ENGAGEMENT (2)
Padre
Pedrojosé Ynaraja
Ignorar que el Cristianismo es
compromiso implica peligros. Hablar de ello es ser consecuente con nuestra Fe.
Creemos en un Dios comprometido en Cristo. Esa es su mayor singularidad,
ausente en otras actitudes religiosas.
No podemos prescindir del compromiso,
como nuestra alimentación no puede prescindir del agua. Vivir escogiendo a la
carta, obrar de acuerdo con los gustos del momento, es tendencia muy extendida.
Algo semejante quieren algunos que ocurra en su vida
espiritual.
Vuelvo al principio. Hecho hombre,
Dios, no dejó de acompañarnos comprometido. No escogieron los discípulos los
momentos propicios para reclamar su ayuda. No dictó normas de acuerdo con las
circunstancias. Escogió y compartió con ellos el encargo del Padre. No serían
siervos sino amigos. Amigos que nunca abandonaría pese a que pudieran
abandonarle a Él. Estaba y está siempre a punto para ayudarnos.
Uno de los terrenos en los que
comprometerse es esencial es en el estado matrimonial. El estado matrimonial
vivido cristianamente. Se entera uno, escucha decir, que una pareja se casa
porque se ama, hasta que quieren tener hijos, porque les gustan los niños a
ambos. Acuden a las oficinas correspondientes, firman papeles, nadie les pone
dificultades, tal vez incluso asistan a cursillos.
Llega la boda. Pasan los años, tal vez
muchos años y se entera uno de que se separan. Llevan demasiados años juntos,
los hijos ya no los necesitan. Cada uno tiene medios suficientes para vivir por
su cuenta. Empiezan a estar hartos uno del otro. ¿Para qué amargarse la
existencia?
Se cambia de pareja, como se puede
cambiar de coche. Se dice a veces para justificar el cambio de vehículo que ya
tenía muchos años. Que deseaba uno de la misma marca, pero modelo actual, con
la última tecnología que ahora se ofrece. Si puede, si tiene dinero para
adquirirlo ¿Quién va a oponerse al cambio? No voy a describir paralelismos que
cada lector avispado puede hacérselos él mismo.
El sacramento del matrimonio es un
proyecto de vida cristiana que siempre es actualidad. La Gracia está siempre
vivita y coleando. El amor mutuo, el atractivo corporal y espiritual, el deseo
de perpetuarse en la descendencia, varían sus matices, pero continúa. Como
ocurre con los programas de PC, es preciso actualizarlo, pero resiste. La
fecundidad será gestación primero, nacimiento después, educación más tarde.
Llega un día en que el proyecto matrimonial de amor se ensancha, la fecundidad
se extiende fuera. Se ama con más amplios horizontes. La unión, pese a ser la
misma, se goza de otra manera. Todo ello comprometidos cristianamente y sin que
el viaje por la vida y juntos, canse o
aburra.
En toda excursión larga,
indefectiblemente, ocurren estas dos cosas. En algún momento se pierde uno. En
alguna ocasión aparece la disputa y cierto enfado.
El matrimonio cristiano es para
cristianos, que se valen de la Gracia para vivir según sus normas, que les procura
felicidad inmensa, sin privarles de dificultades que van apareciendo por el
camino de la vida, son obstáculos puestos para ser superados. Con la Gracia de
Dios.