Ideologías políticas?

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

En la actualidad es casi imposible establecer una distinción neta entre izquierdas y derechas. Desde la muerte de las ideologías,  que han expirado ante nuestros ojos, las diferencias entre ambas  no consisten más que en algunos matices verbales. Lo esencial, que eran las diferencias económicas, hoy nos vienen marcadas por la Unión Europea. Los franceses decían :”Quien a los 20 años no es de izquierdas es que no tienen corazón; pero el que lo sigue siendo a los cuarenta es que no tiene cabeza”. Hoy exigimos corazón y cabeza.

La derecha suele estar más capacitada para crear riqueza y puestos de trabajo reales , la izquierda sabe repartir esa riqueza mejor. Luego entonces, lo que nos conviene a los curritos de a pie es que se alternen en el poder los partidos que representan a cada ideología.

Lo bueno, en general,  sería que cada dos legislaturas, ocho años, haya cambio de partidos y de gobernantes. No importa que el que esté en el poder lo esté haciendo más o menos bien. Cuando el gobierno de una persona o de un partido se prolonga en el tiempo empiezan a pasar cosas raras. Para empezar, se crea un entramado de intereses políticos, personales, comerciales y de toda índole que inevitablemente conduce a los abusos. Los mismos gobernantes quedan presos en esa red invisible de compromisos. Necesitan separarse un tiempo del poder para recapacitar, desprenderse de personas incapaces y poder volver, si el pueblo se lo pide,  con aires frescos y nuevas ideas.  Además cada gobierno, inevitablemente, tiende a favorecer más a sus afines que a sus rivales . Ahí tenemos al honorable Pujol, que ha convertido a Cataluña en su cortijo particular. Por otra parte,  el cambio da lugar a la aparición de nuevos políticos jóvenes y no contaminados. Los nuevos gobernantes no tienen por qué ser mejores ni peores, lo esencial es que sean diferentes,que continúen las buenas obras  del anterior, y , sobre todo,  que dirijan sus esfuerzos a cubrir los vacíos que dejaron los que les precedieron.

Los partidos democráticos de cualquier nación se rigen por unas normas no escritas .Todos las conocemos , pero nadie se quiere enterar.  Ante las elecciones,una de las máximas de los partidos es  “Vale todo menos perder”. Si consiguen el poder, podemos estar seguros que los intereses del partido estarán casi siempre por encima de los del pueblo. Y, casualmente, los intereses del partido coincidirán con los de algunos de sus jefes. No hay más que ver lo pronto que se ponen todos de acuerdo para subirse los sueldos. Esta es una realidad que hemos de tener presentes para no llevarnos sofocones y evitar que la mala hierba traspase ciertos límites. No hay que preocuparse, desde el sillón de mando todo se explica...después.

Las políticas partidistas, la religión, las sectas, el fútbol y otros crean adición. Enganchan nuestra vida como las drogas, polarizan el pensamiento incapacitándonos para pensar y actuar con libertad. Nos convierten en autómatas. Justificamos todo lo que hacen y negamos la sal y el agua a los rivales. Terminamos, a poco que nos descuidemos, engrosando los rebaños del “beee, beee, beee....” Ya se sabe :“Quien se mueve, no sale en la foto”.

En realidad, necesitamos a la izquierda y a la derecha como necesitamos los dos brazos, el izquierdo y el derecho. Bueno será no despreciar a ninguno y aprender a manejar los dos, cada uno en su momento.

En el terreno de la pertenencia a un partido político, convendría aclarar algunas cosas: En primer lugar, el partido no es un fin, es un medio. El fin es el progreso, el bienestar de los ciudadanos, y el medio el partido que por sus hombres esté mejor preparado para cumplir esa función en el momento oportuno. El tractor es el medio para cultivar el campo, éste, el campo  es el que importa. Hay que cambiar de tractor cuando envejezca o salga otro mejor y más barato. Sería mejor que mirásemos menos a los programas y más, mucho más, a los hombres y mujeres que pretenden realizarlos. El plano, ayuda, pero no levanta la casa.

Tras un mitin, alguien preguntó al orador: ¿Oiga V es de la UCD? . Contestó: “No Señor yo no soy de la UCD, la UCD es mía, que es algo diferente, y sólo mientras defienda los intereses generales de Extremadura, de todos los extremeños”. No es mala gimnasia que nos separemos un poco de las ideas en circulación y empecemos a pensar a la contra, y por nuestra cuenta. En otro momento, con ocasión de enfrentamientos personales en el anterior partido, uno preguntó : ¿Tu de quien eres de A o de B? ¡Pero bueno! , ¿Tu crees que yo soy un paquete de tabaco para ser de uno o de otro?

 Simone Weil, cuyo genio empieza donde acabó el de Pascal, tenía una máxima decisiva: “Hay que estar siempre dispuestos a cambiar de campo con la justicia, esa fugitiva del campo de los vencedores” . La justicia, efectivamente,  termina huyendo de los políticos que se eternizan en el poder

Acostumbramos a decir: “Los políticos mienten siempre” y nos quedamos más anchos que panchos creyéndonos así justificados de nuestros propios fracasos ante ellos. Efectivamente los políticos mienten más de la cuenta, pero casi nunca engañan. Y, mienten porque nosotros les obligamos a mentir con nuestras perentorias exigencias: “Queremos casas nuevas, amplias, baratas, y con vistas al mar, ¡YA! “. “También queremos que desaparezca el paro ¡YA!.” Naturalmente el político ,antes que perder un voto promete, promete y promete ¡YA! lo que todos sabemos que dificilmente puede cumplir, aunque a veces cumplen. Como en la lotería el que juega necesita vivir con esperanzas.

¿Entonces, nos movemos sin ideologías? Pues no señor, tenemos una que consciente o inconscientemente, impregna todas las demás,  las justifica y les da vida. Apareció hace dos mil años, y sigue siendo válida para todos los tiempos, lugares y personas. Se encuentra al alcance de todo el mundo, son “los Evangelios”; pero ¿quién se acuerda hoy de ellos? ¿Quién practica sus enseñanzas? ¿Qué político o cristiano los lee? El resto de las llamadas  ideologías han entrado en el terreno de lo pragmático, y tanto en el campo político como en el sindical  o  personal  todas estas ideologías se reducen a dos: “Menos trabajo, y más paga”. O sea, como siempre.