Padre Marcelo Rivas Sánchez
Dime que te cuento y te diré que aprendes
Una ley nueva: El amor
Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe,
esperanza y caridad, y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus
preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo…
Érase una vez un escultor a quien un obispo le había encargado
una estatua para la catedral. Cuando llegó el día de entregarla, el escultor se
sentía mal, no estaba satisfecho de su trabajo y no le gustaba su estatua.
Llamó a su ayudante para que le ayudara a transportarla y le dijo: ya tenía
ganas de quitarme de encima este muerto. Su ayudante de mal humor miró
para otro lado. Entonces el escultor recordó las veces que le había
maltratado e insultado durante el trabajo. Éste le pidió perdón y el viaje hasta
la catedral se hizo más agradable. En el camino se encontró con su mujer
que le miró con desprecio y no quería viajar con ellos. Pero el escultor, con
humildad, le pidió perdón y ella con una sonrisa se lo dio y se sentó junto a
su marido. Más adelante se encontró con el cantero que le había vendido la
piedra para hacer la estatua. El cantero le miró con ira porque no le había
pagado a pesar de sus promesas. El escultor se disculpó una vez más y
pagó su deuda y viajó con ellos a la catedral. Cuando llegaron a la catedral,
la mujer del escultor invitó al obispo para que viera la estatua mientras el
escultor, su ayudante y el cantero la descargaban. Cuando la descubrieron
todos se maravillaron de su extraordinaria belleza. El más sorprendido fue el
escultor y es que cada vez que pedía perdón y se reconciliaba la estatua se
hacía más hermosa.
La ley del amor se centra en la misericordia de Dios para con todos y
así quiere Dios que nos tratemos y nos comportemos unos para con otros. Y
esto se debe a que en el Eclesiástico 15,16-21 Dios no mando al hombre a
pecar. Más bien le introduce en el mundo para que sea feliz viendo a los
demás felices. Por eso el Salmo 118 nos repite sin cansarse: “Dichoso quien
camina en el Señor”
Ninguno puede culpar a Dios de nuestras malas decisiones, de los
pecados que cometemos. Si quieres puedes guardar los mandamientos;
actuar con fidelidad es cuestión de tu propia elección. No podemos culpar a
Dios. Dios coloca delante de nosotros vida y muerte, nosotros tendremos
que elegir. Elegir la muerte significa elegir la idolatría en sus mil formas,
adorar las criaturas. Somos muchos los que elegimos sendas equivocadas,
contrarias al amor y por eso andamos en el desastre. Traiciones,
vagabunderías, mentiras, robos…
Hoy Jesús nos habla y lo hace a lo más profundo del corazón. Allí
donde solamente los abe Dios y nuestra conciencia. Habla del interior de
donde sale todo lo malo o todo lo bueno. Quiere entrar en nosotros y cortar
de raíz la actividad inmoral, liberarnos del pecado interior para eliminar el
pecado exterior. San pablo que había sido derrotado por el maligno y estaba
cumpliendo sus órdenes sabe caer del caballo, cerró sus ojos y los abrió a la
vida en 1era de Corintios 2,6-10 bellamente escribe: “Dios predestinó la
sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria”
Dios rompe con la ley antigua para ir a algo más profundo. No es el
pecado por el pecado, sino que lo consintamos, lo alimentemos y lo
hagamos. Todos tenemos tentaciones. De ellas nadie se podrá librar tan
fácilmente. “Se dijo a los antiguos: no cometerás adulterio, pero yo les
digo…” (Mateo 5,17-37) es la forma desordenada, grosera y sustentada que
critica y no quiere Dios. Nosotros no somos personas ordinarias. Somos
personas iluminadas por Cristo y siempre fortalecidas con su gracia. Ese
mirar con vulgaridad está muy lejos del mirar con amor. Si elegimos la vida,
elegimos a Cristo. Si elegimos el amor, elegimos vivir por siempre. Por eso
la vida hay que llenarla de ese amor que le da sabor, la hace crecer y la lleva
al mejor lugar “junto a Dios”
Permítanme hablar un momento de los divorciados vueltos a casar.
Diálogo inspirado en las palabras del Papa Benedicto XVI. Todos sabemos
que este es un problema particularmente doloroso para las personas que
viven en situaciones en las que son excluidas de la comunión eucarística.
Aunque no puedan recibir la comunión sacramental no están excluidos del
amor de la Iglesia y del amor de Cristo. Claro habrá que recordar y nunca
olvidar que una Eucaristía sin la comunión sacramental inmediata
ciertamente no es completa, falta algo esencial. Por una parte, pues, están el
bien de la comunidad y el bien del sacramento que tenemos que respetar, y
por la otra el sufrimiento de las personas a las que tenemos que ayudar.
En esta ley tan preciosa la del amor cabemos todos y todos estamos
llamados a vivir en el amor. Nadie tiene derecho a dañar el amor “Dios no
deja impune a los mentirosos” Eclesiástico (15, 21) Pues Dios ver todos y
todo está en Él. Por eso es dichoso quien con vida intachable camina en el
Señor (Salmo 118) Necesitando de Dios para que nos vaya mostrando los
verdaderos caminos de ese a mor al cual estamos tan distante.
Todos los días hay que pedirle a Dios: Señor auméntanos la fe” ya que
la fe hay que pedirla y cuidarla. Como se cuida un órgano de nuestro cuerpo.
“El que no cuida a pedir se queda” Pedirle a Dios esa sabiduría divina,
misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para
nuestra gloria. Que es la capacidad de meter el amor en todo para sacar
amor.
mrivassnchez@gmail.com