La gloria, el cielo

Autor: Alejo Fernández Pérez   

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Se entiende que los mahometanos quieran ir al cielo, allí les esperan una cuantas huríes para su goce y disfrute . No se dice nada de las mujeres, ni se explica el funcionamiento del sexo en seres espirituales. Los católicos lo tenemos más crudo

El Catecismo de la Iglesia católica, nº 2082 nos dice:…” Que estás en el cielo” no significa un lugar, sino la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. El Cielo, la casa del Padre, constituye a verdadera patria hacia donde tendemos y a la que ya pertenecemos. En el punto 954 se lee “…mientras otros (discípulos) están glorificados (están en la gloria) contemplando claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es”. Es decir, la gloria, el cielo  es la contemplación de Dios.

“¿Qué es el cielo? Es el lugar donde los buenos viven con Dios eternamente felices “ nos dice un devocionario muy extendido.

En resumen, el Cielo es básicamente la presencia de Dios en forma clara, "le veremos tal cual El es" (1a. Jn. 3,2).

Dicho así, este cielo no suele ilusionarnos  gran cosa. Quizá se entienda un poco mejor – si es que el cielo puede ser entendido - comparándolo con la felicidad , el “estar en la gloria”  de aquí en la tierra.  Observamos que ya de pequeños nuestro mayor placer es estar cerca de nuestra madre; si caemos enfermos, nuestra madre no vive; cuando puede volver a abrazar a su pequeño sano, a volver a tenerlo junto a sí, esto se convierte en la mayor felicidad, en la gloria. La muerte del hijito es la mayor de las desgracias, un verdadero infierno. Cuando somo jóvenes ninguna felicidad es comparable con la presencia de la novia o del novio, daríamos la vida por ella o él. En el matrimonio no existe mayor desgracia que la muerte de uno de los cónyuges. En ocasiones se llega al suicidio cuando uno de la pareja muere o se aleja. En otros casos, es suficiente la presencia de un buen amigo para sentirnos felices. La posesión de objetos nos hace felices solo y en cuanto podamos referirlo a otros personas; así, hace poco a un pariente le regalaron una hermosísima naranja. No quiso comérsela hasta que encontró a un amigo con quien compartirla. Un buen coche no luce, no satisface hasta que se lo enseñamos a los amigos. En todas las ocasiones es el AMOR, una  relación mutua de amor entre personas lo único que en este mundo puede darnos la verdadera felicidad. Si esto pasa entre las personas ¿ Cómo será esa felicidad, esa gloria, ese cielo cuando se trate del amor de Dios? “