Ladrones de tiempo

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

Así,“Ladrones de Tiempo”,llaman en algunos lugares a los que “habitualmente” pierden su tiempo y se lo hacen perder a los demás con su falta de puntualidad, de organización o previsión. Consideremos algunos casos frecuentes:

En reuniones multitudinarias: mítines políticos, obras de teatro, activida­des religiosas, conferencias culturales, actividades de­portivas, etc. a veces, el “personaje principal” tiene por costumbre, retrasarse cinco minutos, diez o in­cluso media hora o más, haciendo perder el tiempo a docenas o a cientos de personas. Hoy día, cuando cualquier hora de trabajo sale por 2000 ptas (Más de 150 ptas los cinco minutos) es fácil calcular que cualquiera de estos “personajes” está tirando a montones el dinero de los demás, sin que nadie les exija responsabilidades. Algunos, con evidente  falta de sensibili­dad, llegan incluso a considerar los retrasos  como signo de importancia social. O sea, que la reina de Inglaterra, exquisitamente puntual en todos sus actos, debe estar equivocada.

Un grupo de amigos se reúnen a cenar. Como siempre, faltan uno o dos. Esperemos quince minutos por cortesía, se suele decir. ¿Por qué treinta perso­nas tienen que tener cortesía con quien no tiene ninguna con ellos?

Cite a hora fija, no diga: Te espero de 7 a 8 poco más o menos. El tiempo de los otros no es usable como un colchón.

Por otra parte, están  esas esposas o madres que, un día si y otro también, tras preparar la comida con gran  cariño y esmero, ven como su esposo o hijos se retrasan hasta echar a perder el fruto de su trabajo. En ocasio­nes, en estos hogares se pierde algo más valioso que tiempo y dinero, se pierde la alegría y la  felicidad familiar por estos “pequeños detalles”.

Cualquier acto social debe empezar y terminar a su hora, tanto si falta gente como si nó. Muchas personas nos molestamos no porque un acto dure más o menos; sino porque su duración no se corresponde con el tiempo previsto. La gente será puntual, como lo son en  las corridas de toros,  cuando sepan que el acto no se retrasará por que ellos no estén allí.

Resultan un poco chocantes esas citaciones que hablan de “En primera con­vocatoria a las 8...en segunda a las 8:30...”, con la cual, nadie se presenta a las  8.

La responsabilidad de estas conductas recae, no sólo en los que así se com­portan, sino también en en los que pasivamente las toleramos, sin lla­mar­los al orden- dentro de nuestras posibilidades-.En definitiva, Es nuestra obligación ser puntuales, y también, exigir que lo sean los demás.

Robar el tiempo, tiene que ser para los católicos un pecado, y es grave en más de una ocasión. El tiempo no es sólo oro, es también armonía social y fa­miliar, y es sobretodo: ¡vida!. Y nadie tiene derecho a disponer impunemente de la vida de los demás.