Una verdad que ilumina y salva

P. Fernando Pascual

20-1-2019

 

La verdad tiene una fuerza maravillosa. Vence errores, supera engaños, denuncia mentiras, abre perspectivas de esperanza, guía hacia decisiones buenas.

 

Los hombres y las mujeres de todos los tiempos anhelamos acercarnos a la verdad. No siempre es fácil, porque lo falso circula y se consolida con rapidez inusitada. Pero siempre es un alivio dejar lo falso y acercarse a lo verdadero.

 

Por eso, cuando encontramos una verdad que ilumina y que salva, el corazón llega a un puerto desde el que tomamos fuerzas para reemprender el camino de cada día.

 

Esa verdad radica en Aquel profeta venido de Galilea, Hijo del Padre e Hijo de María, bondadoso con los niños y amigo de publicanos, prostitutas y pecadores.

 

Su palabra fue firme. Sus enseñanzas, consoladores. Sus gestos, magníficos. Sus milagros, capaces de vencer males incurables y durezas en las almas.

 

En Jesucristo encontramos todo lo que anhela el ser humano, como recordaba, en un texto magnífico y siempre actual, el santo obispo de Milán, Ambrosio.

 

"Cristo lo es todo para nosotros. Si quieres curar una herida, Él es el médico; si estás ardiendo de fiebre, Él es la fuente; si estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo a la muerte, Él es la vida; si deseas el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz" (San Ambrosio, "De virginitate" 16, 99).

 

Frente a injusticias que agobian, frente a mentiras que paralizan, frente a poderes mundanos que buscan amordazar a quienes se opongan a manipulaciones y antiderechos, como el aborto o la eutanasia, la verdad ayuda a vencer falsedades y sofistas de todo tipo.

 

Hoy, como siempre, anhelamos esa verdad. En ella nuestras mentes ven con claridad meridiana. En ella nuestros corazones reciben fuerzas para luchar contra el mal. En ella nuestras heridas encuentran un Salvador.

 

Solo Jesús ofrece el perdón de los pecados, enseña una doctrina verdadera, se ofrece como el camino hacia la vida eterna. Solo Jesús permite que hasta los ciegos recuperen la vista y que los ignorantes atisben horizontes magníficos de verdad, belleza y justicia.