Yo no soy pederasta, pero...
Padre Pedrojosé
Ynaraja
Cuando acabé
el bachillerato, yo que había mantenido la imagen de que mi futuro lo imaginaba
en el terreno de la química, hube de confiar a la familia y a los amigos, que
mi propósito era entrar en el seminario. En nuestro curso éramos 19 alumnos, dos
de los cuales escogimos el sacerdocio, más tarde otro. En una pequeña población
y entre el núcleo de jóvenes con inquietudes, esta decisión sorprendió de tal
manera, que dos compañeros se sintieron inclinados a seguir nuestros mismos
ideales. Uno murió pronto en accidente de montaña, el otro no llegó a
incorporarse. El sacerdote era admirado. He referido a estos recuerdos para
compararlos con la realidad actual. En el seminario éramos 360, hoy sólo uno.
Los medios
han aireado la pederastia clerical, después la falta de cautela por parte de la
superioridad. Se ha acusado, y en algún caso condenado, a algunos obispos por
encubridores. La reacción ha sido declarar solemnemente que al menor
conocimiento delictivo en esta materia, se denunciaría a la justicia civil.
Evidentemente, en tal situación, el sacerdote en ejercicio se sentirá vigilado
y considerado sospechoso. Desagradable realidad.
En la noche
de Pascua, en Sri Lanka, el asesinato de más de 200 fieles y centenares de
heridos ha suscitado general indignación. El arzobispo, ha condenado estos
actos y ha solicitado al gobierno una investigación rigurosa e imparcial, para
averiguar quién es el responsable, exigiendo que a los causantes se les juzgara
y condenara sin piedad. Es lo más fácil.
Pocos minutos
antes, se les había preguntado a los chicos de la catequesis si estaban
dispuestos a morir por Jesucristo, respondieron levantado la mano. Bajaron a la
iglesia y muchos de ellos murieron, mientras celebraban la Resurrección del
Señor.
Poco se ha
hablado de su gesto heroico. Nuestros chiquillos se acobardarían. Mejor
limitarse a condenar sin piedad, aunque nuestra Fe no les entusiasme y prefieran
ellos y sus pedagogos, la mediocridad reinante entre nosotros.