Naipes (y Biblia): el ciprés-2
Padre Pedrojosé Ynaraja
Continuaré esta especie
de reportaje, consecuencia de un juego de baraja que me regalaron dada mi
afición-vocación por todo lo bíblico y mi memoria personal, amén de fotografías
que le añadan veracidad y variedad.
En mi infancia no
profesaba ninguna simpatía por nuestro árbol. Me decían que era el de los
cementerios y a nadie le atraen estos parajes. Claro que en los jardines de la
estación de Burgos, donde en mi infancia yo jugaba, se levantaban lo que yo
creía eran enormes pinos, que pensándolo bien yo ahora, debo reconocer que eran
cupresáceas no sé de qué familia, pero su tronco y ramaje era tan espeso y
largo, el diámetro de su tocón lo mismo, que no me evocaba a los contemplados
en los camposantos.
LA SOMBRA DE LOS
CIPRESES
Los cipreses, ubicados
en lugares que uno no visita diariamente, los tenía aparcados en mi memoria sin
preocuparme de ellos. Confieso que estando en el seminario tuve noticia de una
novela de Miguel Delibes que había sido premiada y se titulaba “La sombra del
ciprés es alargada”. Acertado el enunciado, suscitaba de inmediato el deseo de
leerlo y tornaba atractivo el árbol. (En aquellos tiempos uno no tenía dinero
para comprarse los libros que deseaba, muy al contrario de hoy, que no dispone
uno del tiempo suficiente para leer todo lo que se le ofrece sin suponer ningún
gasto).
HOSPITALIDAD
Tengo otro motivo para
sentir simpatía por el ciprés. Según me cuentan, en Cataluña, antiguamente,
frente a las masías, o por el camino que a ellas conducía, había tantos
cipreses como lechos estaban a disposición del peregrino o viajero necesitado.
Eran, pues, signo de hospitalidad, excelente virtud hoy tan olvidada.
Advierto desde el
principio que se trata de una familia de entre las coníferas que presenta
variados tipos. Frente a mi casa tengo dos de semejante talla, que se ven desde
la lejanía. Y uno más de menor tamaño y de ramaje semejante al de un plumero.
Me salió este último sin yo haberlo plantado y lo quiero mucho, porque no tenía
ni un palmo de altura al llegar yo y acompaña ahora mi vejez.
EN EL SINAÍ
Por otro ejemplar de
tierras lejanas sentía gran apego. Se levantaba en el Sinaí, en el llano donde
según la tradición se refugió Elías y allí Dios se le Reveló como una suave
brisa, preciosa imagen simbólica. Viajeros posteriores a mi última visita al
lugar me han dicho que ya murió. Es una lástima, de su tronco brotaban ramas,
no uniformes, pues tenía un tramo desplumado y a gran altura continuaba en un
último penacho. Nadie lo olvidaba. El llano permitía un placentero descanso y
hasta la celebración de la misa al bajar de la cima del Gbel
Mussa.
La denominación
científica de nuestro protagonista es “cupressus sempervirens”. Es vegetal típicamente mediterráneo,
adaptado perfectamente a su clima, si bien en la actualidad, crece, en sus
diversas variedades, por todo el mundo. En la Biblia es mencionado 19 veces. Es
capaz de vivir mil años y su altura llegar hasta los 36 metros.
TRONCO RECTO
La gran rectitud del
tronco y su longitud lo harían muy apto para la fabricación de vigas, pero otra
es su utilidad más singular, su idónea capacidad de recubrir lujosos interiores
de viviendas. Esta madera, que es apenas resinosa, exhala un suave perfume que
torna acogedora cualquier estancia. Este mismo aroma debe ser el que aleja,
según dicen, a los insectos. Antiguamente, los muebles de las sacristías, los
amplios cajones que debían alojar ricos ornamentos litúrgicos, se hacían de la
madera de este árbol.
Si es agradable al
tacto, de suave perfume como ya he dicho y de recia textura, tiene el
inconveniente de sus muchos nudos, que no permiten la utilización en pequeña
ebanistería. Hoy en día, para mesas o armarios, puertas o sillas, se prefieren
maderas africanas de grandes superficies exentas de nudos, o paneles de
conglomerados. Cuando escribo esto estoy recordando los años que pasé
trabajando en una carpintería. Precioso oficio.
Las flores del ciprés
aparecen por separado las masculinas de las femeninas. Las primeras, el polen
se desprende en febrero o marzo. Cubre las ramas de tal forma, que parece que
el árbol está secándose. Las femeninas no parecen flores, semejan caracolitos
verdes, que pronto se tornan marrones, convertidas ya en piñas, donde se
albergan las semillas.
TEXTOS BIBLICOS
Ofrezco textos bíblicos.
Dado que unos cuantos son simples referencias a las importaciones de esta
madera que al rey Hiran del Líbano se le encargaron
para el Templo de Salomón, los omito.
Cant 1,17 Las vigas de nuestra casa son de cedro nuestros
artesonados, de ciprés.
Is. 41,19 Pondré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y
olivares. Pondré en la estepa el enebro, el olmo y el ciprés a una, de modo que
todos vean y sepan, adviertan y consideren que la mano de Yahveh ha hecho eso,
el Santo de Israel lo ha creado.
Is 55,13 En lugar del espino crecerá el ciprés, en lugar de la
ortiga crecerá el mirto. Será para renombre de Yahveh, para señal eterna que no
será borrada.
Is 60,13 La gloria del Líbano vendrá a ti, el ciprés, el olmo y
el boj a una, a embellecer mi Lugar Santo y honrar el lugar donde mis pies
reposan.
Os 14,9 La gloria del
Líbano vendrá a ti, el ciprés, el olmo y el boj a una, a embellecer mi Lugar
Santo y honrar el lugar donde mis pies reposan.
Eclo 24,13 Como cedro me he elevado en el Líbano, como ciprés en
el monte del Hermón.
Eclo 50, 10 Como olivo floreciente de frutos, como ciprés que se
eleva hasta las nubes.
Zac 11, 2. Gime, ciprés, porque ha caído el cedro, porque los
majestuosos han sido arrasados. Gemid, encinas de Basán,
porque ha sido abatida la selva impenetrable.
2 Re 19, 23 Por tus
mensajeros insultas a Adonay y dices: Con mis muchos carros subo a las cumbres
de los montes a las laderas del Líbano, derribo la altura de sus cedros, la
flor de sus cipreses, alcanzo el postrer de sus refugios, su jardín del bosque.
Ez 31, 8 No le igualaban los demás cedros en el jardín de Dios, los
cipreses no podían competir con su ramaje, los plátanos no tenían ramas como
las suyas. Ningún árbol, en el jardín de Dios, le igualaba en belleza.
Is 14, 8. Hasta los cipreses se alegran por ti, los cedros del
Líbano: Desde que tú has caído en paz, no sube el talador a nosotros.
Is 37, 24 Por tus siervos insultas a Adonay y dices: "Con
mis muchos carros subo a las cumbres de los montes, a las laderas del Líbano,
derribo la altura de sus cedros, la flor de sus cipreses,
Acompañan al texto
diversas fotografías. Algunas de naipes, evidentemente, dado el título, otras
son fotos sacadas en mi casa. Junto a ella tengo la iglesita de diminuto
campanario de espadaña, una vieja parra centenaria y una higuera, amén de los
cipreses. (Parra e higuera son promesas símbolos de prosperidad bíblica,
cipreses de todo lo que he venido explicando y mucho más) Atrévase cada uno a
llamar flor a los botones con puntas de color verde, de acuerdo con el texto.
Acabo. Los cipreses de
mi casa, como todos los cipreses, tienen la esbeltez del mejor gótico
centroeuropeo.