Creo en Dios, no en la Iglesia

Autor: Alejo Fernández Pérez   

alejo_fp@terra.es

 

“ Creo en Dios, pero no en la Iglesia ni en los curas”. Nos suelta un amiguete. ¡Vale tío, vale!  Uno es libre de creer o no creer, de ser católico o budista, agnóstico o creyente, capitalista o comunista… o del Madrid. Todos nos merecen respeto cuando actúan con honestidad.   Pero, quien dice  creer en Dios, y se llama cristiano, y además es persona  de cierta cultura, no puede quedarse “más ancho que pancho” tras esa parida mental. Además, nos miró por encima del hombro y con  un gesto de paternal benevolencia, sonriente, consideró con esa parrafada, justificada una faceta particular de su vida.  ¿ Qué quiso decir este amigo nuestro? ¿ Sabía lo que decía?   ¿Se trata de una de esas tonterías que todos decimos de vez en cuando?. ¿Se imaginan a este caballero diciendo: Yo creo en el socialismo, pero no en los socialistas.  Más que oponerse a la Iglesia, al P.P., al PSOE o a cualquier otro partido político se oponen a la idea que ellos tienen de estos organizaciones. La realidad tiene muy poco que ver con sus ideas, frutos de prejuicios que pululan en el ambiente y de una escasa formación. No han leído a los Evangelios, ni a Marx, ni a Hengel, ni se han preocupado de leer los escritos del Papa o los programas de los diferentes partidos. Se limitan a “hablar alto y fuerte” de todo lo que no entienden, lo que constituye un insulto mental a cualquier inteligencia.

 La experiencia nos indica que esto que se dice de la institución Iglesia a nadie se le ocurre decirlo sobre cualquier otra institución, por ejemplo:

- A ningún  obrero o empleado se le pasa por la cabeza creer en el trabajo, en su empresa, pero no en el jefe, técnicos, capataces, edificios, oficinas, etc.

- A ningún militar se le ocurre que pueda ir a la guerra sin generales. jefes u ofi­ciales, armas, instrucción, cuarteles,… ni que se pueda desobedecer a los jefes.

- No se puede creer en el fútbol pero no en los futbolistas, directivos, las reglas del juego, entrenado­res  ni en los campos de juego.

- No se puede creer en la enseñanza, pero no en los profesores, ni en la necesidad de escuelas.

Sin embargo, seguiremos  yendo al trabajo aunque no nos gusten los jefes, y a la escuela aunque los profesores no sean buenos, y a la guerra aunque nos desagraden los mandos;  pero, curiosamente, si no nos gustan algunos curas nos vamos de la Iglesia. ¿No será esto una excusa para justificar nuestra forma de vida?. No perdamos el tiempo:  No existen los jefes ni las leyes hechas a gusto de cada uno.

Siguiendo por este camino,  estiman que no hacen falta sacerdotes, templos ni liturgias. A ellos les basta hablar directa­mente con Dios de tu a tu. Cosa que, por supuesto, tam­poco hacen. Creen en Dios y están dispuestos a seguirle, pero a su manera, como a un Dios del que podamos disponer a nuestro antojo.

. La Iglesia es una institución divina, pero está regida por hombres con todas sus virtudes y defectos. Cristo prometió ayuda a su Iglesia hasta el final de los tiempos, pero no aseguró la fidelidad ni la sensatez de sus miembros, a quienes dejó libres de aceptar o no sus mandamientos. Cualquiera que en conciencia se considere cristiano, socialista, comunista, budista, o lo que sea,  cumplirá las leyes correspondientes y obedecerá a sus jefes,  o si no está de acuerdo, se larga o le largarán con su música a otra parte.

Para los católicos – que es para quienes escribimos en esta ocasión-  lo que es o deba ser la Iglesia y nuestras relaciones con Dios, solo se rigen por las palabras de Cristo en sus Evangelios, en  los Hechos y Epístolas de los apóstoles y en la  tradición cristiana contrastada históricamente. En la Religión, como en la mili, en la enseñanza o en el trabajo nadie puede ir por libre.  Del Evangelio de San Mateo entresacamos un párrafo esclarecedor:

En cierta  ocasión ,  Jesús responde: “ Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra “edificaré yo mi Iglesia”, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”.

Este texto es de suma importancia dogmática, pues en el se basa la superioridad jerárquica de la Iglesia y su constitución monárquica Queda muy claro, que Jesús funda “su” Iglesia sobre Pedro, y que otorga a Pedro autoridad para legislar y gobernar sobre la tierra. Por tanto, querido amigo, las palabras de Jesús se creen o no; pero si se creen, como decíamos en el ejército: "Punto en boca y cartucho al cañón".