezan a actuar como búfalos en estampida. A veces, como en las películas del Oeste americano, tenemos la fortuna de que alguien con inteligencia y valor  puede ponerse al frente de la manada y reconducirla. Sin embargo, lo normal, como en los incendios forestales es que  o se apaga el fuego en los inicios o no hay remedio. Para más Inri, estas peleas son siempre ¡ Por el bien del pueblo !.

  Las consecuencias  las sufre ese pueblo, que siempre es un elemento pasivo en la trifulca. ¿De verdad no podemos hacer nada los curritos de a pié? Creemos que si, pero nuestra intervención en política ha de cumplir una norma básica y fundamental: Ha de hacerse de forma organizada.  Los ciudadanos no organizados no existen en democracia. La participación exige estar integrados en parti­dos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos, deportivas, culturales, ecológicas, empresariales, etc. Los políticos de turno, si realmente son demócratas, tienen que fomentar las asociaciones de todo tipo.  Sin este entramado so­cial no hay democracia que valga. La existencia o no de asociaciones vivas son el banco de prueba de gobernantes inteligentes y democráticos. Bueno será tomar nota. 

Cualquier asociación sabe más en su campo de actividades que entre todos los políticos  juntos, y tiene la obligación de defender sus propios intereses.  A partir de la organización correspondiente se puede pensar en intervenir con éxito en política o terminaremos descubriendo que   “Una cabra sola, pastando en el monte,   es una cabra perdida, a la que pronto se comerán los lobos” . Por suerte, los políticos se van dando cuenta de que cada vez quedan menos cabras, aunque “haberlas haylas”