ADQUIRIR Y NO USAR (2)
Padre Pedrojosé Ynaraja
Me refería la semana pasada a poseer bienes sin sacar
provecho de ello, que visto con criterios cristianos ya inicialmente, es
situación injusta. Recuérdese la parábola de los talentos (Mt 25, 15 ss.) o la
equivalente de las minas (Lc 19, 13 ss.).
Olvidando por un momento esos criterios, tal realidad
presenta también problemas de espacio y medioambientales, a los que se trata de
encontrar solución, cada día con mayor ahínco. Trataba el tema una película
antigua, que con mucha gracia ironizaba sobre el conflicto y sus soluciones. Se
titulaba originalmente “Il mundo cane”
y se presentó en español como “este perro mundo”. Uno de sus episodios
presentaba en primer lugar la acumulación de multitud de coches de primerísimas
marcas, después su aplastamiento con maquinaria de gran potencia, reducción a
pequeños volúmenes y conducción posterior a hornos de fundición. Pensaba uno en
el coste del proceso y la gran pérdida de materiales imposibles de librarse del
crisol y ser aprovechables.
Por mi entorno he conocido el almacenaje en espacios al aire
libre de coches imposibles de reparar por su general desgaste. Generalmente se
les llamaba cementerios de coches. De allí salían, más o menos desmontados y
clasificados sus partes para un procesado selectivo. Actualmente la empresa que
recibe el coche apto únicamente para el desguace desmonta el vehículo y
clasifica todo aquello que es perfectamente aprovechable. Piezas en perfecto
estado, de modelos que no se fabrican, neumáticos nuevos de coches que han
sufrido accidentes que destrozaron plancha y motores, etc. Es una buena
solución a la que denominamos reciclaje. Problema semejante es el de diseño y
proyecto de departamentos de I+D, que va más rápidos que el consumo. Surgen
ahora en diferentes campos, pero más frecuente en el de los textiles, los
establecimientos llamados outlets, de los que muchos se
aprovechan. Son soluciones colectivas. Parches nuevos a situaciones malas. Pero
algo se ha ganado.
Ahora bien, hay productos que no permiten tales soluciones y
de un modo particular o individual, muchas personas, entre las cuales me
encuentro, recibimos y conservamos, objetos o aparatos que pueden ser útiles a
uno mismo o a los demás, en situaciones probables, pero imprevisibles. Como tal
proceder no beneficia a nuestro injusto mundo capitalista, con facilidad se
desacredita a la persona de tal actuar, tachándola de “síndrome de Diógenes”. (continuaré)